El país más damnificado – La Prensa, Nicaragua

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Damnificado es algo o alguien que ha sufrido un grave daño colectivo. Este es el caso de Nicaragua, que ha soportado en solo dos semanas el ataque de dos poderosos huracanes, que también han causado estragos en todos los países centroamericanos, sobre todo del norte. Pero Nicaragua es el país que está cuatro veces damnificado. Primero por los desastres naturales, segundo por la pandemia del Covid-19, tercero por la crisis socioeconómica y política, y cuarto por la terrible dictadura.

Los dictadores Ortega y Murillo manipulan los hechos y deforman la realidad, inclusive cuando se trata de fenómenos naturales como los huracanes, que los manipulan para adecuarlos a su visión del mundo y sus fines políticos.

Ortega culpa a otros países por los estragos de los huracanes y exige que lo indemnicen por ellos. Los acusa de deteriorar el ambiente natural por impulsar el desarrollo para obtener beneficios económicos. Eso lo dice un gobernante que permite e inclusive alienta la depredación forestal, y la destrucción de las reservas naturales que supuestamente son protegidas, para beneficio propio y de los empresarios corruptos que lo rodean y apoyan. De la misma manera que permite y alienta la invasión de colonos a las tierras de los indígenas que son despojados de su patrimonio, de su modo de sobrevivencia y hasta de sus mismas vidas.

En circunstancias de emergencia cualquier gobernante y sensato apela a la ayuda de la comunidad internacional y debe dar muestra de un manejo eficiente y transparente de los recursos que recibe. Pero también debe promover y aprovechar las iniciativas, energías y recursos de la sociedad para reforzar la asistencia a las personas directamente afectadas por los desastres naturales. Sin embargo, la dictadura de Ortega impide y reprime las acciones de solidaridad de la sociedad civil, de las organizaciones empresariales, de los movimientos de oposición e inclusive de la Iglesia católica. De manera irracional se niega a reconocer la existencia y la importancia de esos sectores porque quiere centralizar absolutamente todo lo que es de interés público y social. Como en las dictaduras fascistas, solo se permite lo que está dentro de la revolución y se le somete, fuera de ella nada.

Precisamente esa es la principal damnificación de Nicaragua, la existencia de la dictadura totalitaria, la demolición de las instituciones, la corrupción integral, la suspensión de hecho de las garantías constitucionales y la prohibición de los derechos humanos de los nicaragüenses.

Como han dicho las organizaciones de los nicaragüenses en el exilio y la diáspora en un comunicado conjunto ante la situación de emergencia provocada por los huracanes, “la principal vulnerabilidad (de Nicaragua) además de la extrema pobreza, es la ausencia de una institucionalidad que asegure los derechos humanos y el reparto equitativo en el acceso al bienestar”.

Ciertamente, la mejor asistencia que se podría dar a todos los nicaragüenses sería poner fin a la dictadura, abrir el camino a una forma de vida en libertad, democracia, equidad social y transparencia gubernamental. O sea, todo lo contrario de lo que representa y es la dictadura de Daniel Ortega.

La Prensa


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