La columna de Pedro Brieger | El legado de Trump para América Latina

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El legado de Trump para América Latina

Por Pedro Brieger, director de NODAL

El acceso al poder de Donald Trump en 2016 todavía es muy reciente como para saber qué impacto tendrá en algunas formaciones políticas que se identifican con varios de sus postulados o en gobernantes como Jair Bolsonaro, uno de los pocos en la región que manifiesta su afinidad con Trump.  Incluso para gran parte de la derecha latinoamericana este presidente de los Estados Unidos es demasiado agresivo, racista y torpe como para identificarse con él.

En 1933 Wilhelm Reich analizó al fascismo a través de la lupa de la sicología de masas. Casi cien años después algunos de sus pensamientos pareciera que se adaptan a la era actual cuando se trata de analizar el nacionalismo de Trump y los mecanismos subjetivos que apelan al inconsciente y los sentimientos irracionales que afloran, lo que de manera superficial suele ser definido como “populismo”.  Esta “sicología de masas” hoy se ha transformado en el “marketing” de la política que permite llevar adelante campañas electorales y llegar al corazón de millones de personas apelando a lo mismo que planteaba Reich a comienzos del siglo pasado: la actitud emocional de las masas.  En este sentido Trump y Bolsonaro parecen conocer mejor que nadie la forma de llegar a la emocionalidad y los temores a las personas diferentes, sea por sus orígenes o por motivos ideológicos.

Si en América Latina se suele elogiar la democracia estadounidense, Trump no aparece como un gran referente, aunque no fue él quien diseñó el sistema electoral de su país. Lo heredó de los dos grandes partidos que construyeron la primera potencia mundial.

Claro que Trump tiene su estilo particular y es capaz de denunciar fraude del partido demócrata -que no gobierna- por pedir que se abra hasta el último de los sobres.  Incluso a través de su cuenta de twitter llegó a pedir que “paren de contar”, por supuesto en los Estados donde iba perdiendo sin que a Luis Almagro, secretario general de la OEA se le mueva un pelo.

Su asesor Steve Bannon estuvo recorriendo América Latina y Europa para construir una internacional de extrema derecha.  No lo podría haber hecho sin Trump en la presidencia.  Sin embargo, para tener éxito, Bannon necesitaría de movimientos populares de derecha, algo difícil de articular tomando en cuenta las dificultades de los partidos políticos de derecha de movilizar a las grandes masas.  Por otra parte,  la política latinoamericana no tiene los mismos parámetros que la estadounidense donde hay dos grandes partidos que dominan la escena y los militares no han interrumpido con golpes militares la consolidación de los movimientos populares.  Bolsonaro necesita un Trump en la Casa Blanca, pero tiene vuelo propio.


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