El papel de Mauricio Macri en el golpe en Bolivia – Por Luis Bruschtein

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El 10 de noviembre se produjo el golpe contra Evo Morales y ya al día siguiente había manifestaciones en los barrios del extremo sur de La Paz, en la zona de Los Almendros, Los Rosales, El Pedregal y Ovejuyo. La policía y las bandas parapoliciales no daban abasto para reprimir a los simpatizantes del presidente Morales. El 12 a la noche salió el vuelo del aeropuerto argentino de El Palomar con un cargamento de armas antidisturbios y llegó el 13 a Bolivia. El 15 fueron masacradas 12 personas en Sacaba, Cochabamba y 125 resultaron heridas cuando la policía reprimió a una impresionante marcha de campesinos. Días más tarde hubo otra masacre en Senkata, El Alto, con diez personas muertas y decenas de heridos. El actual gobierno legítimo de Bolivia denunció que el Hércules que salió de Argentina llevó armamento antidisturbios que fue usado en esas matanzas.

El gobierno de facto de Jeanine Añez dijo que los manifestantes se habían matado entre ellos porque iban armados. En esas manifestaciones populares en defensa de la democracia no hubo una sola víctima entre las fuerzas represivas. Todos los muertos y heridos fueron manifestantes que defendían al gobierno del presidente Evo Morales.

Añez y su ministro de Interior, Arturo Murillo, serán juzgados por sedición junto con otros de los golpistas, así como por los crímenes de lesa humanidad cometidos por las fuerzas represivas en Sacaba y Senkata contra manifestantes desarmados. Si el armamento que usaron fue enviado por el gobierno argentino, el ex presidente Mauricio Macri debería responder ante los tribunales bolivianos por esos delitos.

“Llegamos al puente Huayllani, –en Cochabamba– y nos encontramos con tanquetas, policías y militares, –cuenta Hernán Maldonado Rosales, afiliado al sindicato de cocaleros, quien perdió un ojo por los disparos de la policía. No quisieron dejarnos pasar, estuvimos horas esperando. Ya estaba atardeciendo cuando hubo presión para que nos dejaran pasar, y de repente comenzaron a gasificar. Llovían los gases. En medio de eso, las mujeres y los niños, porque había señoras con sus hijos, hicieron lo que podían para escapar”.

El testimonio del campesino cocalero recuerda que “algunos se desmayaron por el gas y había señoras botadas en la carretera que necesitaban ayuda. Los que entraron a sacarlas murieron, pero a pesar de eso, me armé de coraje y entré. Ayudé a unas cinco personas, pero cuando me estaba por acercar a otra, recibí un balazo en el ojo. Entonces retrocedí, me pasaron los policías y cuando vuelven, me patean. Ahí me desmayé. Desperté dos días después”. Gases y balas antidisturbios fueron los protagonistas de esas masacres.

“Parte de nuestra investigación es que analizamos de dónde vinieron las balas –afirma el abogado internacional de Derechos humanos, Thomas Becker– , todos los agujeros de bala que vimos estaban del lado donde había gente, no del lado donde estaban los soldados. Medimos los ángulos para saber de dónde vinieron las balas. Los que analizamos venían del puente Huayllani, es decir del lado donde estaban los soldados. Para nosotros es claro que se trató de una masacre”.

Los testimonios del campesino Maldonado Rosales y del abogado Becker, fueron tomados por la publicación digital Brasil de Fato. El 13 de noviembre llegó a Bolivia el Hércules con armamento antidisturbios que mandó el gobierno de Macri y el 15 se producía esta masacre en Cochabamba.

Macri había perdido las elecciones en octubre de ese año. El vuelo irregular con armamento despegó de El Palomar cuando Macri estaba furioso porque había perdido la reelección. Ya había tenido una reacción destemplada cuando se conocieron las PASO con un resultado imposible de remontar: dio órdenes al Banco Central para que dejara disparar al dólar. “Para que aprendan a votar”. En la conferencia de prensa posterior dijo que el dólar se había disparado por el resultado de las PASO donde la gran mayoría había optado por la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández.

El gobierno de facto de Jeanine Añez estaba pidiendo asistencia a sus gobiernos amigos. La intensidad de las movilizaciones estaba consumiendo el arsenal de armamento represivo. El entonces presidente de Ecuador, el neoliberal Lenin Moreno envió otro cargamento con proyectiles y gases. Resultaría una coincidencia extraordinaria que los gobiernos de Argentina y Ecuador hayan hecho estos envíos en la misma época y al mismo lugar, en respaldo a los golpistas bolivianos.

Cuando se produjo el golpe en Bolivia, Alberto Fernández, que ya era de hecho presidente electo, habló por teléfono con Macri para que diera refugio a Evo Morales y Macri se negó.

Hay una constante en Macri como la hay en la derecha argentina. Los agitadores golpistas bolivianos, que actuaban en realidad como policías de civil se ensañaron con las “mujeres de pollera” que eran insultadas y humilladas en las calles, y con la población indígena al punto que llegaron a quemar una wiphala en forma pública.

De hecho, al mismo tiempo que el gobierno legítimo de Bolivia denunció el envío desde Argentina del avión con armamento represivo, la dirigente popular Milagro Sala cumplió dos mil días de una prisión injusta que se basa en los prejuicios étnicos y políticos del gobernador de la provincia de Jujuy Gerardo Morales.

Los contactos entre las derechas de ambos países tienen más antecedentes, como el que se produjop en 1980, cuando el general y narco Luis García Meza dio un golpe con el asesoramiento y respaldo de los dictadores argentinos Emilio Massera y Jorge Rafael Videla. En apenas un año hubo 500 desaparecidos y decenas de asesinados. Había tenido buenos maestros de sus correlatos argentinos.

La denuncia del respaldo de Macri y Moreno al golpe contra Morales fue formulada por el canciller boliviano Rogelio Mayta por lo que tiene entidad institucional. El presidente Alberto Fernández envió una carta a su colega Luis Arce donde le expresó “dolor y vergüenza” por los hechos denunciados.

En el macrismo niegan que enviaron armamento a los golpistas, pero el gobierno boliviano exhibió una carta de agradecimiento del entonces jefe de la Fuerza Aérea de Bolivia, Jorge Gonzalo Terceros Ala, uno de los acusados de encabezar el golpe. Su abogado dijo que la carta es una falsificación. Pero el ministro de Defensa argentino, Agustín Rossi, confirmó que el vuelo existió y que lo están investigando.

La denuncia contra Macri tuvo fuerte repercusión internacional, pero en Argentina fue minimizada por la corporación de medios hegemónica. En general, los medios macristas dan a entender, al igual que la derecha boliviana, que no hubo golpe de Estado sino que Evo “se fugó” a partir de una revuelta popular. Es difícil explicar con ese enfoque el aplastante triunfo que logró apenas un año después el partido de Evo Morales, el MAS, con la candidatura de Luis Arce, quien había sido su ministro de Economía.

Página 12


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