Racismos, educación y poblaciones indígenas y afrodescendientes en México – Por Itza Amanda Varela Huerta y Bertha Maribel Pech Polanco

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Por Itza Amanda Varela Huerta y Bertha Maribel Pech Polanco*

En México, la presencia de los pueblos indígenas y afromexicanos está reconocida constitucionalmente como parte de su composición pluricultural. El reconocimiento de los pueblos indígenas y afromexicanos resulta contradictorio, puesto que la relación entre el Estado y los pueblos originarios y afromexicanos ha sido inequitativa y marcada por el racismo estructural. Resalta la casi nula presencia de personas indígenas y afromexicanas en educación superior debido a causas, que van desde la problemática económica, las brechas geográficas, la calidad educativa.

Según datos de la Encuesta Intercensal 2015 del INEGI, la población de México era de 119 millones 530 mil 753 personas de las cuales, 25 millones 694 mil 928 personas se autoadscriben como indígenas, cifra que representa 21.5 % de la población total del país, y de ellos 7 millones 382 mil 785 personas son hablantes de una de las 68 lenguas indígenas presentes en México. En el caso de la población afromexicana, según la misma encuesta, en el país, 1 millón 381 mil 853 se autoadscriben como integrantes de dicho colectivo poblacional, es decir, 1.16%.

El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social reconoce que la población indígena es de los grupos más vulnerables, cuya tasa de rezago educativo muestra que cuentan con menor acceso a la educación: “el porcentaje de rezago educativo para la población indígena y no indígena en el rango de edad de 30 a 64 es de 44.4 y 17.1 %, respectivamente”.Si bien las nuevas generaciones casi han abatido esta condición, persisten rezagos históricos acumulados con una clara desventaja para las mujeres hablantes de lenguas indígenas cuyo nivel de asistencia escolar es menor que el de los hombres, esta diferencia se incrementa a partir de los 12 años.

En el caso de los pueblos y comunidades afromexicanas, los datos generados en el país son insuficientes. El INEGI informa sobre la brecha de analfabetismo entre el promedio nacional y los municipios afrodescendientes seleccionados: En la Costa Chica de Oaxaca y Guerrero, el grado promedio educativo es tres años menos que la media nacional, que es de 9.2 años. El índice de analfabetismo es 6.9%, mucho menor que los presentes en las poblaciones indígena, pero en el caso de los grupos de edad de más de 60 años en municipios seleccionados por el INEGI para la muestra censal, el analfabetismo alcanza hasta 60% por la menor cobertura de servicios educativos.

Otro aspecto importante a señalar en la educación dirigida a las poblaciones indígenas y afromexicanas es la baja calidad en la enseñanza que reciben desde los niveles básicos, misma que se profundiza al considerar las tasas de ingreso, permanencia y egreso a la universidad donde los mecanismos siguen favoreciendo mayoritariamente a los grupos privilegiados de la sociedad.En México, a diferencia de otros países de América Latina, no se han planteado oficialmente las cuotas “étnicas o de género” como una política oficial, no obstante, han existido y existen esfuerzos institucionales por abrir espacios a personas indígenas, negras-afromexicanas, comunidad LGBTQ+, personas con discapacidades y otros grupos subrepresentados en el ámbito académico.

Las personas—afromexicanas y de origen maya— que colaboraron con nosotras en las investigaciones académicas siempre señalaban la experiencia del racismo como potencializador de su activismo político. Elena Salinas, mujer negra afromexicana de El Ciruelo, Pinotepa Nacional, Oaxaca, dice que empezó a trabajar en activismos porque de sufrió bullying y no quería que sus hijos vivieran esa experiencia “Porque las comunidades negras casi no mandaban a sus hijos a estudiar y nosotros por estar viviendo en Pinotepa”.

Por otra parte, en las entrevistas realizadas a ocho docentes mayahablantes–cinco hombres y tres mujeres– de la península de Yucatán, éstoscritican duramente el papel reproductor del racismo por parte de la escuela; hacen énfasis en el hecho de que hablar un idioma distinto al nacional (castellano) o identificarse con un sistema de organización propia, provoca el desprecio hacia los indígenas. A menudo, los indígenas han tenido que emplear diferentes estrategias para sobrellevar los efectos que provoca el racismo en su situación educativa, social y personal, como asienta Sergio Pool “En la sociedad por tu fachada, tu físico, por cómo vistes, enseguida como te ves es cómo te tratan. Eso viene de un pensamiento racista”.

En México hay la urgencia de reconocer la especificidad cultural y las necesidades educativas de los pueblos indígenas y afromexicanos y se requiere de verdaderas acciones de acompañamiento para hacer frente al racismo, tales como las que Fausto Chan señala: “defender lo nuestro, hacerles ver a las personas que nos ven como menos que tenemos derechos, hablar nuestro idioma sin miedo y hablar de lo que nos pasa, ya no legitimar más el racismo del que somos víctimas”.

La cantidad de personas indígenas y afromexicanas que se encuentran activas en el campo académico en el nivel superior y de posgrado es mínima, no solo en quienes cursan licenciatura, maestría y doctorado, sinoentre quienes son docentes en estos niveles. Este número es aún menor entre la comunidad que realiza investigación científica o disciplinar.

El sistema universitario mexicano está copado por una élite histórica que sostiene diferentes discursos racistas para impedir el ingreso de personas racializadas al espacio académico. Consideramos pertinente impulsar los debates sobre cuotas de inclusión para estudiantes indígenas y afromexicanos. Aunque el CONACYT ya tiene un programa especial de becas enfocado a estudios de posgrado para población indígena, sigue la alta deserción escolar continúa siendo elevada y opera como filtro para que muy pocas personas de los colectivos indígenas y afrodescendientes puedan concluir con éxito el nivel de educación superior. Adicionalmente, los instrumentosimplementados por el CONACYT no contemplan a la población negra-afromexicana.

El Estado mexicano está obligado a mirar estas prácticas de racismo eimplementar políticas que permitan a la juventud indígena y afrodescendienteingresar, permanecer
y concluirestudios superiores. En este contexto, las universidades mexicanas deben también asumir el compromiso de promover la integración desaberes y experiencias de diferentes latitudes culturales.

Respecto a los posgrados ofrecidos en las instituciones de educación superior y que cuentan con financiamiento público es importante que haya cuotas por género y etnicidades, pero que dicho alumnado sea acompañado para subsanarlas dificultades que pueden presentarse en términos pedagógicos y de redacción si su lengua materna no es el castellano. No basta con implementar programas de inclusión de estudiantes indígenas en universidades “convencionales”, se vuelve imperativo posibilitar caminos para la construcción de una nueva arquitectura universitaria que busque futuros deseables poscapitalistas, no coloniales y no patriarcales.

* Investigadora huésped modalidad posdoctoral en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, CIESAS-Pacífico sur.
**Universidad Pedagógica Nacional Unidad 31-A, Mérida.


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