UNPAZ | El proyecto no se interrumpe – Por Darío Kusinky y Silvia Storino

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El proyecto no se interrumpe

Por Darío Kusinky y Silvia Storino, rector y vicerrectora de la Universidad Nacional de José C. Paz

En la UNPAZ, 16.698 estudiantes se inscribieron a materias este año de los cuáles el 75 % logró mantener su regularidad; 4500 de ellos completaron su ciclo de inicio en el primer cuatrimestre e iniciaron su carrera en el segundo Las clases no sufrieron interrupción: se dictaron 481 unidades curriculares en 2175 comisiones. Más de 2500 estudiantes participaron de actividades de extensión y casi 1000 de post grado. Hemos celebrado con enorme emoción cada título entregado y compartido la jura de los egresados comunitariamente. Hasta la fecha, 12000 jóvenes y adultos se han inscripto para comenzar una carrera en el 2021.

Estos logros se han alcanzado mientras atravesamos la situación más extraordinaria e inédita que en términos institucionales, comunitarios y biográficos hemos enfrentado ¿Cómo compartir lo plural e intenso de estas experiencias? Desde la generación de un test serológico creado por investigadoras de la UNPAZ, hasta los jóvenes que colaboran ayudando a los adultos mayores en sus compras; desde el centro de telemedicina que se instala como parte de las políticas sanitarias estatales desplegadas, a los investigadores que reconfiguran sus proyectos para aportar a la solución de los problemas acuciante. Desde los cientos de profesores que, superando con creces sus responsabilidades laborales en tiempos y horarios  enseñan en la virtualidad, hasta los estudiantes que con enormes dificultades económicas hacen honor a la palabra convergencia, siguen cursando mientras trabajan y cuidan  a sus familias.

Para una universidad del tercer cordón del conurbano bonaerense, la palabra adversidad no es nueva. Tampoco lo es la palabra lucha. Como todas las que se insertan en territorios plebeyos, nuestras universidades han sido  consideradas  un exabrupto de las ideas populistas. Y quizás lo somos: las ideas democráticas son desmesuradas, desbordan el cálculo, no hay otro modo de construir horizontes de igualdad si no es alterando profundamente las ecuaciones construidas y en esta pandemia las universidades del bicentenario hemos demostrado, que lejos de la precariedad, pudimos dar respuestas con solvencia y compromiso

La riqueza de la experiencia vivida nos exige profundizar ciertos debates y reflexiones: Hemos constatado que las desigualdades con respecto de las tecnologías no se dirimen hoy entre acceso o no acceso sino más bien en la calidad de ese acceso, del soporte tecnológico que el que se cuenta y la gratuidad o bajo costo de los datos. Hemos confirmado la necesidad de las plataformas propias como rostro virtual institucional; hemos constatado las posibilidades de superar las limitaciones de tiempo y de espacio pero nos preguntamos sobre los efectos de la desterritorialización de la formación en un contexto en el que los intereses económicos presionan por transformar la educación superior en un enorme mercado internacional. Hemos valorado el trabajo con otras universidades y la necesidad de fortalecer la existencia de un sistema nacional de educación superior que funcione como tal.

Sabemos que nos aguarda un intenso trabajo el año entrante; en principio sumarnos a la campaña de vacunación más grande que hemos conocido, planificar el regreso a las aulas y hacer frente y resolver progresivamente los problemas que, en las trayectorias académicas, esta pandemia ha ocasionado. Recuperar a quienes tuvieron que dejar de cursar, reorganizar espacios y el año calendario, prepararnos para recibir y acompañar a los estudiantes que inician en el 2021. Lo hacemos con el orgullo de haber contribuido a seguir garantizando los derechos educativos de nuestros estudiantes en el marco de un proyecto social y político que no se interrumpe ni renuncia a generar los cambios que esta sociedad requiere para vivir mejor de una buena vez.


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