Opciones de trabajo para los jóvenes colombianos desde las políticas de ciencia y tecnología – Por Carlos Eduardo Maldonado

Foto: Gustavo Torrijos
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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Carlos Eduardo Maldonado *

Colombia es un país demográficamente joven, a pesar de la historia de violencia, independientemente de la consideración de los actores del conflicto y las vicisitudes del proceso de paz. Este rasgo sociodemográfico es su principal fortaleza; pero también, en condiciones de crisis, agravada por la violencia proveniente de las fuerzas del Estado, el covid-19 y la crisis económica, es la principal preocupación del país. En este artículo consideramos las opciones de trabajo para la juventud a partir de las políticas en curso de ciencia y tecnología.

Un problema creciente: los Nini

En el país todavía se mantiene la pirámide poblacional. Esto es, aún sigue siendo cierto que la base de la sociedad son niños y jóvenes, y que la punta de la pirámide continúa soportada por adultos mayores. Ahora bien, es igualmente cierto que las previsiones hacia futuro tienden a mostrar un descenso de nacimientos, un alargamiento en las esperanzas y las expectativas de la vida y una cierta tendencia a que la pirámide se deforme de su condición clásica.

En cualquier caso, hoy por hoy es creciente el número de jóvenes, e incluso de adultos que están entrando en la categoría: Nini: ni estudian ni trabajan, una tendencia que tiende a convertirse en una bomba social y política que puede explotar, por definición, de manera impredecible.

Una realidad compleja, y de la cual dan cuenta las universidades, públicas o privadas en el país, para las cuales una de sus mayores preocupaciones radica precisamente en la alta tasa de deserción o abandono de los estudios por parte de su alumnado. Unos urgidos por conseguir trabajo, como sea, y muchos porque no pueden cubrir los costos de una educación universitaria; ni siquiera en los centros educativos públicos (pues la verdad es que deben pagar matrículas proporcionalmente costosas para los ingresos de la mayoría de las familias).

En el futuro inmediato, el problema de los Nini debe poder ser resuelto tanto por parte del Estado como del sector privado. De lo contrario, el país se aboca a condiciones de perfecta incertidumbre. No hay que olvidar que, históricamente visto, el principal motivo para un proceso de rebelión social son condiciones de vida difícil; no precisamente los idearios políticos y los programas.

Crear empleo: un abanico de propuestas

La crisis que ha representado toda la situación del covid-19 potencia un trance económica cuyos orígenes, sin embargo se remontan a las condiciones anteriores al coronavirus. El virus y todo lo que él representa simplemente agravó una situación que ya estaba difícil en la “vieja normalidad”. No obstante, es posible ver luces en medio de las penumbras, y para ello debemos tomar en cuenta por lo menos dos variables: las potencialidades económicas y formativas que abren las nuevas tecnología y, por otro, las necesidades crecientes que en diversos campos del saber y de la producción afronta o afrontará el país.

Son dos las líneas de análisis reconocidas. De un lado, se trata de señalar los sectores posibles de creación de empleo; de otra parte, al mismo tiempo, lo que se considera son las habilidades necesarias hoy y de cara al futuro por parte de la nueva fuerza de trabajo. Claro, nada de esto será posible y surtirá un fuerte impacto en el país, quebrando la constante de falta de oportunidades que hoy padece una tercera parte de la juventud, y que en unos años incluso podría ser mayor, si esto no se corresponde con un Plan Nacional de Desarrollo proyectado a varias décadas.

Así, se sugieren aquí, las áreas de trabajo y los programas por crear o implementar y las capacidades necesarias y posibles.

Sector informacional

La crisis del covid-19 puso en evidencia que el teletrabajo es posible. Como nunca antes el sector informacional tuvo un despliegue inimaginable hasta ahora. Así, saber computación en general resulta una fortaleza evidente de cara al futuro inmediato. El Sena tiene diversos programas en esta dirección, y los institutos técnicos y las universidades pueden enfocarse en esta dirección. Esta es una oportunidad real e inmediata. La creación de programas técnicos, técnico-profesionales, y profesionales constituye inmediatamente la primera y la mejor oportunidad, sin la menor duda.

Esta es una realidad y una potencialidad, otro tema el respeto de los derechos laborales de quienes así laboren por lo que es necesario avanzar de manera rápida y precisa con la legislación correspondiente.

Sector salud

El cuidado de la salud, en toda la línea de la palabra, ha llegado a manifestar la importancia y la necesidad de personal cualificado en todas las áreas. Vivimos, actualmente y en el futuro inmediato, sin la menor duda, una sociedad del riesgo. Riesgos sistemáticos y sistemáticos. Desde varios ámbitos se habla de futuras crisis por razones víricas o de resistencia bacterial. Si ello llega a ser cierto, los profesionales de la salud serán aún más fundamentales.

Colombia “exporta” enfermeras altamente cualificadas a numerosos países. Sus odontólogos son reconocidos por su pericia y conocimiento. Los terapeutas de diversa índole –del lenguaje y otros–, instrumentación quirúrgica y de medicina son actualmente y en el futuro necesidades evidentes. Es posible crear puestos de trabajo en estas áreas y es posible también que los jóvenes puedan identificar estas oportunidades.

Educación: El sector educación continúa siendo un baluarte importante en términos de condiciones de calidad de vida y de desarrollo humano y social. Sin embargo, es evidente que cada vez existe un llamado y un reconocimiento a la importancia de capacidades múltiples y la importancia de la inter, trans, o multidisciplinariedad (como se prefiera).

Los trabajadores del presente inmediato y del futuro próximo deben poder tener capacidades de adaptación, flexibilidad, reinvención y pensamiento lateral. Pues bien, la educación puede permitir estas capacidades: hay un reconocimiento amplio y explícito al respecto. Así la cosas, hay empleo y puede haberlo en educación en este sentido.

Sector agrario: El cultivo de la tierra y la producción de alimentos es un sector fundamental y ha sido reconocido en esta crisis como estratégico. (No así un derivado suyo, perfectamente distinto, que es el sector restaurantes y bares en general). Es preciso decir que en este sector económico es preciso distinguir la agro-industria de los pequeños y medianos cultivadores. Hay un secreto a voces en el país: en medio de la crisis numerosas personas volvieron al campo para cultivar lo necesario y algo más para subsistir. Pues bien, es preciso formar mejor aún, capacitar y establecer redes con toda una cadena de valor de cultivos alternativos, no industrializados, en los que hay oportunidades de formación y de trabajo. Este es uno de los sectores más promisorios. Siempre las gentes necesitarán comer y alimentarse lo menor posible y a costos razonables y alternativos.ç

Sectores químico y farmacéutico. En estrecha relación. Exactamente, en el marco de los argumentos que preceden, el sector químico y el farmacéutico son promisorios en el futuro inmediato y a mediano plazo. Hay aquí un cruce o una implicación indirecta con dos sectores: el de salud y el informacional. De hecho, en el país el número de jóvenes que se forman en estos dos campos no es muy amplio y el mercado está abierto a egresados de estas dos áreas.

Hay trabajo hoy y verosímilmente también en el futuro en esto dos sectores. Una política de ciencia y tecnología no es en este plano, específicamente, ajena a una política de educación.

Biología, ciencias de la salud y ciencias de la vida. Hay tres grandes áreas que convocan fuerza de trabajo calificada. Se trata de la biología, en todas sus variantes y vertientes, las ciencias de la salud y las ciencias de la vida. Las crisis pasadas, actuales y probables en el futuro ponen en evidencia que hay y habrá trabajo en estos campos.

Una combinación de profesionales y de técnicos en los tres ámbitos ofrece buenas posibilidades de desarrollo humano y social, y siempre serán necesarios técnicos y profesionales en las tres áreas consideradas. En el país, pero también en el exterior, profesionales y técnicos provenientes de las ciencias de la vida, las ciencias de la salud y la biología en general serán ampliamente reconocidos y valorados. Hay trabajo aquí.

Contra las veleidades

Como se aprecia, los sectores señalados constituyen ejemplos notables que invitan a dirigir la mirada hacia la cuarta revolución industrial. Los sectores clásicos de la economía son los más afectados y los que ofrecen las posibilidades más restringidas. En contraste, el sector inmaterial de la economía sugiere que allí se encuentran las mejores promesas de trabajo y de vida.

Dado el gobierno de turno de Duque hay que decir que la mal llamada “revolución naranja” no tiene nada que ver con la cuarta revolución industrial. La ignorancia de Duque y todo su equipo de gobierno apenas sí merece en este contexto un espacio mínimo.

La principal política industrial y de comercio del país es el llamado al emprendimiento, el cual es en realidad una variante del más craso neoliberalismo que crea y destruye empresas pequeñas y medianas de manera sistemática. El emprendimiento es una bandera de llamado a más capitalismo. El tema quiere desplazar el foco sobre la importancia del trabajo.

Contra más capital variable es indispensable llamar al cuidado del empleo y a su generación, tanto como a la calidad del empleo y la permanencia en el mismo.

Una política de empleo es, en las condiciones actuales, la mejor expresión de una política social amplia; esto es, política de educación, de vivienda, y claro de ciencia y tecnología. La mejor garantía para el respecto a los derechos humanos consiste, sin más ni más, en la creación de empleo y puestos de trabajo. El futuro puede ser mejor para numerosos jóvenes, pero también adultos, e incluso adultos mayores en los sectores mencionados.

Siempre son posibles luces reales en medio de la zozobra y para ello, como ya lo indicamos, es indispensalbe un Plan Nacional de Desarrollo, con proyección a varios años –por lo menos a una década–, que proyecte el país de cara al mediano y largo plazo, sin dejar de lado todas sus potencialidades naturales las que nos permiten potenciar aún más un plan de vida para los millones que habiten esta parte del mundo.

* Profesor e investigador en Ciencias de la complejidad, de la Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia


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