Biden: desafíos inéditos – La Jornada, México

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

En una ceremonia cerrada al público debido a la contingencia sanitaria y a la inseguridad generada por el asalto al Capitolio del pasado 6 de enero, que obligó a un despliegue de seguridad inédito por la amenaza de actos terroristas de la ultraderecha, ayer Joseph Robinette Biden Jr prestó juramento como el presidente número 46 de Estados Unidos. Por primera vez en los últimos 150 años de vida republicana de esa nación, el mandatario saliente, Donald Trump, no asistió a la ceremonia de investidura de su sucesor, pero también se hizo historia con hitos como la llegada a la vicepresidencia de Kamala Harris, primera mujer y primera persona de ascendencia negra e india que ocupa ese cargo.
La dupla Biden-Harris enfrenta uno de los escenarios más complicados con que se haya encontrado un equipo presidencial: una situación francamente desoladora en ámbitos como la salud pública, la economía, la confianza ciudadana en las instituciones, la cohesión social, la disparidad de ingresos y oportunidades, el avance de las tendencias racistas y xenofóbicas o la posición de Washington en el plano internacional.

En este contexto, la batería de medidas con que el ex senador y ex vicepresidente busca enmendar el rumbo parece orientada en la dirección correcta. Entre las más relevantes de estas decisiones se encuentran las que tocan a la reformulación de la estrategia contra la pandemia, la exasperantemente postergada reforma migratoria y la puesta en pie de una economía que no ha escapado a los estragos de la crisis sanitaria. El mandatario entrante dispondrá del inestimable apoyo de contar con mayoría legislativa en ambas cámaras, si bien es cierto que en modo alguno se trata de la mayoría calificada necesaria para aprobar reformas de gran calado.

Otro asunto que Biden ya asumió como parte central de su agenda es el del combate al supremacismo blanco, que con gran facilidad puede dar pie a episodios de terrorismo doméstico. Se trata de un peligro real, no sólo por el libertinaje para la compra y posesión de armas que prevalece en la mayor parte de los estados del país, sino porque, además, un tercio de los ciudadanos mantiene un apoyo fanático a Donald Trump y sus incitaciones al odio. La derrota del magnate en su intento de relegirse evitó que el Partido Republicano se viera copado por el pensamiento primitivo de la ultraderecha racista, pero las distintas vertientes de ese movimiento se consolidaron como un actor político que ya no puede ser presentado como marginal.

Todo parece indicar que, más allá de gestos elementales de civilidad como el regreso de Washington al acuerdo climático de París y la Organización Mundial de la Salud, instancias internacionales a las que Trump les había dado la espalda, la reconstrucción de la política exterior tradicional de la potencia se encontrará en pausa en tanto la administración demócrata endereza el desbarajuste doméstico.

Por ello, México deberá esperar para tener claridad acerca de la naturaleza de las relaciones que habrán de entablarse con el gobierno de Biden; sin embargo, como indicó ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador, pueden anticiparse entendimientos constructivos en rubros como el manejo de la pandemia, la migración y las medidas de reactivación económica.

Finalmente, cabe felicitarse por el hecho de que en la jornada de este miércoles no se materializaron las amenazas de violencia divulgadas por extremistas de derecha afines a Donald Trump, y que no se haya concretado el temor de muchos en el sentido de que el ahora ex presidente cometiera una insensatez mayor en sus últimas horas al mando de la superpotencia.

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