Una jornada en que Chile selló un cambio profundo – Diario La Tercera

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Los resultados de la jornada electoral que se vivió este fin de semana -que varias voces habían considerado como “histórica”, por la profundidad de los cambios que están en juego- no han dejado dudas acerca del giro hacia la izquierda que ha experimentado el país, abriendo un escenario que ni siquiera había sido anticipado por los estudios de opinión. Los datos muestran con nitidez que los grandes derrotados ciertamente han sido las fuerzas que gobernaron al país en las últimas tres décadas, si bien el peor castigo lo recibió la centroderecha -con la pérdida, por ejemplo, de emblemáticas alcaldías, como Santiago, ahora en manos del PC, Viña del Mar o Maipú-, la cual enfrenta uno de sus peores retrocesos electorales en toda su historia. Por el contrario, resulta sorprendente el inusitado protagonismo que lograron los sectores que se identifican con una izquierda de línea más dura, donde si bien destacan el fuerte avance que experimentó el Partido Comunista y el Frente Amplio, es en el ámbito de los independientes donde parece haber surgido una nueva fuerza de insospechadas proyecciones, tornando el escenario político mucho más impredecible.

Se habría esperado que tras la alta participación electoral que se verificó en el plebiscito constitucional de octubre pasado, esta vez se hubiese registrado un porcentaje similar, lo que sin embargo no sucedió. No están claras las razones de por qué se movilizaron menos electores, pero aun así la contundencia de los resultados no deja dudas de que el ánimo que prevalece va por cambios más radicales.

Ahora que se tiene una visión mucho más amplia del cuadro, parece quedar claro que los acontecimientos que dieron origen al estallido social en octubre de 2019 estaban anticipando movimientos mucho más estructurales que un simple malestar o una inconformidad con el actual gobierno. El abrumador resultado del plebiscito pasado también es un indicador de que lo que había de fondo no era solo que la izquierda y una parte importante de la derecha coincidieran en la necesidad de reemplazar la actual Constitución, sino que había una fuerza más estructural, una señal de que había muchos segmentos disconformes con el rumbo que había seguido el país -especialmente dentro de las generaciones más jóvenes-, lo que no se supo anticipar ni corregir a tiempo.

Probablemente el origen más remoto de estos cambios habría que cifrarlo desde mucho antes -ya en el primer gobierno de Sebastián Piñera comenzó a hacerse evidente que el terreno se había abonado para esta marea-, pero sin duda el referéndum de octubre y ahora estos comicios han terminado por sellar que el país tomó un nuevo rumbo. Sería por lo mismo equivocado atribuir estos resultados solo al desgaste político del gobierno y los problemas de conducción que ha tenido el Jefe de Estado, sin perjuicio que la negativa evaluación ciudadana al actual mandato probablemente contribuyó a ahondar el descontento. De allí que aquellos sectores que dentro de Chile Vamos apostaron como estrategia tomar distancia del gobierno como forma de asegurar su propia sobrevivencia terminaron también siendo arrastrados, confirmando que el fenómeno trasciende a un gobierno, y que el castigo es generalizado. El duro revés que también experimentó la centroizquierda lo confirma.

Este golpe al “establishment” queda asimismo reflejado en la enorme fuerza que lograron las candidaturas independientes, que sin duda han constituido la gran sorpresa de estos comicios, y que hacen mucho menos predecible el rumbo de la política. Esto desde luego no solo supone un fuerte golpe para los partidos tradicionales, sino que también muestra la proliferación de grupos que no se sienten interpretados por las fuerzas que hasta ahora dominaban, sino que anhelan cambios mucho más intensos. Quizás el mejor reflejo de ello es que dentro de los independientes fueron las candidaturas de la Lista del Pueblo -muy identificada con el ideario de octubre de 2019- la que obtuvo el mayor número de convencionales.

Este significativo giro a la izquierda no solo obligará a los partidos tradicionales a replantearse sus estrategias electorales y paradigmas, buscando reconectar con una ciudadanía que ahora les ha dado la espalda, proceso que seguramente estará marcado por fuertes tensiones internas. Agotado el ciclo de la ex Concertación y de la centroderecha, el escenario que ahora se abre genera múltiples interrogantes, y es probable que haya que esperar a futuros procesos electorales antes de poder decantar con mayor precisión el alcance y magnitud de los cambios que pide la ciudadanía.

Uno de los hitos más relevantes que estaba en juego era qué fuerza política lograría el tercio en la futura Convención Constitucional, es decir, aquella que poseería la llave para condicionar los acuerdos. Si en algún momento se pensó que dicha llave estaría en manos de la centroderecha, ello se desvaneció por completo, y es un hecho que quienes la tendrán son los sectores de izquierda más extrema. Los 28 convencionales que obtuvo la lista Apruebo Dignidad -cuyo eje es el PC-FA- más los 27 de la Lista del Pueblo, los dejan con un total de 55, a lo que cabría agregar otros independientes que sostienen idearios similares. Los 37 convencionales que logró Chile Vamos instalan a la coalición sin margen de incidencia relevante, e incluso si se consideran los 25 que logró la Lista del Apruebo -donde está la ex Concertación-, siguen lejos de conformar dos tercios. Dentro de esta última lista, llamó especialmente la atención que la Democracia Cristiana apenas eligiera tres convencionales -un golpe que obligará al partido a un profundo replanteamiento-, y el PPD tres. Solo al PS le fue algo mejor, lo que podría anticipar que las corrientes de este partido probablemente se inclinen por sintonizar con las propuestas de aquellas fuerzas más radicalizadas.

Se despeja así que no serán las fuerzas más moderadas las que tendrán el control de la discusión constitucional, y el hecho de que serán los independientes quienes se instalarán como el gran polo de la Convención, anticipa que el proceso de acuerdos será complejo y muy incierto respecto de su resultado final.

La Tercera

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