El Salvador | Controlar el Estado y las disputas de las burguesías: el camino de Bukele – Por Raúl Palencia

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Raúl Palencia*

Hacerse del Estado

Desde junio de 2019, mes en que Nayib Bukele asumió la presidencia, se vaticinó un cambio en la forma de hacer política. Analistas y críticos en sus primeros momentos hacían referencia a su forma de hacer política y como esto superaba a los partidos tradicionales y las maneras de hacer campaña para alcanzar votos, competir en el campo electoral e ir disputando el Estado por dentro y desde ahí poder gobernar a todos los niveles.

Sin duda, Bukele marcó una nueva forma de construir una maquinaria electoral, una costosa máquina de asesores internacionales (la mayoría de la oposición venezolana) que fortalecen su mejor arma, la comunicación política. Es desde esa capacidad de construir el discurso, instalarlo y hacerse del poder que caracteriza a Bukele. En otras palabras, parecía que su fortaleza de construir una buena imagen de oposición y que la gente repitiera sus discursos día a día era una virtud que la ayudaría a gobernar y que, sin duda, en algún momento a corto plazo se conocería su límite.

Sin embargo, con todo esto el Presidente ha logrado varias cosas que son evidentes pero hay que señalar: fundir a los partidos tradicionales en “los mismos de siempre” y posicionar el binarismo conmigo o contra mí. Esto no es más que polarizar a la población. Otra cosa que ha logrado con éxito al polarizar es dirigir las pasiones y frustraciones de un pueblo golpeado y que apenas se levanta de una guerra y contextos de violencia. También ha contribuido al uso excesivo de las redes sociales.

Y es justo desde las redes que, a partir de junio, Nayib comienza a hacer de la plataforma social de Twitter, su despacho presidencial desde el cual destituyó a trabajadores del Estado, dictó órdenes a ministros y amenazó a sus enemigos. En poco tiempo se comenzó a ver el alcance y su ambición de ir por el Estado.

El 9 de febrero del 2020 Bukele irrumpe en la Asamblea Legislativa junto con las fuerzas militares, copando el recinto y violentando el orden democrático que se venía reconstruyendo desde las firma de los Acuerdos de Paz de 1992. Esto en el marco de desesperación porque se apruebe un presupuesto para su plan de seguridad, el cual se negaba a rendir financieramente y también ya daba muestras de irregularidades. Este evento fue denunciado por distintas instancias internacionales.

En medio de la pandemia desafió constantemente a la Asamblea Legislativa y al órgano Judicial, que lo señaló por violar la Constitución en varios momentos. En esta etapa fue construyendo la narrativa más violenta y a construir un discurso de odio ante la oposición, ante la Aasamblea y a hacía todo lo que se le opusiera. Fue antes del año electoral donde ya Bukele, haciéndose cada vez más del aparato del Estado y utilizando sus recursos, que va a buscar una mayoría parlamentaria y a cooptar todos los espacios de poder del Estado.

El plan refundar la República

Para el 28 de febrero del 2021 la coalición presidencial logró ganar 152 gobiernos distritales de un total de 262 y en la Asamblea Legislativa logró 64 escaños de un total de 84. Con ello logra su objetivo de hacerse del segundo poder del Estado que por consiguiente le posibilita hacerse del poder judicial.

El discurso de odio parecía que tomaría un rumbo distinto, ya que el problema estaba en los obstáculos que generan los contrapesos del Estado. Es decir, que los diputados de la anterior Asamblea eran quienes estaban en contra del Presidente y por consiguiente en contra del pueblo, por lo cual había que sacarlos y poner a quienes el Presidente quisiera.

Otro de los objetivos del presidente Bukele ha sido el periodismo y las organizaciones sociales. A estos los persigue y censura de diversas formas. alentando el odio y la desconfianza a los medios que lo critican, a quienes monitorean sus políticas, a quienes exigen y luchan por sus derechos y por los atropellos del Gobierno.

El 1 de mayo asumió la nueva Asamblea. En un acto muy desigual y la cual ya comenzó a legislar para la noche de ese mismo sábado. Su primera medida fue justamente el temor que se tenía respecto a la llegada de la “bancada cyan” del presidente. Destituyeron a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y, por consiguiente, al Fiscal General, todo en una Asamblea que se realizó en un día feriado y ya entrada la noche. Razón por la cual, luego de la resolución que tomaron asumieron sus puestos de manera literal entrando a las oficinas y sin dar lugar a una transición. Esta movida parlamentaria se enmarca en el plan llamado “refundar la patria”, el cual tiene la característica de siempre: saber venderse a sí misma, no estar escrita en ningún lugar y tener el objetivo de tomar el Estado, aunque eso no se diga.

A estas alturas no deben caber dudas dónde enmarcar a Bukele dentro del espectro político. Un autoritario del neofascismo y de orientación liberal con una estrategia populista de la diferencia; desde ahí es comparable a Trump o Bolsonaro, incluso con Juan Orlando Hernández, si necesitamos un ejemplo cercano. Sus políticas no han logrado generar más empleo, ni atender las necesidades ni cambios estructurales que un país como El Salvador necesita. Al contrario, el déficit fiscal, la deuda externa, la canasta básica, el salario mínimo y la inflación van a continuar y se profundizarán cada vez con las políticas de endeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que aprobará la Asamblea y que el pueblo tendrá que pagar.

La resistencia del pueblo

Al mismo tiempo que crece y acumula poder se va desnudando cada vez más su verdadera intención: disputar su lugar en la burguesía nacional y pelear con las burguesías regionales. Recordemos que la familia Bukele es de origen palestino y parte de las migraciones de Medio Oriente que llegaron al país a mediado de siglo XX. Parte de esas familias construyeron sus riquezas en el país y la Región y se fueron haciendo lugar en los grupos millonarios de El Salvador y Centroamérica. Es en este grupo donde parece que se da una disputa real por cambiar el tablero y donde hay peleas de fondo que nos llevan a las raíces de la desigualdad y que nos permitirá encontrarnos con nuestra historia de colonización, pero que en resumidas cuentas nos deja claro que lo que menos va a cambiar es la realidad de miseria, hambre y violencia en la que está sumergido el pueblo salvadoreño.

El Presidente, muy bien asesorado, ha logrado seducir a muchos sectores. No solo parte de ese núcleo que se creía impenetrable e inquebrantable que es la burguesía y la oligarquía, sino también a las fuerzas represivas y militares dándoles un rol cada vez más protagónico (retrocediendo 30 años y rompiendo la firma de paz incluso). También lo ha logrado con sindicatos, fundaciones, universidades y demás grupos de presión que son actores claves en el país. Otras de sus alianzas que le dan fuerza son las internacionales, su alineación al Partido Republicano y sobre todo al trumpismo lo llevan ahora a tensionar con el gobierno de Biden. Sus negocios con China y Japón lo hacen respaldar su confrontaciones internacionales pero igual le dan recursos para el país.

Hay cosas que no ha logrado el Presidente “millennials” y más “cool”, a pesar de sus grandes esfuerzos por deslegitimar la historia de la guerra y sus actores más importantes, a pesar sus políticas de desmemoria, de injusticia para con las víctimas de esa guerra. Y es acabar con la organización social y comunitaria, cuyo hilo histórico nos lleva a la organización popular de todo el siglo pasado. Son las organizaciones de diversos sectores quienes desde hace ya un tiempo vienen haciendo oposición al bukelismo y se toman las calles, las plazas, las paredes y se resiste a repetir la historia y estar bajo el yugo del autoritarismo. Organizaciones sociales, feministas, ambientalistas, colectivos y artistas se van juntando cada vez más en un frente antitotalitario.

*Psicólogo y analista político.

Correo del Alba


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