Brasil: Negacionismo, contradicción y escándalos de corrupción – Por Solange Martínez

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Por Solange Martínez*

En el quinto país más poblado del mundo, con 210 millones de habitantes, la pandemia ya se llevó más de medio millón de vidas. Qué hacer para afrontar la crisis sanitaria se convirtió en una disputa entre fracciones del mismo gobierno, partidos, estados federales y gobierno central, aunque primó el negacionismo promovido por el Presidente.

Desde el inicio de la Pandemia Jair Bolsonaro, consideró públicamente que los efectos del Covid-19 son similares al de una “gripesinha”, evadió los métodos de cuidados y se pronunció en contra de las medidas de distanciamiento y cuarentena, es decir, cualquier decisión que frenara la actividad económica. Además, personalmente promovió sustancias no aprobadas para el tratamiento y la prevención de la enfermedad. Así, mientras el gobierno brasileño salta de escándalo en escándalo y críticas al negacionismo de la pandemia, la industria farmacéutica ejerce su poder de lobby.

Librado a la suerte del mercado, el Gigante del Sur se ha situado segundo en el mundo en cantidad de muertes por Covid 19, después de Estados Unidos y tercero en cantidad de casos, luego de Estados Unidos e India.

Iniciando agosto Brasil logró inocular con la primera dosis a  más del 47por de su población mientras que casi un 20 por ciento cuenta con el esquema completo, según lo informado por el consorcio de medios que logró saltar las restricciones impuestas por el gobierno central para publicar cifras.

Tras siete meses en los que el sistema de salud se mantuvo colapsado y la cantidad de muertes diarias alcanzó picos de 4500, el país logró por estos días números más alentadores, aunque no logra desembarazarse de unos 50 mil contagios diarios.

Ante esta pequeña primavera, pero con la variante Delta acechando, varios estados del país sudamericano iniciaron las clases  y flexibilizaron las medidas de prevención que  fueron aprobadas tras la intervención del Tribunal Supremo Federal, ante la negativa del presidente.

El desastre sanitario de Brasil no se explica, sin embargo, por falta de capacidades instaladas. En medio del negacionismo oficial, en diciembre de 2020, el Estado de Sao Paulojunto al Instituto Butanan (el mayor productor de inoculantes en Latinoamérica) avanzó en un acuerdo con la empresa farmacéutica china, Sinovac. Así comenzaron la producción a nivel local de la vacuna Coronavac, y a desarrollar la propia, Butanvac, cuyo ensayo clínico fue demorado entre abril y julio por la Agencia Nacional de Vigilancia de la Salud, ANVISA (el equivalente al ANMAT argentino).

A mediados de junio, Dimas Covas, director de este instituto, se quejó públicamente del efecto negativo de la posición de Bolsonaro frente al tema. Covas culpó al gobierno por la indefinición a la hora de cerrar contratos con las farmacéuticas y sumó críticas al instituto regulador ANVISA por la demora en aprobar el uso de emergencia de la vacuna china de fabricación local, Coronavac. Responsabilizó también al gobierno brasileño por dinamitar las relaciones con la potencia oriental y demorar la provisión del Ingrediente Farmacéutico Activo (IFA), que produjo demoras en la fabricación.

De igual manera, a fines de abril, ANVISA había desaprobado la importación de la vacuna Sputnik V bajo el argumento de falta de información técnica sobre la seguridad de su uso. El Instituto Gamaleya de Rusia respondió que la decisión estaba motivada políticamente. La vacuna de origen Indio, Covaxin, también sufrió demoras en su aprobación, aunque luego fue autorizada para ingresar al país, igual que la Sputnik V.

En Brasil también se produce a nivel local el componente vacunal de AstraZeneca, luego de un acuerdo de transferencia tecnológica celebrado en marzo de este año entre el laboratorio anglosuizo y la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), el mayor centro de investigación médica de América Latina, vinculado al Ministerio de Salud de Brasil.

A mediados de mayo, el Ministro de Salud, Marcelo Queiroga, anunció que había firmado un contrato para importar más de 100 millones de dosis de la vacuna de Pfizer, bautizada como Comirnaty. El acuerdo dio el marco para que Pfizer inicie en Brasil sus ensayos clínicos de la vacuna Covid-19 en mujeres embarazadas, ya que el uso de los inoculantes de AstraZeneca para este sector poblacional había sido desaprobado por ANVISA.

Esto no frenó, sin embargo, las declaraciones de Carlos Muirllo, presidente de Pfizer en Latinoamérica, quien atestiguó en el Senado, que el gobierno brasileño habría desoído desde diciembre del 2020 reiteradas ofertas del laboratorio.

A inicios de Junio el gobierno estadounidense envió a Brasil 3 millones de dosis de Johnson y Johnson y, aclaró (por las dudas) que las vacunas no implicaban favores ni concesiones. Pero ni la solidaridad tardía de EEUU, ni la activación de las capacidades instaladas más grandes de la región para la producción propia lograron, sin embargo, frenar la catástrofe que ha producido la Pandemia en este país. Las cifras de muertes y las fosas comunes, ya se habían convertido en una imagen cotidiana.

Negligencia y corrupción: las consecuencias las sufre el pueblo.

La estrategia de inmunización en Brasil se convirtió en un conjunto de acciones fragmentarias, sin conducción ni planificación estratégica clara.

En ese contexto, el presidente brasileño está siendo juzgado por una Comisión Parlamentaria que consiguió instalarse el 27 de abril luego de una guerra judicial entre tribunales oficialistas y opositores. Mientras la comisión indaga sobre actos de supuesta negligencia, el gobierno atraviesa por una crisis de imagen y afrontó masivas protestas callejeras, en mayo  junio y julio, bajo la consigna de “Fora Bolsonaro”.

Adicionalmente, a finales de junio la comisión parlamentaria abocada a investigar la negligencia del gobierno de Bolsonaro debió atender las denuncias de un funcionario del Ministerio de Salud, quien declaró que había sufrido una “presión atípica” para concretar una compra de tres millones de dosis de la vacuna india Covaxin, que presentaba, entre otras irregularidades, mayor precio que otras vacunas. A este escándalo, le siguió la denuncia a un funcionario del área de logística del Ministerio de Salud por parte de la empresa estadounidense “Davati”, quien afirmó que se le pidió 1 dólar de coima por cada vacuna AstraZeneca que fuera ofrecida en forma tercerizada, en un contrato que no se cumplió.

La pandemia puso sin dudas sobre el tapete las profundas desigualdades estructurales en todos los países del mundo y expuso los programas de los proyectos políticos en posición de gobierno. Se pudo ver con claridad si los mismos jerarquizan la vida o el beneficio corporativo, particularmente del puñado de laboratorios que conforman el Big Pharma Global.

El análisis del caso brasileño permite observar el modo de actuar en posición de gobierno de una fracción neoconservadora. Bolsonaro representó  la desaprensión respecto de su pueblo con la que la derechaactúa. Pese a sus enormes posibilidades, Brasil se ha convertido en un Estado permisivo y débil para hacer frente al lobby corporativo, dejando que la Pandemia resuelva “el problema de población sobrante” que preocupa tanto en el mundo.

Sin embargo, el pueblo brasileño ha tomado ya las calles. El último sábado de julio se registraron unas 400 movilizaciones en diferentes ciudades del país.

“Las revoluciones son imposibles hasta que se vuelven inevitables”, decía uno de los carteles en medio de la manifestación.

* Investigadora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE). Prof. de Psicología (UNSL). Diplom. Univ. en Género y Gestión Institucional (UNDEF). Maestranda en Sociología Política Internacional (UNTREF).


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