Las guerras culturales y sus novedosas tácticas – Por Nuria Rodríguez Vargas

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Nuria Rodríguez Vargas *

Estamos inmersos en medio de guerras culturales, esa es la tónica que ha marcado los inicios del siglo XXI. Se han movido las piezas, aplicado las tácticas, las batallas siguen. La alternativa no es el matonismo, el insulto, las sectas religiosas fundamentalistas, la censura moral; tampoco lo es el neo puritanismo progresista, el insulto, las sectas radicales, la censura moral. 

 “Desde la perspectiva de Winston se leían (…) las tres consignas del Partido: la guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza”. [i] Si se les diera vuelta, se describiría muy bien la época actual. También, hay telepantallas, vigilancia masiva, manipulación de la historia, neolengua, y casi, casi, casi Ministerios de la Verdad, de la Paz, de la Abundancia y del Amor, no parece algo tan lejano de la ficción orwelliana.

 Además, existen los mandatos de lo “políticamente correcto” cuyo origen en el siglo XX, se asociaba con regímenes como el de Stalin y Franco.

  Pero cambió la geopolítica y las ideologías se transformaron. En la década del noventa, la academia estadounidense, irónicamente, pasó a ser promotora de la corrección política que antes había criticado. Resucitaron la idea, la hicieron atractiva, vendible y aplicable de la mano de los genios del marketing. 

Hoy, coloniza, invade, se impone y destruye el pensamiento libre y crítico de las academias, sectores sociales y artísticos de muchos países; pero esta vez, no hubo desconfianza, ni reflexión y mucho menos resistencia, sino una total, desenfadada e impúdica entrega, típica de los sensuales y placenteros “tiempos de paz”.

  En julio de este año, 150 académicos e intelectuales en Estados Unidos, firmaron una carta en la que denunciaron la creciente intolerancia del activismo norteamericano hacia la expresión de ideas diferentes. [ii] Se titula “Una carta sobre la justicia y el debate abierto”. Fue firmada por grandes exponentes, entre ellos, Margaret Atwood, Salman Rushdie, J.K Rowling y Garry Kasparov.

Señalaron el daño que ha causado la corrección política en los ambientes académicos y culturales, traducido en autocensura, boicoteo, castigos exagerados, señalamientos y despidos laborales. La censura ha alcanzado las investigaciones científicas, las obras artísticas, la literatura y el uso oral y escito de las lenguas.

  Europa y América Latina. El neo puritanismo se extiende, con sus antorchas de censura, “trigger warnigs” avisos de contenido. Una idea que vocifera es el desprecio por los valores de la Ilustración europea, la desacreditación de eventos históricos como la Revolución francesa (1789), por haber sido, según ellos, un acontecimiento de hombres, no de mujeres ni de minorías.

El mismo argumento se alza contra las revoluciones y levantamientos surgidos en América Latina durante el siglo XX. Lo que subyace es neutralizar el pensamiento crítico, criminalizar la protesta y evitar las acciones emancipatorias, sin matizar, ni analizar las puertas que abrieron estos movimientos y los cambios que significaron para las diversas identidades.

 Cambiar la historia. En ámbitos académicos, se ha erigido el enjuiciamiento moral como única forma de analizar todo tipo de textos. En América Latina obras intelectuales y artísticas de todas las épocas han sido cuestionadas, sin reparar en aspectos estético-ideológicos e históricos; como resultado grandes personas pensadoras desvalorizadas e intentos de excomunión.

Es una exitosa estrategia de dominación, vaciar a una cultura de sus propios referentes. Matarlos, sin quemas, desapariciones o invasiones, desde adentro, con el convencimiento y beneplácito de los nativos. Lo que pone en evidencia la contradicción de los discursos anticolonialistas, que se quedan en el papel.

  Ante este panorama han surgido voces críticas, más allá de las ideológicas políticas, un tanto desdibujadas y metamorfoseadas en los tiempos que corren. La escritora estadounidense Lionel Shriver ha expresado que la corrección política está matando la libertad de los escritores de ficción, pues las políticas de identidad mal entendidas sancionan a los creadores que construyen personajes y realidades diferentes a las propias.

 Para esta escritora no tiene sentido dedicarse a escribir libros sobre personas como ella. El mensaje es “no ponerse en los zapatos de otros” destruir la empatía humana. Shriver apunta que “la ficción ayuda a que se caigan las exasperantes barreras entre nosotros, y por un corto tiempo nos deja contemplar la deslumbrante realidad de otros. Lo último que necesitamos los escritores de ficción es que nos cerquen lo que nos pertenece”.[iii]

 A la escritora francesa Catherine Millet le preocupa la instauración de la dictadura de lo que se debe sentir, la ausencia de sensibilidad estética, la híper- susceptibilidad para aceptar las opiniones o visiones diferentes o contrarias, y la siempre cruel autocensura.

Se cuestiona Millet, “¿es porque asistimos a la desaparición de las ideologías y al fracaso de numerosos ideales, que las nuevas generaciones no tienen otra opción de volverse actores de antiguas luchas como si no hubieran sucedido, bajo un modo caricatural? [iv]

  Ariana Harwicz, escritora argentina, no se ha conformado con la autocensura de este tiempo y ha transgredido en su escritura, sin proponérselo, el pensamiento dicotómico de los buenos contra los malos. Pero, alerta sobre la lucha constante contra la censura -demonio “cool” de nuestra época-. Se pregunta la creadora, “¿cuáles son las concesiones que debe hacer un escritor profesional en esta época? ¿Qué demagogias, qué agenda, qué ideología debe sostener, disimular o adherir?”[v]  

Estas voces coherentes, a veces son tergiversadas o ninguneadas por el moralismo justiciero. Pero, cada vez son más frecuentes, en especial, se pronuncian escritoras consolidadas, hartas de la tiranía de la censura sobre sus trabajos creativos y el ataque a sus formas de pensar.  

Lamentablemente, la posición que se visualiza y se vende como “crítica” de la corrección política es la incorrección política matona, estilo Trump, Putin, Bolsonaro y Bukele.

También se asocia con dos vocecillas que se desplazan desde Argentina y se mueven por todo Latinoamérica. No los nombro, pero existen en la realidad. Viajan con un libro negro en la mano y con una valija llena de falacias. Sobra decir por qué esta incorrección política pendenciera y populista no es ni crítica ni alternativa a la corrección política.

 En estas guerras simbólicas, sobresale la desconfianza por la ciencia. Posiciones como el determinismo biológico, afirma que la biología nos determina completamente, entre sus adeptos están los trumpistas y cristianos conservadores. El reduccionismo sociológico, postura que asevera que todas las conductas humanas son configuradas por la sociedad, sus defensores son los activismos pop y neo puritanos progresistas.

Ambos grupos comparten el rechazo de la perspectiva evolucionista, que considera que somos el resultado de una acción conjunta de predisposiciones biológicas e influencia social, es la que tiene más respaldo científico. Las posturas científicas atentan contra sus productos, actividades, patrocinios, seguidores, feligreses, “seguigreses”. La gente dudaría, pensaría. ¡Oh tragedia! ¿Cómo se sostendría el mercado religioso y novo humanista?

En cuanto al tema de la salud, sabemos que la vacunación es uno de los más grandes logros sanitarios de la humanidad, ha demostrado que, la supervivencia del individuo depende de la del grupo. En el caso estadounidense, a la antivacunación se suscriben tanto trumpistas como progresistas, cada uno con sus propias creencias religiosas, cristianas, o de las divinidades New age. En los dos casos lo que subyace es la ignorancia, el fanatismo y el egoísmo pues la no vacunación pone en peligro la vida de miles de personas. Es un acto poco solidario.

Ni baños de billetes, ni baños de luz de luna. Por lo pronto, han sido insuficientes, los rituales de los cultos cristianos, masivos, inspirados en la teología de la prosperidad y los cultos dedicados a la Luna, para la obtención de una cura milagrosa contra el Covid-19. Por el contrario, en los últimos meses, personas de ciencia, mujeres y hombres de carne y hueso en diferentes geografías del mundo, han estado trabajando intensamente en la consecución de una vacuna, robándole horas al sueño y sacrificando el tiempo con su familia. 

 En América Latina, estos movimientos, ideologías, dogmas, fanatismos, sectas o como se les quiera llamar, nos influyen directamente. Fue notorio el enorme el interés que suscitó en nuestros países la reciente elección presidencial de Estados Unidos; pero lejos de una mirada crítica, prevalecieron las porras cándidas hacia uno u otro candidato. Un espectáculo más, que levantó fanatismos y pasiones como sucede con el Super Bowl y con la entrega de los Premios Óscar.

Es impensable que en nuestro continente un personaje como Donald Trump despierte simpatías, es tan preocupante como peligroso. Eso dice mucho de nuestros sistemas educativos

 Estamos inmersos en medio de guerras culturales, esa es la tónica que ha marcado los inicios del siglo XXI. Se han movido las piezas, aplicado las tácticas, las batallas siguen. La alternativa no es el matonismo, el insulto, las sectas religiosas fundamentalistas, la censura moral; tampoco lo es el neo puritanismo progresista, el insulto, las sectas radicales, la censura moral.  

Es la “zombielandización” intelectual y espiritual. En tono apocalíptico, ¿oh, con qué oscuro propósito? El de siempre, económico, financiero, dicho en tono cotidiano. No hay teorías conspiratorias, simplemente estas dos posturas han sido muy bien mercadeadas. 

 No le hagamos caso al Ministerio de la Verdad, al Miniver como se diría en neolengua -el órgano que atiende el control de las noticias, los espectáculos, la educación y las bellas artes. Nos han hecho creer a los latinoamericanos, subliminalmente, que nuestra cultura nació en la década de los noventa, en el contexto de los derrumbes y durante el arribo de la globalización financiera y cultural.

Pero, somos y estamos aquí desde hace varios siglos ya. Podemos pensar por nosotros mismos, acorde con el contexto actual en que vivimos y sus implicaciones.

Notas

[i] Orwell, G. (2002). 1984. México D.F: Grupo Editorial Tomo, p. 10.

[ii]  “A Letter on Justice and Open Debate” (July 7, 2020). Localizable en: https://harpers.org/a-letter-on-justice-and-open-debate/

[iii] “La corrección política está acabando con la literatura”. Lionel Shriver. Traducción de Ana Isabel Gil. Conferencia de apertura al Festival Literario de Brisbane 2016. Compartida por la autora en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2019. Localizable en: https://esquinatomada.com/textos/la-correccion-politica-esta-acabando-con-la-literatura/

[iv] “Columna de Catherine Millet: la dictadura de lo que se siente”. 10 de mayo de 2019. Localizable en:

https://www.theclinic.cl/2019/05/10/columna-de-catherine-millet-la-dictadura-de-lo-que-se-siente/?fbclid=IwAR3noyV_8buaaK_3uEeRJ6Wp1Hgj5wrwXaBR7Py6Pu69yONVLzDV70CsaEs

[v] “Editores y escritores de rodillas”. Ariana Harwicz y Edgardo Scott. 04 de julio de 2020. Localizable en: https://elpais.com/cultura/2020/07/03/babelia/1593770797_170682.html

* Profesora en el programa de maestría en Estudios Latinoamericanos con énfasis en Cultura y Desarrollo, Instituto de Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofía y Letras , Universidad Nacional de Costa Rica


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