Elecciones 2021 en Perú: ¿Estado pluricultural y descentralista? – Por Vicente Otta Rivera

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Vicente Otta Rivera *

Escenario ideal: sin izquierda, derechizar la sociedad

La reacción peruana y continental quiere una segunda vuelta entre Johnny Lescano y López Aliaga, la izquierda como convidada de piedra. La meta, derechizar la sociedad y que el Grupo de Lima siga operando como bastión neoliberal.

En momentos en que las terribles consecuencias de la pandemia Covid-19, afectan la salud, ingresos y alimentación de la población nacional, generando masivas pérdidas humanas e incertidumbre y angustia sobre su futuro inmediato, los actores políticos y mafias en los medios de comunicación, se dedican a disputarse las coimas y dividendos electorales.

Qué duda cabe que detrás de la campaña de zozobra y temor  que fabrica Willax TV, se esconde la manipulación de los que no han sido elegidos como proveedores en esta primera etapa de vacunación, que significan cientos de millones de dólares. Al típico estilo mafioso, si no les compran a sus patrones arman sucias y agresivas campañas de desinformación y terror.

Es lo que hemos visto los últimos 15 días en la campaña contra Sinofarm y el gobierno de Francisco Sagasti.

La incapacidad del gobierno para reaccionar con un mínimo de autoridad es realmente patética. En situación de emergencia nacional los causantes de pánico y atentados contra la salud y la tranquilidad pública van presos y, el medio TV, clausurado. Pero en el Perú de Sagasti, no. A los mafiosos y terroristas mediáticos, ni con el pétalo de una flor.

La emergencia de los milenials

La pandemia desnudó las miserias de 30 años del modelo neoliberal y la ineficacia y corrupción de los gobernantes. Martín Vizcarra resume el tipo de gobernante que tenemos: inepto, corrupto e indolente. Cifras reales señalan 100 mil muertos por Covid-19 durante su gestión. El triste final de Vizcarra y los ministros que se vacunaron a espaldas de la población, refleja la miseria moral en que hemos caído como país.

Reservas éticas y políticas existen. Las masivas y enérgicas protestas callejeras de la quincena de noviembre para impedir que se consume el asalto presidencial de Merino y compañía, constituye la reacción ciudadana más importante de los últimos 20 años. Contra la podredumbre y la corrupción, los Milenials en todo el país, dijeron ¡NO!

Las fuerzas progresistas no logran entender el particular momento político que se abre con estas movilizaciones y su desenlace. No ven la fisura abierta en el edificio neoliberal construido por Fujimori y su Constitución de 1993.

Que se puede abrir el camino al cambio constitucional pues en el proceso de movilizaciones y sensibilización de la lucha callejera, esta consigna empezó a levantarse y ganar legitimidad.

Materializar esta oportunidad implica una intensa labor de sensibilización de la opinión pública nacional, la difusión del significado de este cambio: soberanía nacional, estímulos al mercado nacional, asunción de responsabilidad del estado frente a la salud, educación, vivienda y otros servicios básicos. En otras palabras, pasar del limosnero chorreo a los derechos ciudadanos: políticas sociales amplias, políticas públicas interculturales que atiendan al ciudadano como obligación del estado.

Esto implica la ruptura del pacto populista conservador de, “yo presidente, te doy regalos y chorreos y tu elector me apoyas con tu voto y me dejas gobernar tranquilo”. Cheque en blanco a cambio de algunas migajas con trampa: Colegios emblemáticos, empleo temporal en mantenimiento de carreteras, parques; los llamados programas focalizados que se extienden hasta la actualidad: qali warma, Beca 18, Pensión 65, etc.

Afianzar y ampliar la practica ciudadana, es la tarea impostergable que había y hay que desarrollar.

Con esta orientación y con el objetivo de lograr una constitución republicana, democrática y a tono con el siglo XXI, las potencialidades desplegadas en este breve pero intenso periodo de despertar ciudadano, abría el momento constituyente. La lucha abierta por el cambio de la constitución de 1993.

Era tal la fuerza que había logrado esta consigna que hasta candidatos de derecha (Y. Lescano) y centro derecha (J. Guzmán) incluían el cambio de la constitución en su discurso.

Cambio constitucional como expresión del cambio de correlación de fuerzas 

Una constitución es el resultado de una correlación de fuerzas determinada y expresa los intereses de quienes han alcanzado la hegemonía en la sociedad. Así, la constitución de 1979 es producto de las reformas sociales y económicas (algunas de carácter irreversible) que realizó el velasquismo y que tuvieron que ser incluidas en esta constitución. Progresista, de importantes logros sociales: Reforma Agraria, Ley de comunidades nativas, quechua, idioma oficial, voto al analfabeto, entre otros; y expresa la derrota y retroceso de las fuerzas oligárquicas y terratenientes.

Esta constitución revela uno de los pocos momentos en que la izquierda sintonizó con los requerimientos de la nación y la historia.

La de 1993, es la otra cara de la moneda. Se produce como consecuencia de la profunda derrota del movimiento popular, de las fuerzas democráticas y la izquierda. El terrorismo de Sendero Luminoso, así como su respuesta, el terrorismo de Estado que propicia Fujimori, van a lograr liquidar las organizaciones sociales y la muerte de los dirigentes populares, hasta producir la desmovilización y fragmentación de la sociedad. La eliminación de la sociedad política y de la incipiente ciudadanía que se desarrollaba.

Es sobre esta derrota social-popular, que se establece una correlación de fuerzas conservadora. Se rompe el empate catastrófico instalado en la década del 70.  El populismo conservador que instala Fujimori rompe este empate configurando una sociedad fragmentada y capturada por el modelo y el sentido común neoliberal. El Sálvese quien pueda y el culto al dios mercado, con base social popular.

Las inesperadas y espontáneas movilizaciones de noviembre del 2020 llegaron a expresar el hartazgo de los peruanos frente a casi 30 años de modelo neoliberal, que produjo un espejismo de progreso, que la derecha y sus medios presentan como realidad. En esos días este espejismo se hizo trizas y podía devenir en discurso crítico alternativo. Esa era y sigue siendo la tarea de las fuerzas democráticas.

Elecciones generales y  acumulación de debilidades

La dinámica política del país, en las últimas semanas, parece haberse reducido al proceso electoral del 11 de abril. La opción del cambio constituyente se evapora en efluvios y emociones de los cargos y curules que vendrán a partir del día 28 de julio. En momentos de aislamiento y debilidad hasta sectores derechistas aceptaban revisar la cuestión constitucional. Ahora, pasado el susto y la débil presencia electoral de la izquierda, este objetivo no tiene presencia contundente.

Pero las fuerzas siguen fluyendo en las tendencias políticas de fondo, tanto local como global. Por eso es indispensable mantener con firmeza la opción del cambio constitucional, no dejar que las elecciones subsuman todo el quehacer político. La correlación de fuerzas no se cambia solo ni principalmente en el terreno electoral. En el enfoque gramsciano hay que producir esta acumulación en todos los terrenos de la sociedad, especialmente en el terreno de las ideas y la cultura, en este periodo inmediato.

Los últimos 30 años la hemos pasado acumulando debilidades, no fuerzas. Es hora de revertir esta tendencia.

El escenario mundial es de convulsión y cambio. El ocaso de la hegemonía USA es un hecho ya irreversible, al igual que la configuración de un mundo multipolar con China y Rusia como fuerza gravitante.

La ferocidad de los ataques de EE.UU y la reacción continental se intensifica ante el reagrupamiento del progresismo: retorno al gobierno del MAS en Bolivia, inminente triunfo de Arauz en Ecuador, permanencia del chavismo en Venezuela, y Fernández en Argentina, mientras que Cuba y Venezuela continúan encabezando la lucha por la dignidad y autonomía de los pueblos de América.

Conspiraciones y bloqueos criminales contra estos países forma parte de su desesperada estrategia de defender el tambaleante poder imperial.
Retomar UNASUR para perfilar la presencia de una América Latina con protagonismo propio en el mundo multipolar en curso.

Engarzar la lucha nacional con este escenario multipolar en desarrollo

En circunstancias en que la enfermedad, el hambre y la miseria agobian a millones de peruanos desesperados por salud y pan, es un grave error perfilar una campaña electoral aséptica, corrida al centro, “para no generar el rechazo de la reacción. No polarizar el país”.

Cuando es precisamente polarización lo que los pobres y desesperados reclaman. Polarización como expresión y consecuencia de demandas urgentes e impostergables, que solo serán satisfechas derrotando a las fuerzas reaccionarias. A los descendientes de encomenderos y burocracia colonial, que Reorganizados y reciclados con el fujimorismo y el neoliberalismo no ceden un ápice de su poder ni un puñado de su riqueza para satisfacer necesidades elementales de la población peruana. Tienen que ser derrotados para arrancarles lo que la nación necesita.  En este mundo globalizado y en feroz pugna por un nuevo orden, las luchas nacionales son parte de la corriente continental y mundial de justicia y liberación.

Constitución Pluricultural y Descentralista y programa de emergencia nacional

El Bicentenario, por ironías de la historia, nos encuentra, como país, tal como cuando se fundó el estado criollo, semicolonial, en 1821: fragmentado, en crisis y con la exclusión de la gran mayoría de peruanos de servicios de salud, educación, trabajo. En la actualidad los informales se calculan en 70%, en esta condición. En 1821, la población excluida era más o menos, 80-85%  de la población total. No hay un gran cambio realmente.

La construcción de este Estado Pluricultural y Descentralista, es lo que permitirá integrar y cohesionar al país, terminar con el descoyuntamiento social, cultural y territorial que el poder político español y su visión eurocéntrica, produjo para desgracia del Perú y los peruanos.

Pero primero hay que detener la descomposición social y la crisis política. Un programa de emergencia nacional para responder y revertir la crítica situación del país:

Gobierno para la emergencia nacional, medidas inmediatas

1.  Plantas de oxígeno y clínicas bajo control del estado mientras dure la emergencia. Ni un peruano más muere por falta de oxígeno o cama UCI
2.  Ingreso temporal con trabajos en municipios, gobiernos regionales: mantenimiento y limpieza de carreteras, puentes, parques y jardines. Todo el año 2021
3.  Crédito a la agricultura familiar y la pequeña y mediana agricultura
4.  Cobranza coactiva inmediata a las deudas-SUNAT de más de 1 millón de soles
5.  Impuesto solidario a la riqueza. Toda fortuna superior a 5 millones de soles,        pagará por esta única vez, un impuesto solidario del 10%
6.  Confiscación de todos los bienes de los sentenciados por corrupción y lavado de activos

* Sociólogo de la Uiverdiad Mayor de San Marcos, analista en diversos medios peruanos e internacionales


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