Recambio generacional tras la salida de Raúl Castro: ¿hacia dónde irá el socialismo cubano? – Por Gerardo Szalkowicz

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Gerardo Szalkowicz – Editor de NODAL.

El 16 de abril de 1961, Fidel Castro proclamaba el carácter socialista de la revolución cubana. Justo 60 años después, se da un paso significativo en el paulatino recambio generacional que experimenta la isla en los últimos tiempos: una nueva conducción política asume las riendas del Partido Comunista de Cuba y su hermano Raúl abandona la jefatura, con lo cual, por primera vez en seis décadas, el omnipresente organismo que dirige el rumbo estratégico del país no estará liderado por un Castro.

Desde el viernes hasta este lunes se realiza en el Palacio de Convenciones de La Habana el VIII Congreso del PCC, que desde 1975 se reúne cada cinco años para trazar la hoja de ruta. Con una asistencia reducida por la pandemia a 300 delegados y delegadas, la agenda del encuentro está marcada por la evaluación de las reformas económicas, el impacto del mayor acceso a Internet y la formación de nuevos cuadros, aunque se roba todas cámaras el relevo de Raúl Castro de la primera línea y la consolidación de una cúpula de dirigentes nacidos después de la Revolución.

“Concluye mi tarea con la satisfacción de haber cumplido y la confianza en el futuro de la Patria, con la meditada convicción de no aceptar propuestas para mantenerme en los órganos superiores de la organización partidista, en cuyas filas continuaré militando”. Así se despedía Raul Castro, a tres años de delegar la presidencia en Miguel Díaz-Canel, luego de 10 al frente del partido y a poco de cumplir sus 90.

La decisión era esperable. Él mismo impulsó en 2016 una reforma que estableció el límite de dos mandatos de cinco años y se fijó el tope de 70 años de edad para los cargos de dirección del partido. Sin embargo, la retirada de la “generación histórica”, y su carga simbólica, abre un manojo de interrogantes sobre el porvenir del proceso: ¿Esta transición generacional podrá aceitar la lenta actualización del modelo económico iniciada hace una década, marcada por la apertura al sector privado y a la inversión extranjera? ¿Abrirá las puertas a una renovación institucional que corrija su anacronismo y permita el pluralismo político? ¿Logrará interpelar a una juventud mayormente desencantada, despolitizada y que tiene naturalizado el acceso universal a salud y educación? En definitiva, ¿hacia dónde irá el socialismo cubano?

El período transicional se da en un momento demasiado espinoso, en medio de una pandemia que profundizó la crisis económica mundial y nacional, con el turismo parado y luego de un fuerte recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos. “Cuba está cambiando toda su estrategia de desarrollo, un cambio importante en todos los órdenes de la vida, mientras atraviesa una de sus peores crisis. Son los años más críticos después del período especial de los ´90. Todavía la mayoría de la población sigue respaldando el proceso, pero habrá que ver cómo se logra surfear todo un acumulado de cosas sin resolver, por lo tanto es un gran desafío asumir el cambio generacional en medio de este mar de problemas”, describe desde La Habana Alcides García, comunicador e integrante del Centro Memorial Martin Luther King.

El contexto también incluye lo que la intelectual cubana Ivette García González describe como “ampliación del malestar social y el espectro crítico”. En los últimos años emergieron algunos grupos opositores, artistas y youtubers, cohesionados desde la masificación del internet móvil en 2018 aunque altamente sobredimensionados por la prensa internacional y, al menos por ahora, sin un proyecto contra-hegemónico articulado. “Hay grupos radicales más pegados a EE.UU. como el Movimiento San Isidro y otros como la Articulación Plebeya que expresan más genuinamente ciertos niveles de descontento acumulado principalmente en los jóvenes –explica García–. No tienen una gran capacidad de organización ni incidencia, por lo cual sería una falacia hablar de oposición, pero por primera vez aparecen estas representaciones con las cuales el gobierno debería tender puentes de diálogo”.

Otra incógnita abierta es la estrategia que se desplegará desde Washington. Este viernes, Raúl Castro dijo que el gobierno “ratifica la voluntad de fomentar el diálogo respetuoso con EE.UU., sin concesiones inherentes a su soberanía e independencia”. Pero la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, le bajó el pulgar: “Un cambio en la política hacia Cuba no está ahora entre las prioridades del presidente”. Biden había prometido en campaña revertir la política de Trump, quien aplicó más de 240 sanciones contra Cuba y tiró por la borda el histórico proceso de deshielo entablado con Obama. Según el gobierno cubano, el año pasado el bloqueo causó un récord de pérdidas, que en seis décadas ya ascienden a más de 144 mil millones de dólares.

El futuro inmediato de Cuba estará marcado por la llegada de las vacunas Soberana 02 y Abdala, que ya se encuentran en fase tres de testeo y serán las primeras contra el Covid-19 creadas en Latinoamérica. En el horizonte, en la proyección de largo aliento, una nueva generación dirigente tiene el desafío de reconfigurar el modelo sin bajar las banderas de la revolución. De tener sentido del momento histórico para, como pregonaba Fidel, “cambiar lo que deba ser cambiado”.

 

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