CELAC vs. OEA: la integración en disputa – Por Mauricio Ferolla y Fernando Vicente Prieto

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Mauricio Ferolla y Fernando Vicente Prieto(*)

El 24 de julio —en conmemoración del natalicio 238 de Simón Bolívar— se llevó a cabo la XXI reunión de Cancilleres de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Este encuentro, realizado en México, además de preparar la próxima Cumbre presidencial, tuvo en agenda algunos temas importantes como el acceso igualitario de vacunas, la reactivación económica de la región y la firma del tratado constitutivo de la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (ALCE). De fondo, se trató de una señal en el marco de una disputa más amplia, por el sentido de la integración en el continente.

¿OEA o CELAC?

La reunión de los diplomáticos latinoamericanos y caribeños se dio en el marco de un proceso de reactivación del organismo, impulsado fundamentalmente por México, que asumió la presidencia pro tempore en enero de 2020. Y en un contexto de reconfiguración de nuevos equilibrios.

En términos generales, durante los primeros años del siglo XXI la OEA —como espacio de articulación entre Estados americanos— perdió la referencia que ostentaba en el siglo anterior. El surgimiento y la articulación de gobiernos progresistas y de izquierda puso en cuestión la hegemonía de EE.UU. en el continente. Dos resultados de este proceso fueron la fundación de Unasur, en mayo de 2008 y la puesta en marcha de la CELAC, en febrero de 2010. Este último es el primer espacio diplomático que reúne a todos los países del continente sin participación de EE. UU. y Canadá.

El contragolpe fue inmediato. Golpes de Estado en Honduras (2009), en Paraguay (2012), en Brasil (2016) y múltiples intentos de golpes fallidos en Venezuela (2014, 2017, 2019-2020) se combinaron con los triunfos electorales de Mauricio Macri en Argentina (2015) y de Bolsonaro en Brasil (2018), gracias a la proscripción de Lula.

Estos acontecimientos, entre otros, configuraron un nuevo equilibrio, que habilitó a su vez una ofensiva aún mayor de EE. UU. Uno de sus principales objetivos fue la desactivación de iniciativas como Unasur y CELAC, lo que explica el protagonismo casi excluyente que tuvo la OEA en los últimos cinco años, en los que fue utilizada de manera cada vez más abierta para incidir en la vida interna de los países en coordinación con la agenda y la perspectiva del Departamento de Estado de EE. UU.

Fue precisamente en ese momento de clímax de la ofensiva conservadora, marcado por el golpe en Bolivia, en el que las luchas sociales abrieron la posibilidad de una nueva etapa política. De acuerdo a lo que venimos analizando en el marco de OBSAL, el Observatorio de coyuntura de América Latina y el Caribe, en el segundo semestre de 2019 se empezó a registrar la posibilidad de un cambio de tendencia respecto al quinquenio anterior.

Si bien en el escenario conviven movimientos y fuerzas contradictorias (como la elección de de Lacalle Pou en Uruguay y de Lasso en Ecuador), la principal novedad en los últimos dos años fue la eclosión de importantes luchas que ponen en crisis a gobiernos neoliberales, como en Chile, Perú, Colombia o Haití, por mencionar algunos países. Esto se combinó con el triunfo electoral de Alberto Fernández en noviembre de 2019 en Argentina, lo que se sumó a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador en México desde diciembre de 2018.

A su vez, las luchas sociales impulsaron cambios institucionales y abrieron la posibilidad de gobiernos progresistas o de izquierda en el eje andino, con el triunfo ya confirmado en Perú y escenarios más favorables que en otros momentos en Chile y Colombia.

Este es el marco en el que se desarrolla, por momentos en forma explícita, la disputa que encarnan la OEA y la CELAC como expresiones de diferentes proyectos de integración.

El eje México-Argentina y el reimpulso para la CELAC

La dinámica tomada por la CELAC desde la llegada a la presidencia por parte de México rompió no sólo con la inercia con la que venía el organismo, sino también con la tendencia a la fragmentación regional de los últimos años. Con Unasur paralizada, los países que integran ALBA-TCP asediados por el imperialismo nortemericano y la OEA dedicada abiertamente a la injerencia, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños aparece como el espacio de integración desde el cual proyectar la cooperación y solidaridad entre los países del continente.

En el último año y medio, plenamente marcado por la pandemia, la alianza entre México y Argentina ha liderado esa reactivación, dotando al organismo de un perfil progresista moderado, con base en el respeto a la autodeterminación de los pueblos y en el intento de realizar actos concretos de cooperación conteniendo la diversidad ideológica y política. Esta política ha sido acompañada por los países del bloque ALBA-TCP y cada vez más por el resto de los estados.

La CELAC impulsa una estrategia regional para enfrentar la situación pandémica que atraviesan los países de Latinoamérica y el Caribe. Ha sido el único organismo regional —mientras la OEA destaca por su silencio— que se posicionó en favor de una distribución equitativa de las vacunas contra la COVID 19 y por la democratización de su producción. A su vez, México, en calidad de presidente pro tempore, comenzó a distribuir vacunas a países menos favorecidos, como sucedió durante los meses de mayo y junio con la entrega de dosis a Belice, Bolivia, Paraguay, Guatemala, Honduras y El Salvador.

Uno de los puntos de mayor confrontación de la XXI reunión de cancilleres estuvo en las críticas al accionar de la OEA y de su secretario general Luis Almagro. Al rol que tuvo en el golpe de Estado contra Evo Morales se suma la posición de intervención que Almagro tiene ante las crisis políticas que atraviesan Nicaragua y Cuba. La contraparte de esto es el mutismo ante la represión en Chile y en Colombia a las movilizaciones populares y los obstáculos del fujimorismo (finalmente superados) al reconocimiento del triunfo de Pedro Castillo en Perú.

En su discurso, López Obrador señaló que “no debe descartarse la sustitución de la OEA por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie”, proponiendo a cambio uno que aplique “los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de las controversias”. AMLO también hizo mención a la situación que atraviesa Cuba, posicionándose contra el bloqueo y sometimiento estadounidense a la revolución, reconociendo la lucha del pueblo cubano en la defensa de su soberanía.

En torno a la reunión, otro gobierno crítico con el rol de la OEA, el argentino, se postuló para presidir el organismo en 2022. La candidatura cuenta con el apoyo de Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, México, Paraguay, Perú, Surinam y Venezuela. La elección se llevará a cabo en la próxima cumbre de presidentes, que tendrá lugar en el mes de septiembre.

En un continente atravesado por múltiples crisis, la integración latinoamericana y caribeña está en disputa. Como señalamos en el informe 13 del OBSAL, a la par que soplan vientos de cambios y se vuelve a configurar un eje progresista en la región, la derecha resiste desde un lado más autoritario y conservador y el gobierno de Biden profundiza su estrategia injerencista. La CELAC tendrá un rol fundamental en promover la unidad y cooperación de los países y hacer respetar la soberanía de los pueblos, a la vez que articular y potenciar otros espacios de integración regional.

(*) Mauricio Ferolla y Fernando Vicente Prieto son integrantes del Observatorio de coyuntura en América Latina y el Caribe (OBSAL), que impulsa el Instituto Tricontinental de Investigación Social.

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