Las elecciones agridulces de México – Por Katu Arkonada

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Katu Arkonada*

Las elecciones intermedias de sexenio en México se habían planteado como un referéndum entre el obradorismo y el anti obradorismo articulado en una alianza opositora anti natura entre el PRI (centro), el PAN (derecha) y el PRD (centro-izquierda) llamada “Va Por México” que se había puesto como objetivo impedir la mayoría de Morena y aliados en la Cámara de Diputados.

En ese sentido el obradorismo, conformado por el partido de López Obrador, Morena, y el Partido del Trabajo (PT), a quienes se sumaba el pragmático Partido Verde Ecologista (que en las presidenciales del año 2000 apoyó a Vicente Fox del PAN, y en 2012 y 2018 a Peña Nieto y Meade del PRI), ha superado el referéndum, pues la suma otorgada por el Instituto Nacional Electoral (INE) a Morena y PT es de entre 225 y 244 diputados, lo que les permitiría completar la mayoría simple en la Cámara sumando los 40-48 curules del Verde. Está lejos, eso sí, de la mayoría cualificada para reformar la Constitución cifrada en 333 bancas, que durante la pasada legislatura la mayoría oficialista pudo alcanzar negociando con partidos pequeños.

Por lo tanto, el obradorismo y su aliado Verde tendrán mayoría simple, pero ya no podrán optar a negociar la mayoría cualificada pues enfrente tendrá entre 181 y 213 diputados de oposición, unidos en un bloque con el objetivo de hacerle la vida parlamentaria imposible al oficialismo. Entre medio, el partido socialdemócrata Movimiento Ciudadano que con un rango de 20 a 27 diputados y diputadas, aspira a convertirse en una tercera vía, más cerca de la oposición que del obradorismo si pensamos en clave 2024.

Los tres partidos de nueva creación que competían dentro del espectro obradorista, Redes Sociales Progresistas, Fuerza Por México y Encuentro Solidario no alcanzan el tres por ciento exigido para mantener el registro, y no estarán en la elección presidencial de 2024.

Pero el retroceso parcial del obradorismo en la Cámara de Diputados (Morena pierde alrededor de 50 diputados respecto de los 253 que tiene actualmente y la mayoría simple por sí misma, además de la imposibilidad de optar a la mayoría cualificada) se compensa con la victoria en la mayoría de las gobernaturas en disputa, entre diez y once (Baja California, Baja California Sur, Sonora, Sinaloa, Nayarit, Colima, Michoacán, Guerrero, Tlaxcala, Campeche y Zacatecas). El PAN retiene dos estados muy importantes a nivel industrial, Chihuahua y Querétaro, Movimiento Ciudadano gana Nuevo León, el más importante desde el punto de vista económico de los que estaban en disputa, y el Verde gana San Luis Potosí, un estado donde no había alianza y Morena competía con su propia candidata.

Ciudad de México, un voto de castigo

Pero en otros estados donde no había elección a gobernador, sí se produjo un voto de castigo contundente contra Morena. El más significativo es la Ciudad de México, sede del gobierno federal gobernada por Claudia Sheinbaum, una de las presidenciables llamadas a suceder a Andrés Manuel López Obrador en 2024, y ciudad históricamente progresista ya gobernada por AMLO entre 2000 y 2006. En Ciudad de México se producían elecciones a las 16 alcaldías que componen la ciudad, donde Morena gobierna 11 desde 2018, y a pesar de que la dirigencia de Morena anunció la victoria en 14 de las 16, la realidad es que ni siquiera se mantuvieron las 11 donde se gobernaba y el obradorismo va a gobernar 6-7 dejando la mayoría de las mismas, 9-10, en manos de los partidos de la coalición opositora.

Más allá de cuestiones coyunturales, parece claro que hay una desafección de la clase media urbana y la juventud, que al no ver ningún beneficio tangible del proceso de transformación en marcha, ha optado por dar su apoyo a la coalición opositora. Lo mismo sucede en otras importantes zonas urbanas como Puebla, donde Morena pierde la capital que hasta ahora gobernaba, o Jalisco, donde a pesar de la mala gestión de Movimiento Ciudadano, que gobierna el Estado y la capital, Morena no pudo ganar Guadalajara, ni su área urbana Zapopan.

Un balance temprano

Aunque falta oficializar los resultados, el balance de la elección intermedia deja un sabor agridulce que debe ser analizado alejado de todo triunfalismo o derrotismo. Desde el punto de vista obradorista, debemos superponer tres niveles de análisis, un resultado mediocre en la Cámara de Diputados, pequeño retroceso respecto de la anterior legislatura, agravado por el voto castigo en zonas urbanas como Ciudad de México, Puebla o Guadalajara, pero compensado con el avance territorial que le van a permitir a Morena gobernar la mitad de los 32 estados del país y hacer un contrapeso a la hasta ahora mayoría opositora. Del lado opositor tampoco se puede mostrar demasiado triunfalismo, pues si bien van a evitar cualquier reforma constitucional, y avanzan entre la clase media urbana, el hasta ahora partido mayoritario PRI en el ámbito territorial pasa de gobernar cuatro estados a solo uno.

En síntesis, desde una mirada corta, a 2021, el obradorismo aprueba el test de las elecciones intermedias, pero recibe una llamada de atención y queda en una posición más débil de cara a las elecciones presidenciales de 2024 sin López Obrador como candidato. Para la población en general, y a pesar de la sacudida de tablero que suponen los resultados electorales, continúa el clivaje obradorismo-anti obradorismo.

*Tiene un diplomado en Políticas Públicas. Exasesor del Viceministerio de Planificación Estratégica, de la Unidad Jurídica Especializada en Desarrollo Constitucional y de la Cancillería de Bolivia. Ha coordinado las publicaciones “Transiciones hacia el Vivir bien” y “Un Estado muchos pueblos, la construcción de la plurinacionalidad en Bolivia y Ecuador”. Es miembro de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

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