¿Por qué una mujer indígena en Paseo de la Reforma? – Por Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México

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¿Por qué una mujer indígena en Paseo de la Reforma?

La historia del llamado “descubrimiento de América” tiene diversas formas de ser vista. La visión dominante ha sido una que glorifica a la figura de Colón. Dicha visión pone en el centro a un hombre de una gran complejidad y lo simplifica resaltando su europeísmo, valentía y heroísmo. En otras palabras: se ha mitificado una figura del pasado que hace entender la invasión y colonización de América a través de los ojos europeos, es decir, a través de ojos “civilizatorios”.

¿Pero qué se silencia cuando se pone en el centro del relato histórico a una figura europea, masculina? En 1493, un año después de que Colón encontró lo que él siempre creyó que era una parte de Asia, el navegante genovés regresó con una tropa de alrededor de diecisiete barcos y se nombró a sí mismo nuevo gobernador de la isla La Española (hoy Haití y República Dominicana). Distintas fuentes apuntan a que dicha población pasó de tener 8 millones de habitantes a 3 millones para 1496. Entre epidemias y exterminio, para 1514 el número de pobladores indígenas era de 22 mil. Para 1542 sólo 200 aparecen en el censo.

Vuelvo a preguntar entonces: ¿Qué se silencia cuando heroisamos a la figura de Colón? ¿Qué se silencia? Se silencia el exterminio y el esclavismo de pueblos originarios. Se silencia la barbarie (y no el acto civilizatorio). Se silencia también el origen de un profundo racismo que prevalece hasta nuestros días.

Los monumentos, estatuas y nombres de las calles de nuestra ciudad son legados que dejamos para futuras generaciones. Son marcas históricas que deben hacernos recordar dignamente nuestro pasado. La memoria histórica que buscamos preservar no puede ni debe ser solamente una visión mitificada. El silencio histórico es una forma de violencia que somete, aniquila y determina un presente. El silencio histórico se vuelve un ancla que invita a la complicidad y dificulta el cambio.

Mover la estatua de Colón y en su lugar poner la de una mujer indígena es un movimiento en contra del silencio histórico. Es una reivindicación de las figuras históricas que han sido las más olvidadas y violentadas; implica dejar como legado una visión que rescata no sólo la participación de las silenciadas, sino que las coloca en el centro. El silencio histórico se vuelve entonces voz, se vuelve camino, se vuelve posibilidad futura. El cambio de énfasis que implica este nuevo monumento nos ayuda a recordar el origen, nuestro origen. Nos ayuda a colocar a la figura femenina como protagonista de un pasado que le ha sido negado. Reasignarle el lugar a la mujer en el curso de la historia implica también reivindicar su lugar en el hoy. Implica iniciar un cambio de conciencia en el que nos sentimos orgullosas de nuestro protagonismo y no silenciadas por la omisión y sumisión que han caracterizado la historia de la mujer, y en particular de la mujer indígena.

Sin duda Colón significó un cambio en la historia del mundo, pero cómo entendemos ese cambio es lo que hoy nos cuestionamos. Colocar a una mujer y en particular a una mujer indígena en este lugar implica empezar a replantear la mirada histórica. Implica empezar a contar la historia desde otro lugar. Implica colocarnos frente a nuestro pasado y, por tanto, frente a nuestro presente y futuro, desde la mirada de la mujer indígena como parte esencial de la historia de este continente. Implica también que generaciones de mujeres presentes y futuras puedan reconocerse como hacedoras de historia. Ese es nuestro cambio de conciencia.

Es una responsabilidad ética replantearnos el pasado para transformar las injusticias del presente. Sólo así podemos combatir el racismo y el clasismo que se viven en la actualidad. La transformación tiene que ser de raíz y por ello recolocamos la mirada histórica. Este monumento recupera la valentía y la resistencia de personas que han quedado silenciadas por cientos de años a pesar de sus luchas y resistencias, a pesar de haber sido vencidas pero nunca rendidas. Responsabilidad de la que podemos sentirnos muy orgullosos y de la que nos estamos haciendo cargo.

*Agradezco a mi hija Mariana Imaz, quien me ayudó muchísimo con este texto.

La Jornada


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