Argentina | Soberanía alimentaria, agroecología y encuentro feminista de la UTT

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Soberanía alimentaria, agroecología y encuentro feminista (I)

Por Manuela Wilhelm

Este 23 y 24 de octubre, en la sede de la UTT en Olmos, La Plata, las trabajadoras de la tierra de todo el país se reunieron para compartir las problemáticas que atraviesan como mujeres campesinas y productoras de alimento en cada territorio. Lo que las une: la necesidad de la Ley de Acceso a la Tierra, pero además talleres de plantas medicinales, de sexualidad, teatro, alimentación sana, tejidos, fiesta y agite son parte de lo que las encontró. Compartimos con ellas ambos días de encuentro y entrevistamos a productoras de Misiones, Mar del Plata, Olmos y la secretaria de Género y una de las fundadoras de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), Rosalía Pellegrini en el marco del Segundo Encuentro Nacional de Mujeres trabajadoras de la tierra.

Es el primer día del Encuentro Nacional de Mujeres Trabajadoras de la Tierra. El sol y el viento pegan fuerte sobre el campo de Olmos, en 197 y 36 donde la UTT tiene una de las sedes. “Han venido más de 200 promotoras rurales de género de más de quince 15 provincias, mujeres rurales campesinas productoras de alimentos que organizadas en la Secretaría de Género estamos no solo combatiendo, concientizando acerca del machismo en nuestros territorios sino también desarrollando distintas iniciativas que tienen que ver con agroecología, perspectiva de género, con la construcción de una soberanía alimentaria que incluya a las mujeres» dice Rosalía Pellegrini, secretaria de Género y una de las fundadoras de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT).

La primera vez que las mujeres trabajadoras de la tierra hicieron su encuentro fue durante el 34° Encuentro Plurinacional de MTTBNb, en La Plata. «También desarrollamos ideas que tiene que ver con el protocolo contra la violencia de género dentro de la organización que se aplica a lo largo del territorio nacional. Porque decimos, si la justicia es patriarcal desarrollemos nuestra propia justicia feminista y nos hacemos cargo dentro de la propia organización” dice Rosalía antes de agarrar el megáfono para organizar la primera parte de los talleres: «Olé olé, olé olá, es por la tierra pa trabajar, soberanía alimentaria popular». Las mujeres de Tucumán, Misiones, Córdoba, Mendoza, Mar del Plata, Corrientes, Jujuy, Salta y otras seis provincias se suman a cantar y los talleres comienzan.

Estela Miranda, pequeña productora de la zona de Olmos impulsa la formación en Alimentación Sana, Segura y Soberana. Buscamos un lugar al reparo del viento y la entrevistamos sentada en el frente del Refugio para Mujeres que construyó la UTT. Antes que nada, Estela sostiene: «Estar en la Unión de los Trabajadores de la Tierra es la lucha por el acceso a la tierra» y explica: «No queremos que nos regalen la tierra, sino poder tener un crédito blando para poder ir pagando de a poco la propia tierra que plantamos, en vez de pagar un alquiler a Cattoni o Matioli (inmobiliarias de la zona), queremos acceder a un pedazo de tierra y el día de mañana construir una casa digna para nosotras y nuestros hijos».

En La Plata son 5000 pequeños productores que sólo se llevan el 30% del precio final del producto en la góndola. «La mayoría alquila, luchamos por tener una vivienda digna, esa es la lucha también, porque las quintas que alquilamos tienen casillas de madera en malas condiciones, no podemos hacer casa de material y se sufre mucho por el tiempo, el temporal te hace caer todo, o se prende fuego la casilla, quedas con lo puesto; por eso luchamos por acceso a la tierra y vivienda digna«.

¿Cómo afecta no tener tierra propia a las mujeres en particular? «Si yo alquilo una quinta el contrato está a nombre de un hombre, no puedo decidir qué plantar, si yo no quiero usar químicos el patrón viene y me lo da y lo tengo que poner, y ¿por qué? porque no soy dueña de la tierra, entonces cuesta que la mujer sea visibilizada», dice Estela.

¿Qué sucede en los Encuentros de Mujeres Trabajadoras de la Tierra? «Para mí es una alegría; crecimos muchísimo, podemos decir las cosas, antes no se podía; podemos decir no a algunas cosas, hoy en el encuentro de mujeres ver a tantas compañeras que pasan por cosas duras, que a la vez nos fortalece, el día de mañana si alguien viene y me quiere humillar ya no le dejamos hacerlo, por eso la importancia de saber dónde acudir, tener compañeras que sepamos apoyarnos. Yo antes era una mujer callada, sumisa, era una mujer de casa, siempre atendiendo al marido, a mis hijos, tuve que pasar muchas cosas, tener que salir a trabajar, y hoy en día pasó ya tiempo, tengo mis compañeras de género que estuvieron ayudando y pude salir y me siento fortalecida, por más que venga un hombre y me diga no vas a ser capaz me entraría por un oído y me saldría por el otro, es bueno que se hagan estos encuentros para poder ayudarse» rescata Estela. Hoy en día impulsa la capacitación en alimentación sana en el Mercado Central a través de una diplomatura y «salimos por el conurbano a enseñar a compañeros de la organización cómo comer nuestra propia verdura que plantamos».

Desde marzo del 2020, la UTT preside el centro comercializador de frutas y hortalizas que abastece a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y al Gran Buenos Aires, donde viven 12,8 millones de personas; con el objetivo de permitir el acceso de pequeños productores y cooperativas a los grandes mercados.

Otra de las luchas que impulsa la UTT es la Ley de Etiquetado Frontal porque apuntan que son las mujeres y sus familias quien más sufren las reglas de etiquetado de productos, y las que van al frente en las tareas de cuidados, las cuales no son reconocidas. «Trabajo en la quinta pero aprendí a variar de verdura, que se pueden mezclar colores y a implementar legumbres, no solamente comiendo carne, a veces no es necesario. El cambio es difícil pero se puede cambiar a una alimentación sana, porque hay mucho sobrepeso por la comida rápida, y también saber lo que estamos comiendo, aprender a leer como está compuesto un producto comprado, es algo que antes no lo hacía y lo aprendí, no dejarme llevar por un dibujito. A veces también el tiempo: somos mujeres que trabajamos en la quinta, y es volver a la casa, cocinar rápido, estamos al cuidado de los hijos. Necesitamos que la mujer sea visibilizada porque está al frente de todo: la casa, los niños, el trabajo, lo económico, no nos tienen en cuenta, somos las que trabajamos a la par del hombre y más que ellos», dice Estela. Le preguntamos si le podemos hacer un retrato fotográfico pero con una sonrisa nos dice que no quiere.

ANRed


Soberanía alimentaria, agroecología y encuentro feminista de la UTT(II)

Por Manuela Wilhelm

Este 23 y 24 de octubre, en la sede de la UTT en Olmos, La Plata, las trabajadoras de la tierra de todo el país se reunieron para compartir las problemáticas que atraviesan como mujeres campesinas y productoras de alimento en cada territorio. Lo que las une: la necesidad de la Ley de Acceso a la Tierra, pero además talleres de plantas medicinales, de sexualidad, teatro, alimentación sana, tejidos, fiesta y agite son parte de lo que las encontró. Compartimos con ellas ambos días de encuentro y entrevistamos a productoras de Misiones, Mar del Plata, Olmos y la secretaria de Género y una de las fundadoras de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT), Rosalía Pellegrini en el marco del Segundo Encuentro Nacional de Mujeres trabajadoras de la tierra.

Treinta mujeres campesinas de quince provincias de Argentina conversan sentadas alrededor de un aguayo sobre el que hay toda clase de condimentos y especias. Las gorras las protegen del sol que está bravo durante el Segundo Encuentro Nacional de Mujeres de la Tierra que se realiza en Olmos, cordón frutihortícola de La Plata donde se producen más del 72% de las hortalizas que se comercializan en el Mercado Central de Buenos Aires. El juego que proponen en el Taller de Alimentación Sana es identificar sabores; para esto una compañera le acerca una pequeña semilla marrón a Estela, que tiene sus ojos vendados. Olor no tiene, dice y prueba saborearla en su boca para poder diferenciar; entonces arriesga: ¿Azúcar mascabo? «Era un sabor de mi infancia, de chica lo probé pero me había olvidado» dice, y reflexiona: «Esta es una manera de recuperar eso que ya lo conocemos, lo hemos sentido y se está perdiendo con el agronegocio«.

En otra ronda se realiza el Taller de Agroecología y la discusión es acerca de la toma de decisiones sobre la producción. «Nos organizamos entre cuatro compañeras para alquilar una quinta para producir sin remedios tóxicos. Cuando fuimos a pagarle el dueño de la tierra no quiso hablar, quería un contrato con un hombre», cuenta una pequeña productora de Olmos. Como el dueño no les quiso recibir la plata, ellas tuvieron que acudir a un hombre. «Luego, el que hizo el contrato dice yo firmé, yo estoy trabajando y se agarró nuestra plata».

«Se la están midiendo todo el tiempo, es una competencia a ver quién produce más», dice una productora de Río Gallegos sobre las lógicas productivas que enfrentan. «Es una cuestión de los varones, la falta de conciencia. Hay valoraciones diferentes, nosotras elegimos más cosas inmediatas al bienestar de nuestras familias, ellos miran otras cosas. Creo que hay maneras de convencerlos porque también generamos gran producción con la agroecología».

Deysi Cruz, es una pequeña productora de Mar del Plata y promotora de género que está llevando a cabo en su regional la primer Encuesta sobre las mujeres campesinas en Argentina. «En las encuestas las mujeres respondían que les encantaría producir agroecológicamente pero decían no tengo el poder de decidir, otras si podían charlar con la pareja y el grupo familiar». Antes de responder, las productoras se aseguraban que la encuesta era anónima. «El tema es del patriarcado, quién manda, quién dirige, algunas compañeras estaban contando en el taller que cuando vas a comprar no te venden o te miran mal, qué hacés vos aquí comprando una semilla si no sabés nada. En Mar del Plata tenemos el tema que los dueños de la tierra dicen qué se puede producir, cuánto. Nosotras no tenemos un derecho de tomar la decisión y es muy difícil para ser mujer y conseguir un trabajo, tener un pedazo de tierra para poder producir. Yo quiero poner un brócoli y variar la producción, pero no, el hombre dice vamos a poner lechuga».

La desigualdad es sustancialmente económica. «No te pagan lo mismo que al hombre, trabajás igual que él pero automáticamente al hombre le dan tanto y vos recibís menos. Después de doce horas en la quinta seguimos trabajando en los hogares, pero no formamos parte de las decisiones de qué y cómo producir, qué semilla usar, qué prácticas de cuidado del suelo aplicar». ¿Qué estrategias tienen para pararse frente a este modelo? «En algunas regiones, compañeras tuvieron que decir o me sacás los remedios de la tierra o te los pongo en tu vaso, tuvieron que luchar hasta con amenazas para poder producir sin químicos. Yo soy mamá sola con hijos y no puedo producir porque me dicen que me alquilan por no menos de cuatro hectáreas. Por eso en la UTT estamos empezando con el tema de sacar un proyecto que es hacer dulces, yendo por esa parte, hace dos años que empezamos con la comisión de género y comenzamos a implementar en nuestras bases producir agroecológicamente, kiwi, tomate, a través del CoTePo (Consultorio Técnico Popular de la UTT).

«Cuando aprendemos a nombrar algo nos empoderamos para pelear con más claridad»

En el plenario del Encuentro Nacional de las Trabajadoras de la Tierra se afianza la agenda de lucha de las mujeres campesinas. La discusión primordial que se expone es quién puede hablar de estos problemas, y la capacidad de generar las condiciones mediante la lucha de otro modelo de país, el de la soberanía alimentaria.

Sole, referente de la UTT sintetiza en el plenario lo discutido durante el taller. «Cuando en La Plata los dueños de la tierra no les quieren alquilar a mujeres así seamos cuatro, porque quieren hablar con un tipo ahí hay pacto de machos. Cuando las semilleras me quieren vender todo el paquete, no solo lo que yo necesito, ahí es el agronegocio, cuando nos quieren bajar guita del Estado y es para el núcleo familiar y este es el DNI del compañero y nosotras no estamos, eso también es pacto de machos, porque nosotras elegimos otro modelo de producción. Si el Pacto de machos está en el Estado, hay que ir a decírselo. Esto lo enfrentamos con justicia feminista«.

En el plenario también pusieron sobre la mesa las dificultades bajo el modelo económico y financiero actual, donde las variables de la inflación y los costos dolarizados de la producción no permiten subsistir y competir a las productoras pequeñas. «Ellos nos deben a nosotras, ¿por qué nos eudeudamos? Por la diferencia de precio del costo de los productos. Una compañera en el taller contaba: ella le da de comer dólares a la vaca y la vaca le da pesos. Es la vaca de Duhalde. Y lo mismo, se siembra en dólares y se cosecha en pesos», explica una campesina de Salta.

Rosalía Pellegrini, Secretaria de Género de la UTT toma la palabra para destacar: «De acá salen las políticas públicas compañeras. La semana pasada nos reunimos en la Mesa Agroalimentaria Argentina con el ministro de Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación Argentina Julián Domínguez y logramos la vuelta del Monotributo Social Agropecuario a costo cero, una política pública suspendida en la gestión del gobierno neoliberal de Mauricio Macri. Pero tenemos que seguir luchando, porque tenés que ser bien pobre para que el Estado te ayude, y eso no nos deja expandirnos».

«Somos nosotras generadoras de conciencia a lo largo de la historia»

La Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Tierra (UTT) hoy organiza a más de 22 mil familias productoras de alimentos, nucleadas por grupos de bases en 18 provincias del país, que se dedican a la producción frutihortícola y de crianza de animales, a los lácteos y pequeñas agroindustrias. No todas las productoras pertenecen a cooperativas; Nelly Almeida es una de ellas. «Soy de la provincia de Misiones y trabajo en Productores Independientes de Piray (PIP), que estamos adheridas a la UTT. Hoy estamos en el Segundo Encuentro Nacional de Mujeres de la Tierra. Es un espacio que construimos nosotras para debatir sobre políticas públicas para nuestro sector y ver las maneras de hacer conexión para erradicar las violencias de nuestros territorios rurales» dice mientras los talleres vuelven a iniciar en la sede de la UTT Olmos, parte del cordón frutihortícola de La Plata.

«Hacemos esta relación: así como destruyen a los bosques, la biodiversidad y la tierra, también destruyen nuestros cuerpos enfermándonos con sus agrotóxicos. Cuando tenemos un poquito más de tiempo, nos reunimos así y nos damos cuenta que tenemos la misma historia, el mismo dolor, violencias muy directas; creíamos que la única violencia era la física, pero nos fuimos instruyendo, compartiendo información, y aprendimos que hay muchísimos tipos de violencia, y como promotoras de género acompañamos esas situaciones, porque en zonas rurales no tenemos comisarías, estamos sin ningún tipo de asistencialismo, lo que no hace el Estado lo hacemos desde nuestros territorios pero sí creemos que el Estado tienen que reconocer este trabajo como promotoras de género territoriales».

«En Misiones tenemos una lucha increíble, muy conocida en contra de la multinacional Alto Paraná, que ahora es Arauco, y empezamos esta lucha impulsada por mujeres porque nos dimos cuenta que en nuestra colonia desaparecían comunidades enteras, y lo que hacía esta empresa desmontar y que los jóvenes se vayan a trabajar a otros lados, quitarnos la naturaleza, matar los animales, a nosotras mismas», cuenta Nelly. Gracias a esa lucha, en 2013 lograron la sanción de una ley que ordenó la expropiación de 600 hectáreas para la agricultura familiar. Pero como a las leyes también hay que agitarlas para hacerlas efectivas y mucho más ante monstruos como Arauco, la lucha siguió hasta que en 2017 la multinacional les entregó un tercio de las tierras donde las familias de PIP comenzaron a producir maíz, poroto, batata, mandioca, sandía, melón, repollo y decenas de cultivos más. Sin embargo, Arauco aún tiene posesión jurídica de casi el 12 % de la superficie de Misiones y el 63 % de Puerto Piray, donde se estima que cada hectárea de monocultivo de pino insume 3 litros de agrotóxicos por año. Desde la UTT señalan que allí se derraman más de 70.000 litros de químicos al año y que sus efectos sobre la salud de la población son elocuentes e invisibilizados: cáncer, infecciones respiratorias y dérmicas, malformaciones.

«Si bien producimos el 60 % de los alimentos,  solo el 13 % de los y las pequeñas productoras tiene tierra, y de las mujeres casi ninguna es propietaria, y creemos que para una verdadera soberanía alimentaria las mujeres debemos ser dueñas de la tierra»

“Ser trabajadoras de la Tierra es tener muchos sueños y saber que, para hacerlos realidad, tenemos que ir por caminos escarpados. Siempre juntas”.

A la par de las rondas de talleres, más alejadas mujeres desde los 8 a los 59 años inventan otra forma de reflexionar y armar una agenda de lucha. «Sientan la tierra bajo sus pies, sientan el viento, el sol, a sus compañeras» dice la coordinadora del taller de teatro y poco a poco las propuestas son más lúdicas hasta que los cuerpos ya están activados.

La propuesta ahora es escuchar un poema colectivo que hicieron entre varias compañeras a través un grupo de WhatsApp de la Secretaría de Género y fue editado por Gabriela Cabezón Cámara. «Con estos movimientos que salieron, la «profe» de teatro abre una pregunta, ¿Qué les parece rearmar una coreo para la intervención ante la planta de Monsanto? Quizá algo que nos una, y también podamos llevar al acampe en el Congreso». La respuesta es positiva. Hay risas, reflexión y preguntas. Hay encuentro de mujeres por la soberanía alimentaria.

ANRed

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