Magdalena Claro: “Chile tiene uno de los sistemas educativos más segmentados y desiguales del mundo”

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Entrevista a Magdalena Claro

Por Tristán Torrejón, especial para NODAL

El pasado 28 octubre Magdalena Claro, participó del foro CAF2020, donde, en el contexto de una sesión sobre las transformaciones digitales aceleradas por la pandemia, puso el foco en cómo la COVID-19 también ha profundizado la brecha digital de la región.  Claro es la Directora Académica del Observatorio de Prácticas Educativas Digitales, y Profesora Investigadora en la Pontificia Universidad Católica de Chile (UC) y en esta entrevista con NODAL analiza las desigualdades en el desarrollo digital en general y en su país en particular

– Con factores que van desde la alfabetización digital y la geografía hasta la capacidad económica ¿Hablamos de una única brecha digital, o de varias?

Hablamos de varias brechas, al menos de tres. El concepto de la brecha digital ha evolucionado a lo largo de los años y al analizarla es importante hacerlo considerando su relación con la desigualdad estructural. Inicialmente la brecha digital se definió en términos dicotómicos como la distancia entre los que tienen acceso físico a las tecnologías digitales y los que no. Sin embargo, al correr de los años hemos visto que a medida que aumenta el acceso físico, aparecen disparidades en la forma en que las personas usan y obtienen beneficios de los usos de estas tecnologías. Estas disparidades no son solo económicas, sino también geográficas, sociodemográficas y culturales, lo que da pie a las nociones de segunda y tercera brecha digital. Más específicamente, la investigación muestra que las diferencias estructurales se reproducen en el espacio digital y variables como la condición socioeconómica, procedencia geográfica, género, edad, capital cultural o habilidades digitales aparecen como variables de diferenciación fundamentales. De esta manera, el potencial que alguna vez se vio en las redes digitales para terminar con la estructura jerárquica y de concentración del poder económico y político, propias de la sociedad industrial y pre-industrial, no ha sido tal. La evidencia muestra que las tecnologías digitales se están convirtiendo en una nueva fuente de desigualdad y exclusión.    

– ¿Cuál es la situación particular de Chile?

En Chile, como en otros países de América Latina, la profunda desigualdad estructural se reproduce en el espacio digital. Si bien varios veníamos planteando este problema hace años, la pandemia dejó en evidencia las consecuencias de no impulsar políticas públicas más agresivas para una mayor inclusión digital. La pandemia nos encontró en condiciones de gran desigualdad de acceso, usos y resultados de los usos. Por una parte, si bien alrededor de 87, 5% tenía acceso a Internet, este era un acceso móvil o a través del teléfono celular.  Algo más de la mitad de los hogares en Chile no tenían conexión fija y mientras algunas comunas de la Región Metropolitana tenían más del 90% de conexión fija, otras no superaban el 20% de conectividad. Esto sin duda ha profundizado la desigualdad en muchas áreas, siendo la educación una de las más complejas.  La diferencia entre niños que tienen un acceso ubicuo (todo el tiempo y desde múltiples dispositivos) y quienes tienen acceso limitado se traduce hoy día en profundas diferencias en las posibilidades de uso y en los resultados de aprendizaje en contexto de enseñanza remota. Es decir, acceder a Internet por ejemplo a través de un teléfono celular de propiedad de un pariente al final del día versus hacerlo a través de un computador personal e Internet fija, determina experiencias y posibilidades de aprendizaje radicalmente diferentes. Por otra parte, las diferencias previas de uso y habilidades, tanto a nivel de docentes como de estudiantes para utilizar tecnologías para el aprendizaje, sin duda han incidido en profundizar las diferencias de aprendizaje que ya existían entre los niños de familias más desventajadas y las más aventajadas. Hay diferentes pronósticos sobre lo que han logrado las comunidades educativas en este tiempo, pero es claro que las brechas de resultados de aprendizaje habrán aumentado, en parte debido a las brechas digitales de acceso, uso y habilidades. 

– ¿En su experiencia, la digitalización de la educación presenta más ventajas que inconvenientes? Dada la tendencia a la digitalización ¿hay alternativas?

Esto depende de las capacidades y condiciones en que se trabajen las oportunidades y recursos digitales. El claro que la educación remota en emergencia que hemos experimentado en este tiempo no es el ideal para nadie. En parte porque no nos habíamos preparado y ha habido mucha improvisación, pero también porque el papel social de la escuela como lugar de pertenencia, contención socioemocional, sociabilidad y también de cuidado y alimentación es fundamental, sobre todo para los niños y niñas de familias más vulnerables. Ahora, independiente de la pandemia, la vida de niños, niñas y adolescentes ya se venía digitalizando de manera creciente y esto estaba desafiando a la escuela a reenfocar su forma de educar para responder a estos cambios sociales y culturales. Las tecnologías digitales transforman el conocimiento y ofrecen grandes oportunidades para el desarrollo del trabajo didáctico vinculado a las asignaturas. Por ejemplo, en lenguaje, la lectura se ve transformada por la multimodalidad digital, generando nuevos formatos de texto, objetivos de lectura y maneras de interactuar con la información. En historia, la búsqueda de fuentes es replanteada por las nuevas posibildades de almacenaje digital y también por la gran cantidad de información y fuentes a las que se puede acceder en Internet. En ciencias y matemática, la búsqueda de información, el análisis de datos y diferentes formas de representación y simulación van abriendo nuevas posibilidades y generando nuevas prácticas. Por otra parte, sabemos que la gran mayoría de los niños usan las redes sociales a edades cada vez más tempranas. Guiarlos en un uso sano, seguro y responsable de las redes digitales para participar y sociabilizar con otros es fundamental en su formación como ciudadanos (lo que hoy se llama ciudadanía digital). Sin embargo, para lograr todo lo anterior es fundamental que los y las profesores estén bien capacitados.  Sin una clara regulación y orientación, las tecnologías se pueden convertir en un distractor, sobre todo cuando no está claro el objetivo de aprendizaje y la tecnología se vuelve el centro de la actividad. Otro problema importante se produce cuando no se considera el soporte técnico adecuado. Si falla Internet, el computador o las ​tablets al momento de realizar la actividad, el uso de tecnologías se transforma en una carga para ese profesor que no va a querer repetir una actividad similar por temor a ese tipo de fallas y para los estudiantes que pierden la motivación.​ En síntesis, usar Internet, celulares o tablets de alguna manera implica aprovechar recursos que están a la mano y hacernos responsables de educar para  la cultura y la sociedad en que crecen los estudiantes, pero ello requiere desarrollar capacidades en las y los docentes para poder diseñar actividades efectivas y guiar adecuadamente ese uso.  

– A su parecer, ¿Cómo puede una nueva Constitución de Chile promover o proteger la educación?

De manera fundamental. La constitución actual pone en la misma categoría la libertad de enseñar y de los padres a elegir la educación de sus hijos que el derecho a la educación de los niños y niñas. Esto se ha traducido en un sistema donde con los recursos del Estado se ha terminado financiando proyectos educativos discriminatorios y excluyentes, generando a lo largo de los años uno de los sistemas educativos más segmentados y desiguales del mundo. 


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