¿El mundo de Joe Biden incluye a América Latina? – Por Genaro Lozano, especial para NODAL

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Genaro Lozano, especial para NODAL *

Cada cuatro años se decide el rumbo inmediato del mundo. La elección presidencial de Estados Unidos es definitoria de muchos de los temas de la diplomacia global, hemisférica y bilateral. Tal es el caso este 2020. Tras su asalto a la Casa Blanca, en 2017, Donald Trump cambió radicalmente la política multilateral impulsada por Barack Obama y dio marcha atrás a muchos compromisos diplomáticos: sacó a su país de la UNESCO, del Acuerdo de París y ahora amenaza con sacarlo de la Organización Mundial de la Salud. Por ello, el demócrata Joe Biden promete un regreso de Estados Unidos al mundo, pero en su visión global no hay mucho sobre América Latina.

Similitudes con el pasado

Algo similar ocurrió en el 2000. El polémico triunfo electoral de George W. Bush significó un giro radical en política exterior. Bush se veía como un presidente hemisférico. Su prioridad era avanzar el libre comercio en el Continente, tal y como había querido su padre a través del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que nunca cuajó, pero especialmente mantener una dinámica relación con México. Sin embargo, los atentados del 11 de septiembre del 2001 cambiaron radicalmente la misión y la visión global de Bush y con ello el Gran Medio Oriente y el combate al terrorismo internacional se volvieron la prioridad. La política exterior se securitizó, al igual que la migratoria.

El énfasis en el combate al terrorismo dañó la imagen internacional de Estados Unidos. Por ello, al llegar Obama, la prioridad de su Secretaria de Estado, Hillary Clinton, fue la de reparar el daño en la imagen al empujar una fuerte política de diplomacia pública. Al término de la presidencia de Obama, la imagen de Estados Unidos se recuperó, de acuerdo con las mediciones del Pew Research Center, y esto a pesar de que el presidente demócrata no logró conseguir un mundo sin armas nucleares, razón por la que ganó el Nobel de la Paz, deportó a más migrantes que su predecesor y no consiguió pacificar el Medio Oriente.

En la elección del 2016, el péndulo volvió a moverse. Al igual que Bush jr., Donald Trump dinamitó la política diplomática de su predecesor demócrata. A diferencia de Bush, a quien Al Qaeda le obligó a cambiar prioridades, Trump prometió desde la campaña abrazar el impulso aislacionista y unilateral que persiste en la tradición conservadora de ese país. Su lema de America First, incluyó el recorte a fondos globales para apoyar derechos sexuales y derechos reproductivos de mujeres, salirse del acuerdo de cambio climático de la ONU, salirse de la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra, romper las negociaciones del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) criticar a los aliados estadounidenses en la OTAN por no contribuir en la misma magnitud que los estadounidenses, minimizar la política cultural de la ONU, entre otros. Todo ello ha repercutido negativamente en la imagen global de Estados Unidos y en la confianza en el presidente Trump a nivel internacional. De acuerdo con el Pew Research Center, en 2020 53% de los 24 países encuestados tienen una imagen favorable de Estados Unidos y sólo un 31% confía en el presidente Trump. [1]

A diferencia de Trump, el demócrata Joe Biden sí tiene experiencia en temas internacionales. Biden estuvo en el Senado casi 37 años y ahí presidió el poderoso Comité de Asuntos Exteriores y participaba en otro sobre la OTAN. Después del Senado, en los 8 años que fue Vicepresidente, Obama le encargó a Biden algunos asuntos internacionales y viajó por el mundo representando al presidente Obama y a su país. Por ello, de convertirse en Presidente, una de las primeras prioridades de Biden será recomponer las alianzas de Estados Unidos con sus aliados tradicionales y regresar a los foros multilaterales.

Prioridades globales de Biden

En el número de la primavera del 2020 de la revista Foreign Affairs, Biden publica un ensayo largo en el que da su visión del mundo y de sus prioridades y en efecto ahí reconoce el daño en la imagen global estadounidense durante el mandato de Trump y esboza una estrategia para que su país retome vuelva a liderar[2]. En otras palabras, Biden adelanta que su administración retomaría la pulsión multilateral y legalista que también corre en la tradición diplomática estadounidense y que es propia de los grupos más liberales.

Para Biden la prioridad son las relaciones trasatlánticas. Recomponer las alianzas de su país con el Reino Unido, Francia y Alemania, los titanes europeos, y especialmente con Angela Merkel y Emmanuel Macron, líderes con los que Biden comparte afinidafes de agenda global. Con Biden en la presidencia, seguramente veríamos el pronto regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París, al Consejo de Derechos Humanos de Ginebra, a la UNESCO y muy posiblemente una Cumbre de la OTAN para relanzar y reparar esta relación que Trump dañó. Biden impulsaría también el diálogo para resolver la emergencia humanitaria por la migración del Norte de África y del Medio Oriente a Europa, pero principalmente veríamos a Estados Unidos liderando la respuesta global a la pandemia de la COVID19, tema por el cual el mundo entero desconfía hoy de Estados Unidos y de su presidente.

¿Y Latinoamérica?

Respecto a América Latina, no hay mucha claridad sobre cuál sería en específico la política impulsada por Biden. Para ello, toca revisar los dos debates presidenciales, la plataforma demócrata para esta elección y un par de ensayos publicados por el candidato y algunos de sus asesores. En efecto, en un ensayo publicado pro Biden en la revista Foreign Affairs, el demócrata critica al gobierno de Trump por su manejo de la crisis venezolana y presume su apoyo al desarrollo económico de Centroamérica. Estos dos puntos formarían parte de sus prioridades en América Latina. Biden promete un plan de apoyo para el desarrollo centroamericano por más de 4 mil millones de dólares, y en este tema tiene un aliado en el gobierno del mexicano Andrés Manuel López Obrador. El Canciller Marcelo Ebrard ha impulsado un agenda de desarrollo económico para Centroamérica y por ello habría coincidencias entre ambos países en este tema. Sin embargo, Biden tiene una postura diferente respecto a Venezuela que Trump y en esto podría haber confrontación diplomática con países como México y Argentina.

Trump utiliza la bravocunería para amenazar a Nicolás Maduro con una intervención militar, pero en los hechos no ha cumplido y su estrategia de apoyar a la oposición venezolana no ha servido. Biden sí quiere hacer de la crisis de Venezuela una prioridad de su política hemisférica y seguramente presionará a los gobiernos latinoamericanos a endurecer sanciones y cortar diálogo con el gobierno de Maduro. En países como Bolivia, con el regreso del MAS al poder, Argentina con Alberto Fernández y con el México de AMLO esta presión será una de las constantes de tensión en la relación durante los próximos años.

Finalmente, Biden retomaría el camino que emprendió Obama con Cuba y que Trump revirtió para cortejar al votante hispano y anticastrista de Florida. Biden reestablecería los permisos de viajes a estadounidenses a la isla, así como el personal de la misión diplomática en La Habana y hasta en el tema de los negocios con la isla podría sufrir cambios. La política de décadas del aislamiento y bloqueo a Cuba no le funcionó a la diplomacia estadounidense y Obama ya había avanzado en una normalización de esa relación bilateral.

En resumen, para América Latina una presidencia de Biden regresaría a los temas de los 8 años de Obama, pero solo después de que el demócrata hubiese conseguido sus objetivos diplomáticos con Europa y Asia. Lamentablemente, Latinoamérica sigue siendo vista como el patio trasero de Estados Unidos en muchos sentidos y en temas como política de drogas, que le pegan principalmente a México, Centroamérica y a los países andinos, no habría grandes cambios. En temas de comercio, Biden continuaría negociando acuerdos de libre comercio con países de la región, ya que ve con buenos ojos el avance de la Alianza del Pacífico o el mismo Mercosur[3].

No descartemos que Biden reviva mecanismos como la Cumbre de las Américas y que inyecte mucho de su capital político a revivir también a  la Organización de los Estados Americanos (OEA) con temas como democracia y combate a la corrupción. Con ello, el demócrata  podría darle un poco más de atención a Latinoamérica, pero no nos confundamos: el mundo de Biden es europeo y asiático y sus priodidades en el Continente están más en América del Norte que en el resto del continente.

NOTAS

[1] Para ver a detalle la medición del Pew Research sobre la imagen de EU en el mundo y la confianza en el presidente Trump: https://www.pewresearch.org/fact-tank/2020/01/08/how-people-around-the-world-see-the-u-s-and-donald-trump-in-10-charts/

[2] El ensayo puede consultarse aquí: https://www.foreignaffairs.com/articles/united-states/2020-01-23/why-america-must-lead-again

[3] Para leer más sobre la visión de Biden en este sentido leer el ensayo de Juan S. González en Americas Quarterly y que se puede consultar en esta liga: https://americasquarterly.org/article/joe-biden-y-el-futuro-de-las-americas/

*Profesor en la Universidad Iberoamericana, integrante del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y columnista del diario Reforma.


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