Chile | Salmonicultura, resistencia a antibióticos y nueva Constitución – Por Felipe Cabello Cárdenas

938

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Felipe Cabello Cárdenas

Existen numerosos estudios señalando que la salmonicultura –que es al parecer la actividad que más antibióticos emplea en Chile, veinte o más veces que los usados en medicina humana– crea, en los ambientes en que realiza sus actividades, verdaderos reactores de generación y de diseminación de resistencia a los antibióticos que afectan negativamente la salud humana y la animal, así como el equilibrio ecológico del ambiente acuático. Este parece ser un tema que debiera ser discutido por la Convención Constitucional, que ha declarado al país en emergencia ecológica, y además porque una nueva Constitución debiera proteger la salud pública de la mayoría y la integridad ecológica del ambiente, por sobre los intereses comerciales y económicos de una minoría.

En los años previos al comienzo de la pandemia por COVID-19, existía ya otra pandemia con una evolución ascendente y que diversas instituciones internacionales y nacionales, de salud pública, científicas y políticas, habían diagnosticado como el gran problema de salud pública del siglo XXI. Esta pandemia en marcha, aún incontenida, está constituida por el aumento de la resistencia bacteriana a antibióticos, la que es mediada por el uso excesivo e indiscriminado de estos fármacos, en medicina y especialmente también en la crianza industrial de animales para consumo humano, como sucede en la acuicultura y en la ganadería.

La pandemia de resistencia bacteriana, carente del progreso agudo y del impacto dramático de la pandemia por COVID-19, es también, sin embargo, un problema de salud pública capaz de influenciar negativamente la vida de millones, resultando en costos de sufrimiento humano y económicos de relevancia. Las infecciones humanas (y de animales) producidas por bacterias resistentes a los antibióticos son más difíciles de tratar, resultando esto en su mayor mortalidad, en una excesiva presencia de complicaciones, con prolongación de sus tratamientos y de sus estadías hospitalarias. El alargamiento de las hospitalizaciones y la necesidad del uso de antibióticos sofisticados y, por lo tanto, más caros para sus tratamientos, incrementan también el monto de estos mismos. Por ejemplo, en Estados Unidos las infecciones resistentes a los antibióticos producen, solamente entre los adultos mayores, 12 mil muertes al año, costando su tratamiento aproximadamente dos billones de dólares.

Podría pensarse que el uso imprudente y excesivo de antibióticos en las industrias de alimentos como la salmonicultura debería carecer de relevancia para salud humana, dada la distancia geográfica que separa a los ambientes acuáticos de los terrestres. Sin embargo, investigaciones microbiológicas de los últimos 80 años, algunas merecedoras de Premios Nobel, han demostrado indiscutiblemente que las bacterias son capaces de desarrollar de manera espontánea resistencias a los antibióticos, las cuales son seleccionadas por ellos, resultando en su ineficacia para tratar las infecciones bacterianas resistentes. Lo que es más importante, estas investigaciones demostraron además que las entidades genéticas, mediando estas resistencias, pueden trasmitirse de una bacteria a otra por una variedad de mecanismos naturales, de tal modo que pueden diseminarse entre las poblaciones bacterianas de diversos ambientes, terrestres y acuáticos, incluyendo, por ejemplo, los de los intestinos de peces y los de los intestinos humanos. Estos mecanismos de diseminación genética son además estimulados por la presencia de residuos de antibióticos en estos ambientes, y también permiten la selección de inéditos mecanismos de resistencia de bacterias ambientales y facilitan además el pasaje de estas noveles resistencias a patógenos de humanos y animales.

De esta manera, la resistencia a antibióticos seleccionada en bacterias del agua y en sedimentos acuáticos en salmonicultura puede terminar localizándose en bacterias patógenas de peces y de humanos. Similarmente, determinantes genéticos para resistencia seleccionados en un hospital pueden encontrar un camino, mediado por los mismos mecanismos, para llegar a las bacterias del sedimento marino y a bacterias patógenas para peces. Los antibióticos tienen entonces un efecto paradójico: mientras más uso se haga de ellos, más pierden su efectividad, debido a que seleccionan para resistencia y facilitan su diseminación entre las poblaciones bacterianas de diversos ambientes. Es por esta razón que, desde el comienzo de su uso, 70-80 años atrás, se ha observado que en regiones con mayor empleo de ellos existe una mayor resistencia y considerables problemas clínicos de infecciones resistentes a ellos. Esto indica que la información respecto de las cantidades y tipos de antibióticos usados en un hospital, en una región y en un país, es una información científica fundamental para predecir e instaurar medidas para prevenir la aparición de resistencias y la diseminación de ellas entre las bacterias de diversos ámbitos.

La negativa de algunas empresas de salmonicultura en Chile para hacer pública la información respecto de las cantidades y las clases de antibióticos que usan en sus actividades, socava la habilidad para combatir el aumento de la resistencia a antibióticos, ya que niega el acceso a esta información científica que es cardinal para este proceso preventivo de salud pública. Por esto, el desafío legal de las empresas Productos del Mar, Ventisqueros, S.A. y Mowi Chile (Marine Harvest) S.A. a los requerimientos de la ONG Oceana, de hacer pública esta información, fue basado en principios legales y constitucionales, en vez de consideraciones científicas y técnicas de salud pública y de veterinaria. Las empresas mencionadas, en la denegación de hacer publica tal información, adujeron sus derechos constitucionales de privacidad para proteger sus derechos comerciales y económicos. Interpretación legal que fuera recientemente desestimada por la Corte Suprema, tres años más tarde de la solicitud inicial de Oceana para hacer pública esta información. Los procesos biológicos responsables de la aparición de resistencia a antibióticos son muy dinámicos y la resistencia se detecta en individuos y poblaciones tratadas con antibióticos en días y, a lo más, meses.

Este contexto indicaría que la información del uso de antibióticos debiera proporcionarse en intervalos de tiempo adecuados a esta velozmente variable realidad y sin la necesidad de desafíos legales que obstaculicen y retrasen su acceso, como sucede en los países de Europa. El excesivo uso de antibióticos en la salmonicultura afecta además negativamente la biodiversidad del ambiente acuático, degradando el equilibrio de sus servicios, influenciando negativamente su integridad ecológica y además propende a la presencia de bacterias resistentes a los antibióticos en los productos comercializados de peces. Todos esto procesos tienden a aumentar la resistencia a antibióticos con sus impactos negativos sobre la salud humana y animal y la preservación de los equilibrios ecológicos del ambiente acuático.

La protección de la salud humana, de la salud animal y de la salubridad del ambiente, de los efectos negativos del uso excesivo e inadecuado de antibióticos y de los aumentos de resistencia que esto conlleva, se agrupan bajo los preceptos de lo que se conoce como la práctica de Una Salud. Esta propone que el uso juicioso y controlado de antibióticos, tanto en medicina y en la crianza industrial de animales como la salmonicultura, es necesario para proteger la salud humana, la animal y la ambiental, ya que estas están dinámica y recíprocamente relacionadas.

Este breve análisis indicaría que una nueva Constitución debiera contener preceptos de Una Salud que hagan pública y sin restricciones de ningún tipo la información fidedigna respecto del uso de antibióticos, que es necesaria para prevenir procesos deletéreos de salud pública que afectan la salud humana y la animal y el ambiente. Además, el Estado debiera proporcionar recursos para investigar con la mejor ciencia microbiológica la evolución de la resistencia a antibióticos, resultado del uso indiscriminado de estos en diversas actividades, como la mencionada salmonicultura.

Existen numerosos estudios señalando que la salmonicultura –que es al parecer la actividad que más antibióticos emplea en Chile, veinte o más veces que los usados en medicina humana– crea, en los ambientes en que realiza sus actividades, verdaderos reactores de generación y de diseminación de resistencia a los antibióticos que afectan negativamente la salud humana y la animal, así como el equilibrio ecológico del ambiente acuático. Este parece ser un tema que debiera ser discutido por la Convención Constitucional, que ha declarado al país en emergencia ecológica, y además porque una nueva Constitución debiera proteger la salud pública de la mayoría y la integridad ecológica del ambiente, por sobre los intereses comerciales y económicos de una minoría.

El Mostrador

Más notas sobre el tema