No hay cosa más sin apuro que un pueblo haciendo la historia – Por Fernando Pereira

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Por Fernando Pereira*

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

La gesta democrática, la hazaña popular que se concretó el pasado 8 de julio, no fue un milagro concedido. Es el producto de un factor insustituible para cualquier proceso de avance, el protagonismo popular, la participación de la ciudadanía, la democracia profunda.

Desde el día que el gobierno presentó en diciembre del 2019 el primer borrador de la LUC, el país se vio ante la necesidad de un debate profundo sobre el rumbo y el tipo de sociedad, sobre el país en el que queremos vivir y la forma en la que lo queremos construir. Las diferencias saltaron a la vista desde el primer momento, por forma y contenido.

Desde nuestro punto de vista, no era posible barrer de un plumazo, cambiar en noventa días el modelo del Estado uruguayo, gestado en un largo proceso de cambios incrementales, que con idas y vueltas, gestaron un tipo de sociedad que recogía las mejores tradiciones sociales del batllismo, las hondas raíces democráticas que imprimió el nacionalismo blanco a comienzos del siglo XX y el ensanchamiento democrático que supuso la incorporación de las organizaciones obreras y populares.

Es que el Uruguay es la convergencia de tradiciones plurales que permitieron transformarnos en un modelo de democracia. Por eso no compartimos de arranque que se desmontaran cambios construidos en décadas (en algunos casos casi un siglo) de un plumazo, apelando a una mayoría parlamentaria circunstancial.

Además, el cerno de la LUC, el núcleo duro que inspiró al gobierno, es una lectura y un modelo de sociedad que no compartimos. Pone la mira en aspectos que no se condicen, desde nuestro punto de vista, con esa tradición inclusiva, garantista, en la que el Estado es soporte de la calidad de vida de las grandes mayorías.

Presenta un hilo conductor en el que se retira al Estado de sus responsabilidades sociales y responsabiliza a los eslabones más débiles de la sociedad de problemáticas que son estructurales. Problemáticas que, justo es decir, no nacieron con este gobierno y se arrastran desde hace décadas, pero que se profundizan a partir de iniciativas como ésta.

No hicimos de esa lectura un tanque de guerra. Intentamos por todos los medios incorporar nuestra mirada al debate planteado. Entendimos entonces que la responsabilidad histórica nos exigía comprometer al conjunto de la sociedad.

Apelamos a nuestras organizaciones hermanas, al movimiento estudiantil, al feminismo, al cooperativismo, al ambientalismo, al más amplio espectro de organizaciones sociales, para construir entre todas una respuesta.

Nos movilizamos, planteamos propuestas, apelamos a expertos en cada una de las áreas que la LUC pretendía modificar.

Fuimos al Parlamento a trasladar nuestra mirada, pero el formato lo impedía. No se puede discutir un modelo de país, una mirada de largo plazo, en treinta minutos.

La campaña de recolección de firmas no fue un arranque iracundo, no fue un intento de palos en la rueda, fue la fórmula a la que, luego de extensas jornadas, meses de debate, arribamos. Nos sentimos en el compromiso de apelar a la ciudadanía frente a un debate que sentíamos que no estaba dado en los términos que caracterizan nuestra historia.

Desde entonces empezamos una nueva fase. Debate político y búsqueda para afrontar la lucha, la matriz principal de nuestra historia. Llegamos a un acuerdo unitario entre las organizaciones sociales y políticas que integramos la Comisión Nacional Pro Referéndum.

Una vez alcanzado el punto de encuentro, el que pudimos, asumimos que una vez saldada la discusión era la hora de poner todo en la cancha. Pusimos todos los recursos de nuestras organizaciones al servicio de la causa.

La militancia vertebró las bases que posibilitaron la hazaña, pero desde el primer momento supimos que el rol principal, el que determina el curso de la historia, era y es el protagonismo popular. Hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance, pero lo que permitió la hazaña fue el desborde del pueblo y la historia democrática de nuestro país.

Otra vez la historia de nuestro pueblo, la militancia popular, ensanchó las compuertas de la democracia. Sin protagonismo popular, no hay milagro.

Ahora viene el segundo tiempo, o el segundo partido de la llave. Tenemos que lograr que el sí a la derogación de los 135 artículos de la LUC sea mayoritario.

Este trabajo debe de empezar ya, porque nuestra principal herramienta van a ser los militantes de a pie, que con la herramienta del conocimiento van a hablar con los vecinos, los parientes, la comunidad, para mostrar los problemas de forma y de contenido, que hacen de la LUC una muy mala ley en general.

En estas semanas se harán un conjunto de actividades para sumar herramientas a las personas que tuvimos recolectando las firmas.

Por otra parte tenemos que ser una comisión de puertas abiertas, para que se sumen por distintas vías quienes acompañaron el referéndum contra toda la LUC, sectores o agrupamientos de los partidos tradicionales, sectores de la sociedad, que hasta ahora no han tomado partido. Nadie que tenga voluntad de producir un cambio legal de alto impacto puede quedar afuera.

Repito, no es una elección de mitad de período, tampoco es un plebiscito de la gestión de gobierno, es ni más ni menos que derogar 135 artículos de una ley de mala calidad, un proceso en el que deberán existir debates de expertos y debates políticos.

No dejemos que nos cambien el eje, puesto que los poco representativos logramos juntar varios cientos de miles de firmas y ahora vamos en forma consciente a tratar de ganar el referéndum.

Es tiempo de la gente, en eso estamos confiados.

* Presidente de la central única de trabajadores uruguayos PIT-CNT


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