Puerto Rico y el ataque al Congreso de Estados Unidos – Por Luz Nereida Lebrón, especial para NODAL

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Luz Nereida Lebrón *

El 1 de marzo de 1954 los puertorriqueños Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irvin Flores y Andrés Figueroa entraron a la sala de la Cámara de Representantes del  Congreso de Estados Unidos  y Lolita Lebrón enarboló la bandera puertorriqueña y al grito de !Viva Puerto Rico libre! comenzaron a disparar. El saldo de esta acción fue que los cuatro atacantes los condenaron a 25 años de prisión y  cinco congresistas heridos.  El propósito de este ataque fue denunciar la situación colonial de Puerto Rico que desde 1898 fue ocupada por Estados Unidos. Además, los manifestantes querían denunciar el hostigamiento y persecución de los Estados Unidos al sector independentista. Lolita Lebrón dijo en ese entonces: “Yo no he venido a matar nadie, yo vine a morir por Puerto Rico”. La fecha fue escogida para repudiar el hecho de que había sido el 1 de marzo de 1917, cuando el Congreso de los Estados Unidos le impuso la ciudadanía americana a los habitantes de la Isla.

El pasado 6 de enero, el Congreso de Estados Unidos se reunió para llevar a cabo un acto protocolar en el que certificarían los resultados de las elecciones generales celebradas el pasado 3 de noviembre en las cuales salió victorioso JoeBiden. En el fin de semana, el saliente presidente, convocó por las redes sociales a sus seguidores: “Gran protesta en DC el 6 de enero. ¡Estén presentes, será salvaje!”. El objetivo era que sus seguidores pudieran presionar a los congresistas a no certificar la victoria de Joe Biden. Miles de seguidores de Donald Trump, enardecidos por las acusaciones de fraude electoral, rodearon el Capitolio, traspasaron violentamente los cordones de seguridad, rompieron ventanas, lanzaron gas pimienta, se robaron objetos y colocaron banderas en las estatuas del Capitolio. Extrañamente, sin que la policía pudiera detenerlos, los manifestantes ocuparon todo el edificio. Algunos policías del Capitolio se tomaron selfies con los manifestantes.  Los seguidores de Trump siguieron las instrucciones de su líder “Hay que mostrar fuerza y hay que ser fuerte. Tenemos que ir a pedir que el Congreso haga lo correcto y sólo cuente a los electores registrados legalmente” y convertir el escenario en uno “salvaje”. “Si no pelean como el demonio, ya no van a tener un país. Dejen que los débiles se vayan. Esta es la hora de la fuerza”, estas eran algunas de las consignas instigadoras de Trump. El golpe de estado alentado por Donald Trump tuvo un saldo de cinco muertos, policías heridos y más de 50 detenidos.

El sagrado recinto de la democracia había sido profanado por una turba azuzada por un presidente que no  aceptó su derrota electoral. Algunos medios de comunicación, tratando explicar lo inexplicable, buscaban referentes y, aunque el Congreso de los Estados Unidos ha sido atacado cuatro veces, recordaron la fecha del 1954, año en que cuatro puertorriqueños llegaron al mismo recinto de la democracia para denunciar el estado colonial de Puerto Rico.

Los puertorriqueños que asaltaron el Congreso denunciaron la situación colonial de Puerto Rico fueron condenados a cumplir penas de cárcel lo más largas posibles. Hay que recordar que la fiscalía solicitó para ellos la pena de muerte. Uno de los manifestantes, Cancel Miranda, fue condenado a 80 años de prisón y fue el único que destinaron a la prisión federal de Alcatraz. Luego de una fuerte presión internacional, en el 1979 fueron liberados.

Los sucesos del 6 de enero fueron protagonizados  por manifestantes blancos que quisieron fracturar los valores democráticos con mucho resentimiento y enojo. Es evidente que en los Estados Unidos todos los ciudadanos  americanos no son poseedores de los mismos derechos. Recordemos en  el verano pasado las protestas del movimiento Black Lives Matter donde vimos imágenes de las multitudes que desfilaban silentes que fueron reprimidas por contingentes policiales. En cambio, sería impensable ver esas mismas multitudes acercarse a las escaleras del Capitolio para desafiar la policía. La respuesta no sería la misma que hubo con los manifestantes blancos que fueron escoltados hasta la salida por policías muy pacientes y flexibles.

Llama la atención, que solo hubo poco más de 50 arrestos y que ya algunos gozan de su libertad. ¿Será la justicia tan implacable como lo fue con los nacionalistas puertorriqueños del 54? ¿O será que estos manifestantes blancos son los que realmente tienen todos los derechos que le otorga su ciudadanía?¿Por qué los manifestantes blancos son vistos como patriotas, los puertorriqueños como terroristas y los afrodescendientes como una amenaza?  Juzgue usted.

* Investigadora, profesora y escritora de Puerto Rico 


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