Graduada de la UNDAV diseñó una protección para jugadores y jugadoras de paravóley

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Por Lic. Florencia Podestá*

Luciana Rappanello es la primera licenciada en Diseño Industrial de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV). La pandemia de COVID-19 la encontró defendiendo su tesis frente a una pantalla durante tres horas. El tiempo excesivo utilizado para la defensa estaba directamente relacionado con ese componente esencial que motoriza los sueños: una pasión irrenunciable. La nota: un 10. Luciana diseñó una órtesis deportiva para jugadores y jugadoras de paravóley o vóleibol sentado. Aquí la historia de una idea que es mucho más que una tesis de grado.

Florencia Podestá- ¿Cómo surgió la idea de tu proyecto de tesis? ¿Existen antecedentes? ¿Por qué resulta importante patentar tu diseño?

Luciana Rappanello- Siempre tuve muy claro que, para realizar mi tesis de grado -con todo lo que ello implica-, necesitaba un ingrediente fundamental que me empujara ante cualquier posible adversidad: la pasión.

Un día, jugando al vóley (deporte que practico hace más de 30 años) recordé a Diego Delgado, entrenador que había tenido algunos años atrás. Diego fue jugador de vóley convencional, pero luego de sufrir un accidente de moto le amputaron su pierna derecha y, tras años de recuperación, adaptación y valentía, comenzó a jugar paravóley o vóleibol sentado (paradeporte nacional e internacional dedicado a personas con discapacidades físicas, que -a diferencia del vóley convencional- se juega sentados en el piso).

Me comuniqué con él y me invitó a ver un entrenamiento del equipo de paravóley del Club Oeste, de Caballito. Fue en un una noche de un jueves cuando, al verlos entrenar con tanta alegría, grandeza y la misma pasión que yo sentía por el deporte, supe que había encontrado el camino que quería seguir.

Enfoqué mi atención en las amputaciones de los jugadores, precariamente cubiertas con vendas o rodilleras adaptadas de forma casera. Cabe destacar que la salud de los muñones es fundamental para el correcto desempeño físico diario, uso de prótesis y la salud general de dichos jugadores. Hasta donde llegó mi investigación, descubrí que no existe en el mercado un producto diseñado exclusivamente para jugadores de paravóley con amputaciones en miembros.

Con el apoyo de mi tutor de tesis y otros docentes de la UNDAV, buscamos desarrollar un proyecto de seguridad y protección en el paravóley, enfocándonos en aquellos deportistas que -según parece- no han sido tenidos en cuenta en el desarrollo de elementos de órtesis deportivas (soportes de ayuda para personas con algún tipo de disminución de sus capacidades).

Comencé el proceso de patentamiento porque, para mí, la patente es como el DNI del producto, es darle identidad. Y quisiera que el día de mañana se sepa que nació en Avellaneda.

FP- ¿Qué lugar ocupó el componente sensible (emocional-afectivo) en el desarrollo de tu proyecto?

LR- El camino transitado no ha sido fácil y seguramente no haya terminado aún, pero aquel jueves por la noche esos jugadores me enseñaron lo que es “no rendirse nunca” y supe que no podría permitirme abandonar. Había trabajado mucho y muchas personas, directa o indirectamente, me acompañaron y ayudaron. Así que, en plena pandemia y con muchos temas en mi cabeza, apreté los dientes y seguí.

Cuando me tocó defenderla frente al jurado, no podía parar de hablar. Tenía tantas ganas de contar lo que investigué, lo que se necesitaba, las posibles soluciones, las ideas a futuro más allá de la instancia de esa evaluación, que la exposición se extendió casi al doble de lo pactado. Pero la devolución fue reconfortante y esperanzadora.

FP- ¿Crees que aún existe un abordaje capacitista en deportes como el paravóley que indica que los deportistas se tienen que adaptar a las reglas de los deportes convencionales y no se tiene en cuenta la diversidad funcional?

LR- Por un lado, creo que muchos fuimos criados bajo una visión hegemónica y paradigmática del cuerpo. Muchas veces empujada por la desinformación y el desconocimiento.

Pero, por otro lado, quizás el más influyente en este caso: existe una oferta de mercado avocada a la mayor demanda que, claro…no abarca a las minorías. Entonces, no sé si sería correcto hablar de capacitismo en el contexto de mi investigación. Porque la falta de productos para personas con discapacidad lo entiendo desde la matemática del mercado, no desde una mala intencionalidad. Hoy existen muchas marcas deportivas con mensajes sociales interesantes (diversidad de género, estilos de vida, etc.). Creo que se está comenzando a escuchar las voces suavecitas que también quieren hablar. Y confío en que pronto los paradeportes serán escuchados.

FP- ¿Qué te gustaría que suceda con tu idea/diseño a futuro? ¿Qué pensás sobre el diseño como herramienta para la transformación social?

LR- Creo que, como estudiantes y profesionales del diseño, tenemos la gran oportunidad de situarnos en la vereda de la solución. Trabajar en la visibilización de estos problemas y poner todo nuestro esfuerzo y conocimiento en estos sujetos de derecho que merecen su propia identidad.

Por cuestiones tecnológicas y de producción, el proceso llegó al límite de posibilidades que tuve a mi alcance para continuar su desarrollo. Pude saltar piedritas en el camino, pero llegué a una orilla donde el salto debe ser mayor y necesito que alguien más confíe en el futuro de productos de órtesis deportivas diseñados para todos los usuarios.

Espero que ese límite sea sólo un escalón más alto, pero no imposible de subir. Y que la escalera siga hasta encontrar en cualquier tienda deportiva, al lado de una rodillera de vóley convencional, un protector para jugadores de paradeportes.

* Coordinadora del Programa de Popularización del Conocimiento y la Cultura Científica.

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