Elecciones en Ecuador: entre Lawfare y segundas vueltas – Por Franco Metaza | Especial para NODAL

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Franco Metaza

Ecuador inauguró el calendario electoral de 2021 en Latinoamérica, después de Uganda y Portugal que tuvieron elecciones presidenciales el 14 y 24 de enero respectivamente. No fue una elección más. Estuvo precedida por la persecución política al expresidente Rafael Correa y a los dirigentes de su espacio que se mantuvieron fieles a las bases de la “revolución ciudadana”, el proyecto político y socioeconómico que defendió los intereses del pueblo en contra de los poderes concentrados durante los mandatos presidenciales de 2007-2017.

Esta persecución es un capítulo más del Lawfare que se desplegó por toda Latinoamérica para erosionar los procesos políticos de inclusión social y condicionar a la dirigencia. En el contexto electoral de Ecuador, se tradujo en un sinfín de maniobras judiciales y denuncias fabricadas para evitar que el correísmo pudiera participar de la contienda electoral. No lo lograron, pero sí los obligaron a recalcular su ingeniería jurídico-electoral tantas veces como pudieron de modo tal de no poder contar con un partido, un número de lista y un color en el mismo momento que los demás candidatos y así, tener que destinar energía humana y recursos a dar esas batallas cuando lo natural en un proceso electoral es destinarlos a una buena campaña política. El summum de este modus operandi fue la proscripción de Rafael Correa, quien hubiera sido candidato a vicepresidente, pero fue prohibido.

Este bagaje catapultó la importancia de la Observación Electoral internacional, toda vez que las maniobras descriptas anteriormente no podían no tener un objetivo resultadista. Es así como distintos Parlamentos, movimientos políticos, sociales y ONGs de países de Latinoamérica y también de Europa se apersonaron en Quito para tomar parte como “observadores”, luego de trabajosas acreditaciones ante el Consejo Nacional Electoral (CNE).

El día de la elección transcurrió mayormente en normalidad salvo situaciones puntuales en donde las demoras para el ingreso a los recintos electorales generaron tumultos y malestar, un poco debido a los estrictos protocolos que impone la situación de pandemia y otro poco por impericia organizacional. De todas maneras, la participación fue de casi el 82%, un porcentaje que, si bien históricamente es superior en Ecuador, resulta razonable ante las condiciones sanitarias de excepción.

Lo que sí salió de la normalidad y causo sorpresa en la opinión pública local fue el resultado electoral.

En primer lugar, Andrés Arauz, el candidato correísta representado en la lista 1-5 Unión por la Esperanza obtuvo un porcentaje menor al esperado. Tanto las encuestas como los exit polls (bocas de urna) lo posicionaban en torno a un 36 o 37 %, pero los 3 millones de votos obtenidos le asignan un 32.71%. Este número lo convierte en el candidato más votado, y hoy (al momento en el que se escribe esta nota transcurridos 10 días desde el acto eleccionario) en el único candidato que con seguridad competirá en el ballotage.

En segundo lugar… bueno, no está claro el segundo lugar. Hubo un empate técnico las primeras horas pero que hoy con el 99.84% (todavía no hay un escrutinio definitivo) de las actas computadas se dirime con los siguientes resultados: Guillermo Lasso obtiene un 19.74% y Yaku Pérez un 19.38% lo que implican 33337 votos de diferencia. A pesar de la dureza de las matemáticas, en últimos días se conoció un acuerdo espurio entre ambos candidatos, el CNE y la OEA para hacer un recuento parcializado de votos. La comunidad internacional empieza a reclamar que se conozcan los criterios que sustentan el recuento propuesto, que se haga partícipes a los 16 binomios presidenciables de cualquier decisión de revisión; y acápite aparte merecen las innumerables críticas que ha cosechado la participación de la OEA en este acuerdo. El organismo se encuentra muy desprestigiado luego de su activa participación en el golpe de estado de Bolivia de 2019, en lo que se recordará como un golpe a la democracia del continente americano.

En las últimas horas trascendió que el banquero Lasso ya no quiere tal recuento de votos. Habrá que estar atentos a los próximos movimientos del CNE que indefectiblemente deberán encaminarse a publicar el resultado definitivo de estas elecciones generales, y permitir que el calendario electoral ecuatoriano prosiga de acuerdo a los mecanismos previstos para una segunda vuelta.

Por último, resulta necesario reflexionar sobre el estrepitoso número de votos nulos. Con un 9.55%, ocupan el 5to lugar detrás del candidato revelación Xavier Hervas y superan a 11 candidatos presidenciales. Con más de 1 millón de votos, si en lugar de tratarse de votos nulos se tratara de un partido político, éste se alzaría con dos bancas en la Asamblea Nacional de acuerdo con el método Webster de asignación de escaños que se utiliza en Ecuador. Símbolos de una maquinaria de Lawfare y antipolítica que hace mucho daño al devenir de los pueblos y es necesario desterrar.

*Director de Relaciones Internacionales del Senado de la Nación Argentina y observador electoral acreditado ante el Consejo Nacional Electoral de Ecuador

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