A menos de dos semanas del comienzo, la Conmebol anunció la suspensión de la Copa América en Argentina

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A menos de dos semanas del comienzo, la entidad que rige el fútbol en Sudamérica canceló la Copa América que se iba a realizar en nuestro país.

“La CONMEBOL informa que en atención a las circunstancias presentes ha resuelto suspender la organización de la Copa América en Argentina. La CONMEBOL analiza la oferta de otros países que mostraron interés en albergar el torneo continental”, se expresó la entidad a través de sus redes sociales. “En la brevedad se anunciarán novedades en este sentido”, destacó.

Se prevé que este lunes habrá reunión del Consejo de la Conmebol a partir de las 9 en la sede de Luque, Paraguay,para definir qué hacer con la Copa América, que en pocas semanas sufrió la cancelación de sus dos sedes: previamente le había tocado a Colombia, por la grave crisis social que se vive en ese país, con serios incidentes y decenas de muertos. El torneo debía empezar el 13 de junio y por ahora no tiene sede, más allá de que la Conmebol se refirió a “otros países que mostraron interés”.

El anuncio de la Conmebol llegó minutos después de conocerse una declaración del ministro de Interior, Wado de Pedro, que había expresado que “es muy difícil que se juegue la Copa América en Argentina por la situación de alerta epidemiológico”, en declaraciones realizadas a C5N. “Estuve conversando hoy (domingo) con el presidente Alberto Fernández sobre la situación sanitaria de todas las jurisdicciones, y en particular de Buenos Aires, Tucumán, Mendoza, Córdoba y Santa Fe, y siendo coherentes con el cuidado de la salud vemos que es muy difícil que se juegue la Copa América en nuestro país”, señaló el funcionario.

La situación de la Copa América en nuestro país había empezado a entrar en una zona de definiciones el 26 de mayo pasado, cuando el gobierno argentino se reunió con la Conmebol para definir si la Copa América se realizaba en forma íntegra en nuestro país. Se dispusieron dos días de evaluación de toda la logística y el país presentó “estrictos protocolos” sanitarios para cumplir durante el torneo. El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, y el ministro de Turismo, Matías Lammens, habían recibido en la Casa Rosada a Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol, y a Gonzalo Belloso, secretario general adjunto de la confederación sudamericana. Todos se trasladaron más tarde a Olivos, donde se sumó al encuentro el presidente, Alberto Fernández.

¿Qué sucedió después de esa reunión? La Conmebol esperó todo el fin de semana una respuesta oficial del gobierno argentino para saber si organizaba o no la Copa América en exclusiva. Hubo reuniones y llamados en Buenos Aires para analizar todos los indicadores sanitarios del avance de la pandemia del coronavirus. Y las consecuencias políticas que podría traer realizar en territorio nacional el certamen de clubes más antiguo del mundo. La certeza llegó a la noche con la frase de De Pedro.

En las últimas horas también se había conocido una encuesta de Poliarquía Consultores en la que el 70% de los entrevistados respondió que el país “no debería organizar” el torneo, contra apenas un 20% que apoyó la celebración en los plazos previstos (el 10% no opinó). El dato resultó impactante, porque rompió con la polarización entre kirchnerismo y oposición que rige casi todas las discusiones políticas: la postura se repitió con números similares tanto entre los simpatizantes más fieles de Cristina Kirchner como entre quienes se declaran macristas.

A un mes del partido inaugural, la Conmebol le quitó a Colombia la sede a raíz de la gravísima situación social que atraviesa ese país. Entonces, el presidente Alberto Fernández se postuló para organizar todos los partidos aquí, a pesar de que rigen restricciones severas de circulación y actividades por la lucha contra el virus. Todo sigue en discusión: se analiza la posibilidad de que Chile absorba el tramo que debía organizar Colombia y hasta se llegó a hablar de trasladar todo a Estados Unidos.

Pero la decisión de realizar la Copa América en la Argentina había generado una gran interna política en nuestro país. El propio frente de gobierno no tenía bien en claro si quería mostrarle al continente que podía albergar al torneo de selecciones más antiguo del mundo. La voluntad política de algunos sectores se chocaba contra la situación epidemiológica, que había convencido al propio Fernández a confinar por nueve días a la mayoría de los argentinos.

Nicolás Kreplak, el viceministro de Salud en Buenos Aires, la provincia que gobierna Axel Kicillof, un cristinista puro, se había manifestado en contra del campeonato. “A veces las organizaciones grandes [por Conmebol] imponen reglas homogéneas para todos y eso puede ser un problema si no entendemos el momento que estamos viviendo. Desde mi punto de vista sería mejor si se pospusiera un par de meses”, había dicho en Radio El Destape. Y había criticado ciertos “beneficios especiales” del fútbol: “Parece que hay una suerte de automatismo en algunas decisiones de algunos deportes”. Por lo pronto, los futbolistas que participaban en encuentros internacionales (eliminatorias, Copa Libertadores y Copa Sudamericana) en la Argentina quedaron exceptuados de las nuevas restricciones mediante el último decreto publicado.

Carla Vizzotti, la ministra nacional de Salud, le había respondido a Kreplak en declaraciones a TN: “Recibir 2000 personas con protocolos en la Copa América no es un riesgo”. Las dos posturas estaban bien marcadas. El ala pro-fútbol del Gobierno (que tiene como estandarte al propio Fernández) consideró que organizar el torneo con delegaciones en burbujas sanitarias, controladas y con testeos permanentes “no entraña ningún problema sanitario”.

Al mismo tiempo, las contradicciones quedaban expuestas. El 22 de mayo, con un decreto de necesidad y urgencia, se suspendieron los partidos de las semifinales de la Copa de la Liga, más el fútbol de ascenso y el fútbol femenino. Pero se mantuvieron activos los partidos internacionales que muchos de los equipos argentinos debían jugar por Copa Libertadores y Sudamericana. Fueron nueve encuentros en nuestro país y por la noche, en horarios de pleno confinamiento.

La situación sanitaria causaba un efecto dominó. Con días de casi 40.000 casos y más de 700 muertes, el mismo presidente de la nación que había candidateado al país para tener todos los partidos de la Copa América dio un giro rotundo. Todo prohibido y todos confinados. La salud, primero. Ése era el lema.

En Conmebol trazaron varias posibilidades desde que se había cancelado la posibilidad de que la mitad del torneo se desarrolle en Colombia, como estaba previsto inicialmente. A partir de allí, el plan A fue hacer el campeonato en su totalidad en la Argentina. Más atrás, la de que la Argentina compartiera el 50 por ciento con Chile, aunque sabía que eso llevaría a errores de organización. Hasta hace dos meses, los trasandinos ni siquiera figuraban en el radar.

Mientras tanto, el seleccionado argentino, incluido Lionel Messi, se instaló durante la última semana en el predio de la AFA en Ezeiza, donde se construyó una burbuja especial en la que convivirán hasta nuevo aviso con protocolos seguros deportistas, integrantes del cuerpo técnico y empleados de logística. Todos ellos han sido exceptuados de las restricciones de circulación vigentes en el territorio nacional.

Anoche, la Conmebol tomó nota y leyó entre líneas. Interpretó lo que dijo De Pedro como una negativa e, inmediatamente, se puso en campaña para decidir dónde jugar. Porque en la balanza sigue pesando más su intención de respetar el calendario original y que los seleccionados sudamericanos tengan rodaje de cara al mundial de 2022. Seguir suspendiendo compromisos internacionales sería contraproducente, más allá de la realidad sanitaria del continente.

Así, la confederación llamó a una reunión de urgencia de su Consejo para definir dos cuestiones: primero, si el torneo se llevará a cabo. Segundo, dónde puede hacerse. Caídas la Argentina y Colombia, vuelve a tomar fuerza el 50% de los partidos que se ofreció a organizar Chile. Y para la otra mitad la mirada está puesto en dos países muy cercanos a la conducción del fútbol sudamericano: Uruguay o Paraguay. A todo esto, el tiempo apremia. El partido inaugural del torneo está previsto para el 13 de junio. Faltan menos de dos semanas…

La Nación

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