Cuba | Perspectiva estratégica en la gestión de la Covid-19 – Por Magda Luisa Arias Rivera

Ernesto Mastrascusa
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Por Magda Luisa Arias Rivera*

Desde enero de 2020, el Consejo de Ministros aprobó un Plan para la Prevención y Control del Coronavirus. Por eso cuando el 11 de marzo se detectó el primer caso, estaban creadas las condiciones organizativas y materiales imprescindibles. El gobierno convocó a todos en función de ofrecer una respuesta social, científica, política y sanitaria capaz de enfrentar el desafío que la pandemia representa.  Es evidente que cada país, con independencia de su nivel de desarrollo, solvencia económica, capacidades científicas y solidez empresarial, ha actuado y utilizado modelos de gestión diferentes. Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, al intervenir en evento paralelo al Foro Político de Alto Nivel sobre Desarrollo Sostenible 2020 planteó: “La respuesta a la crisis del COVID-19 requiere de un nuevo pacto social por un régimen de bienestar más inclusivo”.

La pandemia ha evidenciado las brechas estructurales en materia económica, de protección social y de salud que arrastran América Latina y el Caribe. Las características de Cuba condicionan su respuesta a la pandemia. Su ubicación geográfica y condición insular; su sistema político y social; las formas de organización del Estado y de la sociedad civil, así como la situación de su economía en el momento en que sobrevino la crisis sanitaria, han determinado la consolidación de un modelo autóctono de gestión de crisis. El modelo de gestión tiene en cuenta elementos y peculiaridades de un pequeño país en desarrollo, insertado en un mundo interconectado y globalizado; víctima de un férreo bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos; que busca proporcionar el mayor nivel de justicia y bienestar posible a sus habitantes, en circunstancias muy adversas.  

Entre las fortalezas para enfrentar la crisis sanitaria y lograr una gestión avanzada destacan: la consagración de profesionales altamente calificados y comprometidos, muchos de ellos con experiencia internacional; la existencia de un sistema de Salud Pública universal, gratuito, inclusivo, sostenido por un sistema de atención primaria consolidado; la disponibilidad de infraestructura sanitaria y de universidades; la asignación presupuestal del Estado para financiar los gastos de salud y de asistencia social; la industria médico-farmacéutica nacional con productos innovadores, y un potencial científico con capacidad de respuesta a disímiles contingencias. Todo el conocimiento acumulado en el caso de la medicina de desastres y control de la propagación de enfermedades, plagas y epidemias, asociada además al derecho humanitario se ha convertido en una herramienta válida para la gestión de la actual crisis sanitaria. Sin embargo, no se agota en su ejercicio, sino que incluye, la documentación de las nuevas experiencias adquiridas dentro de la crisis, para incorporarlas como parte de los mecanismos de crecimiento organizacional que mantienen la resiliencia.

La proyección internacional de la estrategia de gestión es ante todo de carácter solidario, valor altamente demandado en una era de bancarrota del modelo neoliberal globalizado. Fidel Castro hizo de la solidaridad un valor esencial de la cultura y la política exterior cubanas.  Como los frágiles equilibrios globales carecían de organización y de coordinación en América Latina y el Caribe se deben definir y establecer mecanismos que permitan poner las capacidades existentes al servicio de las sociedades, pensar un plan común de acción, diseñar mecanismos innovadores, convocar a las agencias de cooperación a movilizar recursos a favor de políticas públicas que protejan y refuercen los sectores estratégicos, defender derechos básicos y crear un Fondo Mundial de Emergencia.

Por eso, al intervenir en la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el entonces presidente Raúl Castro insistió en la necesidad de establecer un nuevo paradigma de cooperación regional e internacional, adaptado a nuestras realidades, basado en los principios del beneficio común y la solidaridad, que tome en cuenta las mejores experiencias desarrolladas en los últimos años por los países de la región y por las organizaciones latinoamericanas y caribeñas de integración que a lo largo de los años ya han trazado un camino.

Las posiciones defendidas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) cuentan con el respaldo de Cuba, cuyo Ministro de Comercio Exterior Rodrigo Malmierca, declaró: “La región continúa apostando por un multilateralismo renovado y fortalecido, desalentando las posiciones proteccionistas o nacionalistas extremas, rechazando la toma de medidas coercitivas unilaterales (…) Debemos identificar nuestras potencialidades y trabajar con mayor agilidad y flexibilidad en la identificación de oportunidades, proyectos conjuntos y el intercambio de experiencias exitosas aprovechando la amplia experiencia de la región para llevar a cabo iniciativas mediante la cooperación Sur-Sur y triangular”.

Cuba ha puesto toda la experiencia nacional a disposición de la comunidad internacional, por vocación propia y como respuesta al llamado del Secretario General de la ONU.  El Ministerio de Salud Pública (MINSAP) de Cuba publicó el Protocolo de actuación nacional para la COVID-19 (MINSAP, 2020) y la Estrategia seguida. Siete científicos cubanos fueron elegidos como expertos para integrar el Grupo Asesor del Panel de Interacademias (IAP) y 45 brigadas del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve” brindan colaboración en 38 países y territorios, con 3772 integrantes, de ellos 2399 mujeres, que han atendido 255 372 pacientes, y salvado más de 8 000 vidas. Además, hay otros 28 000 colaboradores de la Salud que en 58 países se han incorporado a los esfuerzos nacionales y locales en el combate a esta enfermedad y han atendido más de 83 268 pacientes de la COVID-19 y salvado 13 636 vidas hasta el momento.

Convencida de que es tiempo de actuar y de movilizar la voluntad de los que tienen la responsabilidad de hacerlo, la Isla, desde una visión humanista, responde a solicitudes de cooperación sin detenerse a evaluar coincidencias políticas o ventajas económicas. Comparte medicamentos, personal de la salud y aporta sus experiencias. Mientras, el gobierno de Estados Unidos persigue la adquisición de recursos para enfrentar la pandemia y presiona para impedir el despliegue solidario de Cuba, desacreditar a sus profesionales y bloquear la posibilidad de que por algunos de los servicios prestados, ingresen recursos al país. Al impedir que los médicos o medicamentos cubanos lleguen a otros pueblos, pues promueven un paradigma de atención sanitaria y de comercialización de servicios, medicinas e insumos de salud contrario a sus intereses.

Las claves del éxito alcanzado por Cuba al mantenerse en el mejor escenario posible tienen una relación directa con la evaluación acertada del escenario y de sus fortalezas y debilidades ante el mismo. También cuentan la adopción inmediata del protocolo de contención, el diálogo abierto, la colaboración interinstitucional e intersectorial, la participación interdisciplinaria, el despliegue de un trabajo intenso para acelerar las respuestas, una activa comunicación pública, un amplio compromiso ciudadano evidenciado en la activa participación popular y de jóvenes estudiantes y trabajadores, así como la práctica de la solidaridad y la cooperación internacional.

*Profesora Titular, Centro de Estudios de Técnicas de Dirección (CETED), Universidad de La Habana


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