Derrota del socialismo del siglo XXI en Ecuador – El Periódico, Guatemala

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El domingo pasado, se llevó a cabo la segunda vuelta electoral (balotaje) entre los presidenciables Guillermo Lasso, postulado por el Movimiento Creando Oportunidades (CREO), y Andrés Arauz, postulado por la Unión de la Esperanza (UNE de Ecuador). El resultado de los comicios favoreció al candidato Lasso, un empresario y banquero ecuatoriano.

El presidenciable Arauz representó al “correísmo”, es decir a la fuerza política liderada por el expresidente Rafael Correa (2007-17), quien es convicto de la Justicia ecuatoriana a raíz de que fue condenado ‘in absentia’ a 8 años de cárcel por corrupción y actualmente se encuentra prófugo en Bélgica. Arauz llama a Correa su mentor y prometió que sería su principal asesor.

Correa, durante su Presidencia, abanderó en Ecuador y a nivel regional el denominado socialismo del siglo XXI, una suerte de neomarxismo pragmático, y su gobierno se unió a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que es una organización internacional de ámbito regional, fundada en 2004 por el exdictador venezolano Hugo Chávez (1999-2013), conformada por gobiernos afines de América Latina y el Caribe, y concebida como un movimiento socialista chavista revolucionario.

En su momento, los regímenes populistas autoritarios de Hugo Chávez (Venezuela), Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia), Lula da Silva (Brasil). Manuel Zelaya (Honduras), Daniel Ortega (Nicaragua) y Cristina de Kirchner (Argentina) formaron un eje político bolivariano, que tuvo repercusiones tremendamente negativas en América Latina.

Durante su visita a Guatemala, en agosto de 2014, Correa fustigó a la prensa independiente, ratificando con ello su marcada intolerancia, enarboló la bandera de la reelección presidencial indefinida, justificando la concentración y perpetuación en el poder, así como criticó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, confirmando su menosprecio por el derecho internacional de los DD.HH.

En todo caso, cabe recordar que el ALBA trató de implantar el socialismo del siglo XXI en Guatemala bajo el régimen de Álvaro Colom (2008-12), de corte populista autoritario, durante el cual se duplicó la deuda pública, se despilfarró a manos llenas en “clientelismo político”, se cooptó el Poder Judicial, se reprimió brutal y cobardemente a la prensa independiente, se recurrió a las “turbas clientelares” como mecanismo de terror de Estado, se atacó, mediante intimidación y violencia, a críticos, disidentes y opositores, se echó mano del “terrorismo fiscal” para debilitar la resistencia en contra de la opresión, se saquearon las arcas nacionales y municipales, se trasegó dinero en efectivo a través del Protocolo del Aeropuerto La Aurora, así como se recurrió al financiamiento electoral ilícito y se echaron a andar innumerables negocios irregulares. Por otro lado, el régimen de Colom, cuyo partido oficial era la UNE (de Guatemala), intentó, con ahínco, incorporar a nuestro país al programa Petrocaribe, que es la alianza petrolera con el bolivarianismo venezolano. Estas son algunas de las “cosas gruesas, pero gruesas” que, como afirma el diputado de la UNE (de Guatemala) Mario Taracena, ocurrieron durante el régimen de Colom.

Por cierto, los candidatos presidenciales postulados por la UNE de Guatemala han sufrido derrotas apabullantes en las elecciones presidenciales celebradas en 2011, 2015 y 2019, lo que ha impedido a su dirigencia reconquistar el poder político. Sin duda, esto denota que la población guatemalteca aprendió de la experiencia negativa del bolivarianismo.

Sin duda, después de 14 años de “correísmo”, el Ecuador tendrá una nueva oportunidad de retomar el camino de la libertad, la democracia y el derecho.

El Periódico

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