La democracia no se suspende, ni siquiera en pandemia – Por Dolores Gandulfo

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Por Dolores Gandulfo*

Desde que el 11 de marzo de 2020 la Organización Mundial de la Salud declaró la pandemia por el COVID-19, el mundo y la región vivieron importantes cambios. La emergencia sanitaria se propagó rápidamente a escala mundial y los gobiernos tuvieron que tomar distintas medidas para contener una situación inédita. Los procesos electorales no quedaron exentos. El 75% de las elecciones fijadas para 2020 fueron postergadas.

En este nuevo escenario, el Observatorio Electoral de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL) que desde su creación en 2016 ha desplegado más de una veintena de misiones de observación electoral en la región, avanzó en el seguimiento de los procesos electorales –atentos ahora también a las consecuencias de la pandemia– analizando las decisiones de los gobiernos y los órganos electorales en los países que tenían planificadas elecciones durante todo este tiempo que llevamos de pandemia.

En un informe denominado Comportamiento electoral en tiempos de Pandemia nos propusimos analizar al electorado, tomando los casos de los países que han llevado a cabo procesos electorales en este contexto excepcional. En cada caso, buscamos contrastar la participación ciudadana con la cantidad de contagios durante el tiempo previo y posterior a la elección, considerando la fase epidemiológica y de apertura económica vigente en cada uno de los países.

Cabe recordar que, en el primer semestre de 2020, frente a la incertidumbre que presentaban los primeros meses de la pandemia, observamos que varios países decidieron suspender y posponer sus elecciones. En ese contexto, nos propusimos analizar las primeras elecciones que se llevaron a cabo en distintos países del mundo: Israel, Francia, República Dominicana, República de Guinea, Corea del Sur, Surinam y San Cristóbal y Nieves.

El informe 2020 tuvo en cuenta la fase epidemiológica de cada país y la apertura económica vigente en el momento de los comicios, y centró su análisis en dos puntos principales: la participación electoral y la curva de evolución de casos en los 15 días previos y posteriores a la jornada electoral. En casi todos los comicios analizados la afluencia a las urnas sufrió una disminución de moderada a importante, que osciló entre 12% y 22%, salvo en los países que cuentan con la figura de voto anticipado o que implementaron metodologías de padrones diferenciados, como Corea del Sur o Israel. Sin embargo, el porcentaje de participación electoral no fue cuestionado en ninguno de los países analizados, ya sea por fuerzas políticas, organismos estatales o misiones de observación internacional.

En cuanto a la relación entre la curva de casos de COVID-19 y la participación electoral, desde el Observatorio no detectamos una relación directa. Estimamos que las variaciones son más factibles de asociar con los procesos propios del manejo de la pandemia en cada uno de los países: si reabrieron la economía y la actividad usual con medidas preventivas, o si impusieron fuertes controles, ente otros. Un ejemplo de ello fue Francia, que celebró la primera vuelta de las elecciones municipales durante el momento de mayor circulación del virus y antes de imponer un confinamiento obligatorio de mes y medio a la población, por lo que hubo posteriormente un aumento considerable de los contagios. En cambio, la segunda vuelta se hizo en medio de la salida gradual de la cuarentena y con el brote ya controlado, y la curva de contagios no tuvo variaciones atípicas tras la convocatoria electoral. En definitiva, la jornada electoral no afectó sustancialmente la curva de contagios que transitaba ese país en ninguna de las dos ocasiones.

Hasta ahora, en los comicios que se llevaron a cabo durante la pandemia no hubo estudios que determinaran una vinculación directa entre su celebración y el incremento de casos. Uno de los casos más renombrados es el de República Dominicana, donde tras las elecciones presidenciales del 5 de julio se registró un significativo incremento de casos. No obstante, tanto las autoridades dominicanas como analistas señalaron que las elecciones se hicieron en una fase de alta circulación comunitaria, potenciada por la apertura económica iniciada dos meses antes, por lo que no es posible establecer una correlación directa con el proceso electoral, ya que el aumento venía registrándose como propio de la etapa de flexibilización.

En el extremo opuesto, las infecciones de COVID-19 siguieron descendiendo tras las elecciones celebradas en Corea del Sur en fase de distanciamiento social, en la que las autoridades impusieron estrictos protocolos sanitarios durante todas las etapas del proceso electoral.

En la segunda mitad del año pasado, muchos países retomaron sus calendarios electorales. Nos focalizamos en las elecciones de la región: Uruguay, Bolivia, Chile, Belice, Brasil y Venezuela. En el caso de Bolivia, donde la participación fue alta (87%), aun mayor al promedio histórico (80%), responde a una tradición histórica de alta participación, sumada a la fortaleza de un pueblo que, privado de derechos en dictadura, votó masivamente por el restablecimiento democrático.

En la edición 2021 del Informe, en los países que hemos analizado se registra un incremento en el porcentaje de participación de electores y electoras. Tal es el caso de México, que aumentó la participación electoral en un 5% con respecto a la elección anterior para la misma categoría; y El Salvador, que tuvo un 4,5% más de participación ciudadana respecto a las elecciones legislativas y municipales llevadas a cabo en el año 2018. En tanto, en Chile subió unos 8,4 puntos porcentuales respecto a las elecciones municipales anteriores. Sin embargo, se debe tener en cuenta que en esta oportunidad había más categorías en disputa, siendo la primera vez que se elegían gobernadores o gobernadoras regionales, y se elegían convencionales constituyentes para la redacción de la nueva carta magna. Asimismo, otro dato a tener en cuenta es que allí el voto es voluntario, siendo en el año 2012 las primeras elecciones municipales con esa modalidad. En el caso de las elecciones en Ecuador, se observa que la baja en la participación respecto de las elecciones anteriores no fue cuantitativamente significativa en ninguna de las dos oportunidades –en las generales y en la segunda vuelta presidencial– siendo de 0,6 y 0,3 puntos porcentuales, respectivamente.

Donde sí hubo una disminución de la participación electoral respecto de las elecciones anteriores para las mismas categorías fue en Perú. En las elecciones generales, la baja en la participación fue del 11,6%, mientras que en la segunda vuelta presidencial la disminución fue de 5,5 puntos porcentuales respecto a la segunda vuelta del año 2016. Sin embargo, en este caso no podemos dejar mencionar la grave crisis institucional que vivió el país en 2020, con la presencia de cuatro presidentes en una semana y la gravísima situación sanitaria, así como la falta de transparencia de los datos oficiales sobre contagios y fallecimientos a causa del COVID-19.

De esta forma buscamos recuperar las experiencias de elecciones en pandemia, para lograr una mayor comprensión de la relación entre los procesos electorales, la participación y el desarrollo de los contagios en cada uno de los países.

Si bien América Latina es una de las regiones del mundo más afectadas por la pandemia, el COVID-19 ha obligado a organismos electorales, partidos políticos, y demás actores intervinientes en los procesos electorales a repensar la organización de los comicios. Mucho se ha avanzado en el diseño de protocolos sanitarios que pueden garantizar el derecho al voto en condiciones que resguarden la salud de los ciudadanos y las ciudadanas. La observación en estos contextos sin dudas refuerza la importancia de elecciones transparentes que colaboran en la construcción democrática y la integración latinoamericana.

En definitiva, ni la crisis sanitaria ni la crisis económica pueden ser excusas para suspender elecciones. La democracia siempre es la mejor inversión y el actual contexto político e institucional de la región requiere de la consolidación de los procesos electorales, garantizando a la ciudadanía el derecho al voto y fortaleciendo así las instituciones democráticas.

*Dolores Gandulfo es directora del Observatorio Electoral de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (COPPPAL), profesora del Instituto Nacional de Capacitación Política del Ministerio del Interior (INCAP) y docente universitaria (USAL/UNSO/AERIA).

Revista Movimiento


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