(re)constitución poética – Por autores varios (selección)

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Contexto de Nodal
En septiembre de 2020, apenas un mes antes de que los chilenos decidieran que querían una nueva Constitución diseñada por una Convención Constituyente elegida popularmente, a partir de las Jornadas de Derecho y Literatura de la Universidad Diego Portales presentaron el libro (re)constitución poética, con narraciones y poemas sobre el proceso constituyente a cargo de una docena de autores, poetas, narradorxs, dramaturgxs y docentes.
De ese volumen, que puede leerse completo acá, seleccionamos los textos de Daniela Catrileo, Elicura Chihuailaf y Nona Fernández

Petu mongeleiñ

Por Daniela Catrileo *

Me piden que tome posiciones no i n t e r s t i c i o s
que tome partido por la chilenidad
por la Nueva Constitución por la Patria
y yo me pregunto:
¿Es que acaso no estamos todas revueltas en esta Revuelta?
Un país donde florecen Wüñelfe & Wenüfoye
¿Solo tiene derecho a llamarse CHILE?

Y entonces nosotras las champurria
las mapuche que abominamos
al fantasma J.G que recorre la constitución
que apostamos por la recuperación total y no las migajas
que creemos en otras formas posibles
donde lo P l u r i n a c i o n a l no es más que
un pedazo de kofke
firmamos que no basta con el «apruebo».

Porque los muros dicen otra cosa:
Tati tukulpan zugu inchiney ka ti pu che yeniefi
Witrapaiñ
Wewaiñ
Amulepe tayiñ weichan
Yanakona wigka trewa
Marichiwew
Petu weichatuiñ chew püle mülepaiñ

porque nuestra lengua diaspórica
colectiva porfiada fronteriza mapuchada arremete
desbordando la jurisdicción

Porque somos pre-existentes a la idea de Nación
porque seguimos como Pueblos vivos exigimos:

Kiñe: que nuestro territorio vuelva a ser llamado Wallmapu.

Epu: que se tachen los nombres de las ciudades
bautizadas con genocidas.

Küla: que caigan todos los monumentos coloniales.

Meli: derogar la ley Antiterrorista N°18.314.

Kechu: devolución de Chemamüll Rewe joyas
osamentas vestimentas territorios lenguas.

Kayu: justicia por taiñ pu lamngen asesinados y asesinadas.

Regle: la expulsión de Minera Escondida Ltda, RP Global
Chile S.A, Celulosa Arauco, CPMC, BHP Billiton.

Pura: la renuncia inmediata de jueces, fiscales, políticos
y policías que han participado en los montajes como
Operación Huracán, entre otras.

Aylla: la devolución inmediata de los años que han
pasado en la cárcel en prisión preventiva taiñ pu lamngen

Mari: la destrucción de cada tratado con Israel y de sus
armas contra nuestro pueblo.

Después del cumplimiento de estos puntos
quizás los ríos vuelvan a ser caudalosos
y las huelgas de hambre no serán necesarias

quizás nuestros bosques vuelvan a germinar
y los pájaros nos regalen sus ül entre la niebla

quizás taiñ pichikeche imaginen un porvenir
sin los perdigones en sus cuerpos

quizás aunque siga floreciendo la quila
podamos tener un mañana
donde le diga a mi abuelo petu mongeleiñ
y nuestra lucha valió la pena

* Poeta, profesora de filosofía e integrante del colectivo mapuche feminista Rangiñtulewfü.


Recado confidencial a los chilenos

Por Elicura Chihuailaf *

Del mencionado sentido de totalidad del mundo que nos muestran nuestros antiguos quizás su manifestación más profunda, más intensa, la vivimos en la nombrada e innombrada ternura ejercida desde el gesto, la oralidad de ellos en absoluta complicidad con las flores, los árboles, las plantas, las vertientes, las mariposas, las nubes, la lluvia, los pájaros, los volcanes, las piedras, el fuego, los aromas, las texturas, los colores, las estrellas, la luna y el sol.

Los recuerdos de mi infancia se instalan sobre las manos de mi madre enarbolando hojas y hierbas medicinales. Manos y vegetales sonriendo a mi lado, atribuyéndose la momentánea sanación de mis dolencias.

Si los ríos —me decían— cantan hacia el oriente es que vienen días de Sol; si lloran hacia el poniente es que vienen días de lluvia. Si el kilkil, una lechuza, se hace oír cerca de la casa es que amanecerá con neblina. Si el nvmvn aroma se encierra en el bosque —es allí intenso el olor de las flores y de las hierbas medicinales—, lloverá.

El lenguaje de la naturaleza es un todo claro, transparente. Por ser parte de él, lo es —en esencia— también el lenguaje de los seres humanos. ¿Qué ha ocurrido entonces con la Palabra? ¿Qué sucedió con la melodía Azul del entendimiento, la sabiduría que le da vida?

Si nos referimos ahora a su espíritu y no solo a su forma, ¿podríamos decir que se ha enturbiado en conceptos como superioridad, orgullo, salvaje, conquista, patria? ¿Y sobre todo con el ocultamiento o tergiversación —según sea el caso— de las significaciones, asumidas desde las diversas perspectivas de mundo, de conceptos como civilización, desarrollo y modernidad?

¿Los Estados, las Naciones, que sintieron —sienten— orgullo de la supuesta superioridad de su “raza”, de su cultura, y que emprendieron —emprenden, emprenderán— la salvaje conquista para imponer supremacía en el mundo con su “civilización moderna o postmoderna”, seguirán siendo los “dueños” de la historia?

¿Oigamos como habla el árbol en el fuego de la memoria?

Vinieron con su idioma los conquistadores, aquí se quedaron sus palabras:

Civilización: Conjunto de ideas, ciencias, artes, costumbres, creencias, etc., de un pueblo o raza.

Civilizar: Sacar del estado salvaje (a un pueblo o persona).

Salvaje: Inculto. Persona que se porta sin consideración con los demás, o de manera cruel o inhumana. Violento, incontrolable, o que hace ostentación de fuerza. “Natural de un país no civilizado”.

Cultura: Cultivo en general. Cultivo de las facultades humanas: física, moral, estética, intelectual.

Resultado de cultivar la inteligencia y el sentimiento (Diccionario Actual de la Lengua Española).

“Yo civilizo, nosotros civilizamos”, dijeron. Así los selknam, los aonikenk desaparecieron; los kawáshkar, los yamanas, algunos sobrevivieron. Del escudo de armas del Estado de Chile, ¿Cómo presagio?, en 1819 fueron borrados también los indígenas y la razón de la espada y la evangelización fue trocada por una advertencia: “por la razón o la fuerza”.

Pero, le estoy hablando a usted porque sé, sabemos, que no todos los chilenos son winka—ladrón, usurpador—ni son el Estado chileno, tal como no todos los españoles son el Estado español (usted sabe de los vascos y catalanes). Mas, hay que subrayar, me digo y me dicen, que ahora son los Estados de este continente los que continúan la tarea colonizadora —neocolonialismo lo llaman los especialistas— de la mano del imperialismo estadounidense que, en su acción de guardiana y promotora de la uniformización cultural, ha relevado al imperialismo español de otrora.

En ese contexto no nos parece casualidad que el Estado estadounidense haya hecho su “exclusividad” el ser norteamericano antes y “americano” hoy. Que se abran las puertas del continente, dice, y va “redescubriéndolo” apoyado por los grupos de poder de los Estados nacionales correspondientes, mientras sus vigías gritan: tierra, petróleo, cobre, ríos, bosques.

En tal sentido, me dicen, hay que tener en cuenta que la política al servicio del poder establecido es también un agente “culturizante”, en el entendido de la imposición de una cultura oficial, es decir, desculturizante. Y, junto a ello, que las llamadas sociedades globales sienten un gran temor a que los pueblos “originarios” proyectemos el futuro sobre la base de autopensarnos culturalmente.

Cuando nuestros pueblos levantan las banderas de sus respectivas identidades, los Estados intentan moverlas según sus intereses —a través de sus medios de comunicación y de sus estructuras, educacionales, económicas, comunicacionales, políticas, legislativas: excluyentes—. Surge de ese modo un nuevo dogma: el de la “identidad única” (globalización, la denominan algunos).

La identidad confeccionada como un traje talla única que ajusta nada más a sus escasos elegidos.

Es así como empezamos a oír repetidas alusiones a “lo puro, lo incontaminado, lo auténtico”; en cuya dirección se nos presenta como fósiles, como lo que hay que “conservar en su condición primitiva” porque, según tales mentores, nuestras culturas no serían organismos poseedores de dinamismo. Al contrario de lo que sucede con sus culturas “superiores” que son capaces de mantener la “esencia del espíritu de su civilización” aun haciendo uso de palabras, contenidos y objetos provenientes de culturas ajenas: composer (o compóser), diskette, off-set, compact disc, rouge, lifting, rafting, diet, papers, week end, bungalow, mini o supermarket, driver, discoteque, pub, malí, casting: okey. Automóvil, teléfono, radio, televisión, libro, computador, escáner (scanner), etc.

Si seguimos este razonamiento: lo español, lo estadounidense, lo chileno actual, ¿son auténticamente lo que fueron ayer? ¿tales preguntas son válidas solo en relación con los pueblos considerados “de museos”?

A propósito, ¿recuerda usted que en una feria cultural en España —Sevilla—, Chile concurrió con un iceberg (ice=hielo, berg=montaña)? ¿Será, quizás, un mensaje subliminal o desembozado de representación de la pretendida blancurade este país? ¿Podemos preguntarnos por qué no estuvo allí, coexistiendo con él, una gran piedra —por ejemplo— extraída de la cumbre de la cordillera de los Andes, hermana-hermano mayor de todas las piedras y los hielos de Chile?

Por eso, en este “ethos” ¿latinoamericano? de ciegos y sordos, nuestros Pueblos reclaman su derecho a permanecer.

La fuente de nuestra cultura está viva, me digo y me dicen; por lo tanto los valores que nuestra colectividad considera positivos e indispensables de preservar, en una apropiación activa —en la que queremos proyectarnos— desde una visión de mundo que nos es natural. Apropiación de elementos culturales presentes que dan cuenta de la realidad social y política de las comunidades rurales y urbanas.

“Con todo eso se facilita a los valores espirituales mapuche subir del subconsciente colectivo hacia la superficie de la conciencia cultural de cada uno”, escribió el profesor Alejandro Lipschutz.

* Escritor, poeta, oralitor y traductor mapuche. Premio Nacional de Literatura 2020


Constitución culebra

Por Nona Fernández

Una constitución redactada por la gente. Que nadie se quede fuera de esa escritura. Que podamos entrar a ella como se entra a un malón, aportando con lo mejor que tenemos, con el poquito que sirve. Una constitución escrita en la calle, vinculada a la ciudadanía, que recoja las voces de los muros, de las plazas, de las asambleas barriales, de las ollas comunes. Que tome en cuenta los saberes comunitarios, territoriales, ancestrales, étnicos, corporales, emocionales.

Que busque sus palabras a lo largo de todo Chile. En las aguas que ya no nos pertenecen, en las costas contaminadas, en los ríos y lagos secos, en la flora y fauna que se extingue, en los hielos que se derriten, en los bosques talados una y otra vez por las empresas forestales que ocupan Wallmapu. Una constitución que suene con acentos diferentes. Nortinos, sureños, isleños, patagónicos, desérticos. Que incluya las voces de la ciudad y del campo, de la cordillera y de la costa, de cada una de las regiones. Que sume las de los pueblos originarios, la de los inmigrantes, la de los niños, jóvenes y viejos. Que se escriba en gestos de señas, en lenguaje braille. Que todas y todos puedan comprenderla. Que se redacte con faltas de ortografía, en coa, con chilenismos y garabatos si es necesario. Una constitución disléxica, tartamuda, que hable por todas las voces. Que exprese incluso la de los muertos. Esa consigna cargada de memoria que exige no volver a repetir los errores del pasado. No seguir avanzando hasta no poner punto final a la violencia de estado. No permitir otra vez la impunidad. No permitir otra vez la falta de verdad, justicia y reparación. No aceptar más “la medida de lo posible”, sino que hacer posible lo que es justo y no claudicar en eso. Una constitución que resguarde y garantice el ejercicio y respeto de los Derechos Humanos para todas las personas y comunidades del pueblo chileno. Una constitución que borre la subsidiaridad del Estado. Que lo haga responsable del bienestar y la seguridad social de la ciudadanía, que lo obligue a no delegar en el mundo privado, para que la salud, la vivienda, la educación, el transporte, la cultura, las pensiones, el acceso al agua, no sean un privilegio. Que lo fortalezca para regular el mercado en beneficio de todas y todos. Que lo vuelva Plurinacional, garante de los derechos de los pueblos originarios. Una constitución antirracista. Una constitución anticlasista. Una constitución anticlerical. Una constitución ecologista. Que vele por el planeta, que consagre los derechos de la Tierra por sobre el mercado y la producción. Una constitución sin género. Que legitime la diversidad y disidencias sexuales. Una constitución marica, homosexual, trans, no binaria. Sin límites ni fronteras de ningún tipo. Híbrida, líquida, movible, que no se encripte en sí misma, que pueda modificarse tantas veces sea necesario según los movimientos del pueblo al cual organizará. Una constitución culebra. Que cambie la piel, que se renueve, que repte con el corazón en la tierra, a la altura de todas y todos, siguiendo nuestros pasos, sucia, cochina, llena de barro. Una constitución feminista. Donde las mujeres, que somos más del cincuenta por ciento del país, tengamos posibilidades reales de participar paritariamente en su redacción. De desplegar en ella nuestra mirada inclusiva, colaborativa, transversal.

Una mirada que incluye la reflexión sobre todos los problemas de precarización de la ciudadanía, porque ahí donde hay uno, hay un grupo de mujeres sufriéndolo y pensándolo. Una constitución que desarticule la discriminación y la violencia de género. Que establezca la autonomía de las mujeres y que garantice el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Una constitución que corra los límites de lo posible, desobediente, creativa, porfiada, que proponga e imagine un mejor futuro, como ha hecho el feminismo desde siempre.

Una constitución cariñosa, convocante, que nos devuelva la pasión y las ganas de participar. Que nos entregue las herramientas vinculantes para habitar una verdadera democracia participativa donde sintamos que nuestra opinión, nuestros deseos y nuestras problemáticas, son importantes. Una constitución que nos dé el espacio para ser protagonistas de nuestra propia historia y no que una vez más, como siempre, sintamos que la historia nos la escriben. Una constitución pensada por la ciudadanía. Redactada por una Asamblea Constituyente Paritaria y Plurinacional. Y firmada, por supuesto, no por la presidencia de la república, sino que por el pueblo de Chile.

* Actriz, escritora y guionista.
En 2017 recibió el premio Sor Juana Inés de la Cruz por su novela “La dimensión desconocida”.

 


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