Empleo e informalidad: Perú retrocede 15 años de participación femenina – Por Alejandra Dinegro M.

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Por Alejandra Dinegro M.*

La OIT acaba de publicar un serio y preocupante informe(1) sobre la situación laboral en América Latina en tiempos de pandemia. El Perú ha retrocedido 15 años en el avance de la participación económica femenina. Este panorama laboral no es alentador y plantea un desafío de grandes magnitudes para los países como el nuestro con altas tasas de informalidad y aumento del subempleo.

Para contextualizarnos, la pandemia del Covid-19 viene generando diversos impactos en las economías y mercados laborales mundiales. Provocando recesiones económicas con efectos en la accidentada demanda de mano de obra, dificultades para la generación y preservación de los puestos de trabajos existentes, así como la poca promoción de mecanismos de protección social para sectores más vulnerables: informales y desempleados.

En el Perú, con la pandemia, las mujeres trabajadoras vienen asumiendo con mayor demanda, la responsabilidad del hogar y de los cuidados de niños, adultos mayores o enfermos en la familia. Ello trajo como consecuencia que diversas brechas laborales se acentúen y se manifiesten con mayor intensidad. Las mujeres con trabajo formal, se encuentran en sectores altamente feminizados: salud, educación y servicios. Las mujeres sin empleo formal, se refugian en sectores informales, el autoempleo y en el trabajo doméstico no remunerado.

A nivel regional, la CEPAL señala que en América Latina se está viviendo una de las mayores crisis económicas que haya experimentado en toda su historia desde inicios del Siglo XX. Situación que se ha visto reflejada en la fuerte contracción del nivel de actividad económica que viene afectando con mayor preocupación a países como el Perú: con estructuras productivas que dependen de sectores tradicionales (sin diversificación) y que reposa en las mypes y en la capital del país.

Hay un dato aún mayor contundente para nuestra región de América Latina y es el fuerte retrocesos en la tasa de participación laboral de las mujeres, las cuales han significativamente, más elevadas que en los varones. A nivel regional, el empleo se ha recuperado parcialmente y todavía falta recuperar un tercio de los puestos de trabajo que se perdieron en el primer semestre del año 2020. Ese 30% que falta recuperar de empleo total, se convierte en el 40% de empleo femenino que todavía hay que recuperar. Esos retrocesos son de entre 10 a 15 años de avance al respecto.

Se perdieron en el primer semestre del 2020, alrededor de 43 millones de puestos de trabajo y desde mediados del año pasado al primer trimestre del 2021, se han recuperado 29 millones de puestos de trabajo. Por lo tanto, si se compara con el escenario de antes de la pandemia, nos damos cuenta que faltan 14 millones de puestos de trabajo que faltan recuperar.

Para el caso peruano, según el INEI, a junio de este año, la población peruana con empleo ascendió a 16.304.200 personas, superando a lo observado en el mismo mes del año 2020. Pero respecto a la población ocupada femenina, sigue contraída en -3,2% (-243.200 personas) respecto al año 2019 (pre pandemia), mientras que la masculina repuntó en 1,1% (99.400 personas).

Y si hablamos solo de empleo formal, este asciende a 7.315.100 personas a nivel nacional y sigue sin recuperarse los índices previos a la aparición del Covid-19: 2.198.700 empleos perdidos. En Lima metropolitana, durante el último trimestre móvil mayo-junio-julio del presenta año, la población con empleo adecuado es de 2.421.700 personas: 1.649.100 hombres y 772.600 mujeres. Empleo adecuado: respeto a sus horas de trabajo, sueldo superior al mínimo, con contrato, con acceso a la seguridad y protección social, etc.

Lo que preocupa (debería) es lo siguiente: en lo que va del 2021, son las ocupaciones informales las que están liderando la recuperación parcial del empleo. La estrecha vinculación entre informalidad laboral, bajos ingresos y desigualdad se ha hecho aún más evidente en este contexto de crisis sanitaria mundial. Si la mayoría de puestos de trabajo que se han recuperado son informales, lo que preocupa es el tránsito de las trabajadoras de puestos formales a informales. Siendo ese un riesgo latente de un proceso de informalización.

A nivel mundial, OIT estima que durante este año habría 13 millones menos de puestos de trabajo femeninos que en el año 2019, mientras que el empleo de los hombres habrá recuperado los niveles del año pre pandémico. En promedio a nivel mundial, la brecha en la tasa de ocupación por género será extremadamente elevada.

Si hay una tasa de informalidad laboral, subempleo y desempleo como los que estamos percibiendo, el Estado debe actuar. No puede quedarse de manos atadas como un simple espectador. El ex presidente Vizcarra anunció a mediados de año 2019 que se crearían 1 millón de empleos en obras públicas, pero ese ofrecimiento no avanzó por la emergencia y los conflictos políticos. Con el gobierno de Francisco Sagasti, tampoco hubo mayor intento al respecto. El gobierno de Pedro Castillo debería retomar la reactivación del sector construcción y la celeridad de construcción de obras, de la mano con la aplicación de un programa de empleo masivo formal. El reto es justamente ello y no se ha escuchado nada al respecto.

Muchas veces, el empleo temporal que puede ofrecer el sector público, termina siendo tan precario como el de los auto empleados en la calle. Esto que significa, que solo es un aliciente para sobrevivir, no se tiene capacidad de ahorro y tampoco se ensayan mecanismos urgentes de protegerlos ante la carencia de un seguro de salud, fondo pensionario o una CTS.

Es importante sostener la relación laboral formal, pero a la par es necesario apuntalar la creación de nuevos puestos de trabajo. Deben ser integrales, coherentes entre sí. Se necesita políticas que apuntalen el crecimiento del empleo y sostenibilidad de esos trabajos. Es por ello lo urgente de atender el empleo femenino en nuestro país.

Se necesita impulsar programas de capacitación para las mujeres de todas las edades (previa identificación de limitantes y accesibilidad a los programas estatales) promover una mayor participación de las mujeres en sectores productivos innovadores, así como la promoción de su independencia económica con modelos asociativos locales.
De la agenda pendiente de las mujeres, se suma ahora la problemática laboral que viene siendo relegada en el discurso oficial.

Nota

(1) https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/document…

* Socióloga de la Universidad Nacional de San Marcos. Asesora y Consultora independiente en salud y seguridad en el trabajo, comedores populares, participación ciudadana, gestión pública y diseño e implementación de programas sociales . investigadora del mundo laboral y plataformas digitales.


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