Desafíos de la educación pública frente a la pandemia en Brasil – Por Fátima da Silva, especial para NODAL

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Por Fátima da Silva *

Las elecciones presidenciales brasileñas de 2018 le dieron el poder máximo de la República a un
grupo político de extrema derecha que hoy está representado por la figura nefasta de Jair Bolsonaro. Es un gobierno que tiene gran presencia militar en amplios segmentos de su gestión, además de la participación activa de los peores movimientos religiosos relacionados con iglesias evangélicas neopentecostales. En el ámbito económico se apoya en políticas neoliberales privatizadoras, de gran austeridad fiscal y de ataques sistemáticos contra los derechos sociales consolidados en nuestro deficiente Estado de Bienestar Social.

Inmediatamente después de asumir el gobierno, Bolsonaro eligió a la educación y a los educadores como enemigos para perseguirlos y atacarlos. Su programa educativo se basó, desde el principio, en dos pilares; uno es la defensa de lo que en Brasil se conoce como movimiento “Escuela sin Partido” y el otro es la implantación de un proyecto de militarización de las escuelas y de la educación. El primero se refiere a un movimiento que protesta contra lo que se llamó “adoctrinamiento político, ideológico y religioso”, supuestamente practicado por los profesores brasileños, en el marco de nuestros centros educativos. El segundo representa un esfuerzo gubernamental del actual mandatario brasileño para transferir la gestión administrativa y pedagógica de escuelas civiles de Brasil a las fuerzas militares del país.

Al llegar la pandemia de COVID-19, en marzo de 2020, estando ya en el segundo año de mandato
del Gobierno de Bolsonaro, los sistemas educativos brasileños, que en la educación básica pública del país están vinculados predominantemente con los entes subnacionales (Estados y Municipios), decidieron cesar las actividades presenciales de los alumnos en los centros educativos. Los docentes comenzaron a ejercer su actividad laboral mediante el trabajo remoto, agravando aún más las históricas desigualdades sociales, regionales y económicas de nuestra población, que se manifestó muy claramente en la dificultad de acceso a recursos de internet y de equipos de comunicación por parte de las familias de los alumnos y también de muchos educadores.

La exclusión de grandes segmentos de la sociedad del ejercicio de su derecho a la educación fue significativa. El gobierno fascista de Bolsonaro, frente a ese grave cuadro social, no hizo nada para, al menos, proponer algún proyecto de mitigación de esos daños. Al contrario, la gestión educativa del gobierno Bolsonaro, que en poco más de 2 años ya tuvo 4 ministros de educación, nunca concedió una audiencia, y ni siquiera recibió para una conversación, a ninguna entidad del movimiento educativo brasileño. Brasil, que había tenido, en los gobiernos de Lula y de Dilma, espacios importantes de diálogo social con las entidades de la sociedad civil, en todas las áreas de políticas públicas brasileñas, dejó de escuchar a las entidades educativas en todos los esfuerzos de acuerdo.

El resultado de ese sectarismo del gobierno de Bolsonaro produjo una unidad aún mayor de las
entidades educativas brasileñas, que se articulan en el Foro Nacional Popular de Educación (FNPE). Con propuestas políticas contundentes contra el aumento del fascismo en el país y sus amenazas diarias a nuestra propia democracia, el FNPE se ubicó contra la presión cada vez mayor del sector privado educativo brasileño. Si por un lado ese sector ejerce fuerte presión para retornar a las actividades escolares presenciales, por otro, se articuló a favor de los intereses mercantiles que avanzan sobre los recursos públicos de la educación del país, aún en tiempos de pandemia. Los dueños globales de plataformas digitales de educación remota nunca ganaron tanto dinero como ahora, en una política articulada con las acciones del gobierno Bolsonaro.

Con la falta de acceso al internet y a los medios computacionales necesarios para promover la enseñanza remota, los desafíos de la educación brasileña también se suman a la ausencia de formación profesional de los docentes para usar esos recursos tecnológicos. La postura negacionista de Bolsonaro y de miembros del actual gobierno federal del país frente a la pandemia agravó la situación epidemiológica de Brasil, transformando las campañas de defensa de la vida y de la vacuna, contra la reapertura de los centros educativos, en la principal lucha del movimiento sindical de los trabajadores de la educación. Los movimientos contra el proyecto educativo mercantil y privatista ya eran grandes desde la llegada de Bolsonaro al gobierno, y con la pandemia ese cuadro recrudeció aún más. El ejercicio de la profesión de docente en el país, que ya era penoso y arduo debido a las condiciones precarias históricas de las escuelas brasileñas, se transformó en algo hercúleo frente al cuadro de la pandemia y del gobierno fascista.

* Profesora, Secretaria General de la Confederação Nacional dos Trabalhadores em Educação (CNTE/Brasil) y
Vicepresidenta de la Internacional de la Educación para América Latina (IEAL)


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