Geopolítica de la Conmebol – Por Federico Larsen

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Por Federico Larsen*

La Copa América 2020, finalmente, se realizará en 2021 y en Brasil. La Confederación Sudamericana de Fútbol (de allí, Conmebol) lo anunció en medio de las polémicas suscitadas a nivel continental por la obstinación de las autoridades del fútbol sudamericano en querer realizar la competencia a pesar de la crisis sanitaria regional, que lejos está aún de ser superada. Tozudez demostrada también en otras circunstancias recientes, como cuando se obligó al primer equipo del Club River Plate a disputar su partido de Copa Libertadores, uno de los torneos continentales organizado por la Conmebol, a pesar de tener que designar a un mediocampista lesionado como arquero, y no tener suplentes por un brote de coronavirus en el plantel. O como cuando los gases invadían las canchas colombianas en medio de la represión policial al paro nacional en los alrededores de los estadios donde se siguió jugando. El apuro para la realización de la Copa América, o de los torneos continentales, responde evidentemente a una necesidad económica, aunque no es la única y no necesariamente la más importante.

Cuentas pendientes

La Conmebol tiene gastos, y en el año y medio que lleva el continente bajo las limitaciones debidas a la pandemia, se ha hecho más difícil enfrentarlos. Para el año 2021, por ejemplo, la Conmebol distribuirá 168 millones de dólares en premios entre los equipos que participan de la Copa Libertadores, y otros 157 millones entre aquellos que compiten por la Sudamericana. En 2017, la Conmebol selló un contrato con el grupo IMG-Perform y le adjudicó la licitación para la venta y postventa de los derechos televisivos de todas las competencias por el período 2019-2022, por un mínimo garantizado de 1.400 millones de dólares distribuidos en 350 millones anuales. A esto deben agregarse unos 35 millones provenientes de los patrocinadores, que invierten en un golpe solo en todos los torneos anuales de la confederación [1].

Pero un evento como la pandemia por Coronavirus no sólo pone en riesgo el cumplimiento de esos contratos, sino que aumenta los gastos de la Conmebol. Sus asociadas, es decir las 10 federaciones de fútbol sudamericanas, debieron incurrir en gastos extra para sostener a muchos de sus clubes, asfixiados por deudas, cuentas y salarios, y con ingresos reducidos por la suspensión de los torneos. La Conmebol desembolsó unos 95 millones de pesos para dar respiro al fútbol sudamericano. Además algunas empresas de comunicaciones, como O’Globo en Brasil, pidieron la aplicación de cláusulas de rescisión de contratos de televisación ante la suspensión de los partidos de Libertadores y Sudamericana en 2020. Una máquina aceitadísima, pero que parada no sirve. La necesidad de hacer cuadrar las cuentas, garantizar partidos para que sean televisados, y poner a rodar de vuelta el mecanismo del fútbol es, a todas luces, imperiosa.

La organización a los ponchazos de la Copa América en Brasil responde en parte a esta obligación. En la edición Centenario de la Copa América de 2016, que se disputó en EEUU, la Conmebol logró la recaudación récord de 500 millones de dólares. Para esta edición, que debía realizarse entre Argentina y Colombia en 2020, los derechos televisivos fueron adjudicados a Univisión, cadena televisiva estadounidense para el público hispanohablante propiedad de la mexicana Televisa, por alrededor de 180 millones de dólares. Contratos ya sellados para un torneo que debía jugarse hace un año, y que no tiene posibilidad alguna de reprogramación vista la cercanía de la Copa del Mundo de la FIFA de Qatar 2022.

El poder del fútbol sudamericano

La Conmebol nació, de hecho, a partir de la organización de una Copa América. Fue por iniciativa del gobierno argentino que para festejar el centenario de la independencia organizó un torneo de fútbol entre las federaciones de Uruguay, Brasil, Argentina y Chile en 1916. Fue el primer torneo internacional de fútbol del mundo, y llevó a las federaciones de los países que participaron a fundar una confederación que diera continuidad a la experiencia. De ese trabajo asociativo internacional surgió, entre otras cosas, la primera Copa del Mundo de fútbol, disputada en Uruguay en 1930.

Eran los tiempos del modelo de confederaciones deportivas guiadas por filántropos excéntricos y conservadores, maestros, profesores y ex deportistas dedicados ad honorem a la tarea de la difusión de los valores del deporte, que duró en realidad hasta los años ’70. En el caso de la FIFA, el quiebre se dio en 1974 con la elección del empresario brasileño João Havelange como presidente. Allí comenzó a consolidarse el modelo empresarial de expansión de los intereses del fútbol a partir de las actividades de sus dirigentes [2]. Havelange incluyó tantas federaciones cuantas fuera posible, especialmente en las regiones más inestables y remotas del mundo. En América Latina contó con el apoyo de Teófilo Salinas, presidente peruano de la Conmebol de 1966 a 1986, que llevó a cabo incluso una gira por Asia y África para conseguir los votos que permitieron a Havelange llegar a la presidencia de la FIFA. En América del Sur ese cambio de visión se acompañó con el cambio del nombre del torneo de selecciones, que de Campeonato Sudamericano asumió su nombre actual, Copa América, en 1975.

Es aquí que se comenzó a prefigurar esa forma de operar muy vinculada a la acción de los presidentes de las organizaciones deportivas internacionales, convertidos en agentes en el sistema internacional, depositarios de un poder derivado del naciente negocio pero especialmente de los vínculos que el deporte fue tejiendo con las élites de los países involucrados. Los movimientos de los decisores del fútbol internacional se convirtieron a partir de este momento en un elemento importante, aunque no del todo decisivo, en el desarrollo de la actividad deportiva, y es a partir de aquí que en Sudamérica se contempla la necesidad de reforzar su “agencia”, la Confederación.

La Conmebol se consolidó como institución y actor a nivel regional hacia finales de los ’90, bajo la presidencia del paraguayo Nicolás Leoz, quien fue reelegido por seis mandatos consecutivos hasta 2013. Leoz encarnó muy bien el nuevo rol de actor internacional sin estados detrás que había inaugurado Havelange y continuaría el suizo Blatter, presenciando giras y encuentros para hacer lucir al fútbol sudamericano en todo el mundo. En 2009 llegó a celebrar la habilitación del Museo del Fútbol de la Conmebol junto con la princesa Hisako Takamado, de Japón [3].

Uno de los temas fundamentales a resolver tenía que ver con la estructura legal societaria, que debía radicarse en algún estado sudamericano para someterse a su ley y pode ampliar la posibilidad de relaciones y contratos. La FIFA, el Coi y muchas otras organizaciones deportivas internacionales lo habían hecho en Suiza, aprovechando la permisividad de su derecho administrativo y la opacidad de su sistema bancario.

Bajo el liderazgo de Leoz la Conmebol eligió una sede, un territorio a partir del cual desplegar sus relaciones. En 1990 se eligió oficialmente Asunción, donde acababa de cerrarse la larga dictadura del general Alfredo Stroessner, se preparaba una nueva constitución, una nueva institucionalidad y los sectores de poder reconfiguraban sus relaciones sin perder el dominio de la tierra y la industria. Paraguay no era exactamente un país modelo en el mundo del fútbol. Cuando le tocó organizar la Copa América en 1924 y 1953, no pudo ejercer de anfitrión debido a la falta de infraestructura. Esos torneos finalmente fueron organizados por la Asociación Paraguaya de fútbol, pero se celebraron en Uruguay y Perú, y la primera Copa América jugada en Paraguay recién fue la de 1999. La definición de Asunción como sede permitía a la dirigencia del fútbol sudamericano, comandada por alguien que conocía muy bien los códigos, las élites y las formas de construcción de poder locales, afirmarse aprovechando la reestructuración general que la primavera democrática parecía dejar entrever.

Una Conmebol “paraguaya”

La Conmebol es técnicamente una Asociación Civil sin fines de lucro regulada por el Código Civil Paraguayo y la Ley del Deporte de Paraguay [4]. No es regulada por el derecho internacional ni es una organización internacional, al estar compuesta por federaciones deportivas y no por estados. Su poder para negociar con las instituciones públicas no es de iure, sino más bien de facto. De hecho, la Conmebol debería someterse al imperio de las leyes locales de los lugares en los que lleva a cabo sus actividades, pero eso suele ser más bien fruto de una negociación.

O a veces las leyes para la Conmebol son confeccionadas ad hoc. La Ley 1070 [5], del 19 de junio de 1997, del Poder Legislativo de la República del Paraguay, otorgó a la sede de la Conmebol -que en ese momento aún debía terminarse- la misma inmunidad que cualquier otra sede diplomática, así como se le reconocía funciones internacionales a sus funcionarios. En una entrevista al diario Olé [6], el mismo Leoz comentaba los entretelones de esa decisión: “Se jugaba la Copa América de Bolivia en 1997, yo me enfermé y quedé internado en Bolivia. Un día me vino a visitar al hospital el presidente de la república (Juan Carlos Wasmosy), y le pregunté qué le parecía lo de la inmunidad… Y él me dijo: “Conseguite la Cámara de Senadores y de Diputados, y yo te firmo el decreto”. Y después recuerdo que me decían que iba a tener el privilegio de traer autos liberados… Pero no hemos traído ni un tornillo”. Una anécdota que resume perfectamente las formas que asume el ejercicio del poder en ámbitos como el de la Conmebol.

Además de la acción de presidente y funcionaros, es necesario mirar a las decisiones del fútbol sudamericano desde la óptica del Paraguay, un país que no puede competir con las capacidades industriales y diplomáticas de Argentina o Brasil, pero que es definitivamente el eje de la política deportiva sudamericana. Un ámbito cuyo aporte a la potencia “dura” de los estados es limitado, pero sobre el cual cualquier gobierno ambiciona a tener alguna forma de control. El fútbol a nivel global es un instrumento para la construcción de soft power, una forma de acrecentar la influencia o atracción internacional. Los escándalos de sobornos pagados durante las reuniones de designación de las sedes de los mundiales 2018 y 2022 son sólo un pálido reflejo de eso. Y es una carta que Paraguay ha sabido jugar. El Centro de Convenciones de la Conmebol en Luque, en el Gran Asunción, ha sido sede de cumbres internacionales y de reuniones diplomáticas -más y menos informales- importantes para la política paraguaya y latinoamericana.

La designación en tiempo suplementario de Brasil para esta Copa América tiene, además de una gran cuota de oportunismo por parte de las autoridades de la Federación de Fútbol de Brasil y del gobierno de Jair Bolsonaro, una relación evidente también con lo que significa mirar al continente desde Paraguay. Desde el desastre de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) en que Argentina, Brasil y Uruguay -bajo el auspicio del Reino Unido- lograron aplastar el proyecto de desarrollo nacional del Doctor Francia y el mariscal Francisco Solano López, el destino de las relaciones exteriores de Asunción estuvo fuertemente legado al de estos tres países. La Triple Frontera es un espacio geopolítico clave para América Latina, y los principales acuerdos de cooperación del Paraguay giran alrededor de la producción energética y el aprovechamiento de las aguas que comparte con Argentina y Brasil. La creación del Mercosur, cuyo acto constitucional se firmó justamente en Asunción, profundizó ese rasgo de la inserción internacional de Paraguay. Una organización cuya dirigencia se encuentra tan marcadamente vinculada a los avatares de las clases dirigentes del Paraguay, y que tiene allí también su radicación legal, no puede no moverse en la misma esfera de relación geopolítica. Caída la candidatura de Argentina en un fin de semana de fuego para la dirigencia de la Conmebol, y a sabiendas de que Uruguay no aceptaría alojar la competencia, Brasil era el asociado más obvio al que acudir.

Un actor internacional sudamericano

Si bien Uruguay dejó bien claro desde un principio que no estaba en condiciones de hospedar a un torneo con 10 equipos y 28 partidos [7], y menos aún con tan poca antelación, el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou fue muy importante para que la Conmebol lograra uno de los hitos que quedarán entre los más importantes de su proyección geopolítica: la entrega de 50.000 vacunas de la empresa Sinovac Biotech Ltd provenientes de China y fabricadas exclusivamente para la Confederación del Fútbol Sudamericano.

Así como las relaciones internacionales del Paraguay han consolidado la proyección de la Conmebol hacia el Cono Sur, también sus limitaciones pueden afectar las posibilidades de la máxima entidad del fútbol. A principios de año, cuando ya era claro que para el lanzamiento de los torneos en América del Sur serían necesarias medidas sanitarias contundentes, la Conmebol comenzó a sondear la posibilidad de adquirir vacunas para inmunizar a todos los planteles de la Copa América y garantizar así su celebración “segura”. Pero el mercado global de vacunas no existe. Empresas y actores privados no pueden adquirirlas sin la representación de un estado nacional, y las únicas vacunas accesibles en los tiempos y las formas que la Conmebol requería provenían de China. Paraguay sin embargo es el único país de la región que reconoce aún a la República China, o Taiwán, y la política de una sola China históricamente esgrimida por Pequín limita toda relación con aquellos países que reconozcan la soberanía de “la provincia rebelde”, como la considera el gobierno chino. Quien salió en ayuda de la Conmebol fue el presidente uruguayo. Fue Lacalle Pou el que medió para que finalmente la Copa América tuviese sus vacunas, que de hecho llegaron a Montevideo. “Esto representa un antes y un después en las relaciones entre China y la Conmebol en general, y entre China y la Copa América en particular”, proclamó entusiasta el embajador chino en Uruguay, Wang Gang [8] al entregar las dosis. La Conmebol se convirtió así en el primer actor no estatal en lograr la adquisición de vacunas contra el Covid19 en América Latina.

La relación entre la Conmebol y los estados sudamericanos puede leerse también a la luz de una problemática global, que es la tensión entre los sistemas jurídicos locales y los requerimientos de las federaciones deportivas internacionales para sus prácticas. Las organizaciones deportivas internacionales ya no son simplemente asociaciones que se dedican a la organización de eventos deportivos en los estados a los que pertenecen las federaciones asociadas. Tienen su propio marco normativo, sus propios tribunales de disciplina y reglas que en muchos casos se imponen en el territorio en el cual actúan por encima de aquellas que rigen el ordenamiento jurídico local. En líneas generales, las asociaciones deportivas internacionales están sujetas al derecho de los estados en los que desarrollan sus actividades. Es decir, por regla general es el estado, a través e sus leyes, la disponibilidad de infraestructura y sus decisiones, el que tiene injerencia sobre las actividades deportivas, y no al revés. En el caso de los Juegos Olímpicos, el COI pide inclusive la firma de un contrato con el estado organizador previa modificación de aquellas leyes que puedan entrar en conflicto con el ordenamiento deportivo. En la mayoría de los casos por un acuerdo tácito y obvio. Sería ya el colmo de lo absurdo que un juez federal argentino abriera una causa contra un árbitro por un gol mal anulado en un partido de Copa Libertadores jugado en su país. Pero en otros casos se trata de grises en los que el poder de los “agentes y agencias” del mundo del deporte se materializa en decisiones que tuercen o exceptúan lo que los estados imponen. La continuidad de partidos de torneos de la Conmebol en 2021 a pesar de las restricciones puede ser leído en ese sentido.

La exclusión es la principal herramienta a través de la cual las federaciones deportivas intentan empatar esta asimetría: excluir a un estado de la organización de un torneo, o amenazar con hacerlo, puede servir a la organización deportiva (en este caso la Conmebol, pero la presión se vuelve mucho más fuerte cuando se trata de la Fifa o el COI) para invertir posiciones [9].

Transparencia y obscenidad

“La Conmebol actual luce más trasparente, pero acaso más obscena”, escribió hace poco en una columna para La Nación Ezequiel Fernández Moores [10], un excelente resumen de lo que la confederación logró mostrar tras el escándalo del FifaGate de 2015. Ese acontecimiento marcó un antes y un después para el fútbol sudamericano. Entre los principales acusados por la justicia de EEUU de construir un gran entramado de corrupción internacional, se encontraban el mismo Nicolás Leoz, el uruguayo Eugenio Figueredo, presidente de la Conmebol entre 2013 y 2015, el paraguayo Juan Ángel Napout, que le sucedió al frente de la Conmebol por unos pocos meses en 2015, el expresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, José María Marín, y el jefe de la Federación de Venezuela, Rafael Esquivel. En abril de este año llegó también la noticia del procesamiento de Ricardo Teixeira, ex-yerno de Joao Havelange y expulsado de la Conmebol en 2012. Para permitir allanamientos policiales y el secuestro de documentos que prueben el entramado corrupto, en 2015 el parlamento del Paraguay derogó la ley que otorgaba inmunidad diplomática a la sede y funcionarios de la Confederación.

En 2016 fue elegido como nuevo presidente de la Conmebol Alejandro Domínguez, empresario paraguayo, miembro del directorio del Club Olimpia y dueño de varios medios de comunicación en su país. La presencia del debate público histórico del Paraguay en el seno de la Conmebol se puede ver también en este aspecto. El diario local La Nación, propiedad de Domínguez, montó una verdadera guerra mediática en contra de su principal competidor ABC Color, propiedad de la familia Zuculillo, cuyos bancos fueron usados por Leoz y sus cómplices para transferir el dinero sustraído a la Confederación. Alejandro es hijo de Osvaldo “el tigre” Domínguez Dibb, acaudalado dirigente del fútbol paraguayo dueño de un importante grupo empresarial construido con la ayuda del gobierno de Stroessner, amo y señor del fútbol paraguayo y que jamás ocultó su ferviente apoyo al dictador.

Domínguez lleva hasta aquí una gestión ordenada en lo económico, y ha hecho todo lo posible para lavar la cara de la Conmebol a nivel internacional. Desde su llegada ha logrado recuperar 50 de los más de 200 millones de dólares sustraídos de las arcas de la Confederación y que habían terminado en las cuentas de ex funcionarios de las federaciones futbolísticas locales y, especialmente, sus herederos. En el mundo del periodismo deportivo hay varios dispuestos a asegurar que el objetivo de Domínguez es llegar a ser el segundo latinoamericano en dirigir la Fifa. La imagen y las relaciones construidas en los últimos años le permiten tener un buen respaldo para aspirar al puesto, pero la suspensión de la Copa América 2020 desataría una cadena de problemas que podría perjudicar su carrera.

Domínguez, a comienzos de junio de este año, no era el único con serios problemas. Rogério Caboclo, presidente de la Federación Brasileña de Fútbol hasta hace pocos días, sufría una fuerte presión ante dos acusaciones de acoso sexual por parte una empleada. Jair Bolsonaro, bajo investigación por su negligencia ante la pandemia de Coronavirus por parte de una Comisión Parlamentaria, y repudiado con cacerolazos, escraches y multitudinarias manifestaciones, también necesitaba dar un golpe de mano en la actualidad brasileña.

Los nexos entre la Conmebol y las autoridades estatales locales son generalmente manejados por los dirigentes de las federaciones. Tras la confirmación de que Argentina no iba a ser sede de esta Copa América, Caboclo sondeó a Bolsonaro en la noche del 30 de mayo para ver si había posibilidad de llevar adelante el torneo en territorio brasileño. Y hubo acuerdo. Al día siguiente el pleno del Consejo de la Conmebol, compuesto por los presidentes de las 10 federaciones miembro, votó por unanimidad en primer lugar llevar adelante la Copa América a pesar de la pandemia, y en la misma sesión la propuesta de realizarla en Brasil. De inmediato se activaron también las alarmas en ese país, el segundo más afectado del mundo por la pandemia de Covid19, con casi medio millón de víctimas y un promedio de casos diarios superior a los 60.000. Tras el anuncio hubo exclusiones de dos tipos: de aquellos gobernadores que no quisieron que se realizaran partidos en su territorio, quitando así del fixture algunos de los modernos estadios construidos para la Copa del Mundo de 2016, y otros, considerados rivales políticos de Bolsonaro, como el gobernador de San Pablo Joao Doria, a quienes se les quitó directamente la posibilidad de organizar algún partido para evitar que pudieran lucirse a expensas del presidente. Así, a días del comienzo del torneo, las selecciones siquiera sabían a qué ciudad debían viajar.

La Conmebol logra así su cometido que va mucho más allá de la realización de un torneo que le permita ordenar las cuentas. Se trata de un proyecto de consolidación de un actor con evidentes aspiraciones geopolíticas, con capacidades y nexos establecidos a nivel internacional y que en algunos casos llega más lejos que los mismos gobiernos. Más que el dinero de los derechos televisivos, se juega en este tipo de eventos la continuidad y expansión de un modelo de organización deportiva internacional, y también de acumulación de poder en América Latina.

REFERENCIAS

[1] https://www.cronista.com/columnistas/La-TV-y-la-burbuja-de-la-Conmebol-20200810-0002.html

[2] https://nuso.org/articulo/futbol-la-cultura-de-la-corrupcion/

[3] https://www.rpctv.com/deportes/futbol/Princesa-Takamado-Japon-futbol-sudamericano_0_82191860.html

[4] https://www.conmebol.com/sites/default/files/docs2020/Estatutos-Conmebol-2020-esp.pdf

[5] https://www.bacn.gov.py/leyes-paraguayas/2634/ley-n-1070-concede-a-la-confederacion-sudamericana-de-futbol-csf-la-inviolabilidad-de-su-local-permanente

[6] https://www.ole.com.ar/futbol-internacional/dia-federaciones-digan-andate-ire_0_Sy7qnvxihl.html

[7] https://www.elobservador.com.uy/nota/conmebol-define-que-pasa-con-la-copa-america-para-la-auf-se-debe-jugar-202153110416

[8] https://www.lanacion.com.py/pais/2021/05/06/vacunas-chinas-para-conmebol-fueron-donadas-por-sinovac/

[9] http://www.iusport.es/opinion/ALBERTO-PALOMAR-INJERENCIA-ENERO-2018.pdf

[10] https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/cuando-la-pandemia-suspendio-la-pelota-nid02062021/

Periodista y docente*

El País Digital


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