Cuando se juntan los votos del poder con la indiferencia – Por Adolfo Giménez

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Por Adolfo Giménez*, especial para Nodal

La concentración de la riqueza y el control de la economía por grupos poderosos monopólicos deteriora la democracia, la va empobreciendo a medida que impone sus intereses al conjunto de la sociedad. Avanza en contra de conquistas históricas, en contra de las regulaciones, los derechos y garantías universales, por la mercantilización de las necesidades básicas.

La aplicación de estas medidas impopulares requiere de aliados políticos que controlen el Estado o de nuevas fuerzas que perfilen un programa claramente neoliberal. En Paraguay, el principal aliado fue siempre el Partido Colorado que tiene una experiencia de más de 70 años en el poder (1). Juntos constituyen un bloque dominante con una relación histórica, compuesta de acuerdos y disputas permanentes.

El actual partido oficialista es un partido populista clientelar de derecha que combina la defensa de los intereses de la oligarquía con la preservación de los privilegios de su dirigencia, una corporación mafiosa que protege sus acuerdos y alianzas particulares para sostenerse en el poder.

Este sistema de dominación solo podrá ser enfrentado y contenido con una oposición democrática activa y un movimiento popular organizado y movilizado. Cuando así no ocurre, este sistema de control político, casi nunca debilitado, podría entenderse como algo inevitable y sin posibilidad de cambio.

Los resultados de las últimas elecciones municipales del 10 de octubre pasado demostraron que el Partido Colorado mantiene su fuerza electoral y que va perfilándose como reserva una oposición variada de agrupaciones de centro y derecha (3). La pandemia no tuvo el efecto de debilitarlo en el campo electoral, aunque la cantidad de votos obtenidos por la oposición supera al oficialismo.

En pocos meses se pasó del rechazo al gobierno de Mario Abdo Benítez por el pésimo manejo de la pandemia, al voto tradicional con alto contenido de indiferencia, que conjuga el incentivo del dinero con la presión política, inclusive la amenaza. El nivel de participación fue del 60 por ciento.

Lo llamativo en esta ocasión fue el decaimiento de la centroizquierda progresista encabezada por el Frente Guasu (FG), la terera fuerza política (4). El argumento mencionado por dirigentes de este sector es que tuvo un peso importante el dinero que corre en paralelo a los comicios, un elemento importante que cada vez tiene más peso a la hora de elegir candidatos, pero no es la única explicación.

Los números y la participación demuestran que no avanzó en la inserción. Y votos que había ganado antes, ahora los perdió o fueron al ausentismo. Los principales ausentes fueron jóvenes de 18 a 25 años.

Resulta evidente que la izquierda repite la experiencia caudillista con un discurso diferente a los partidos populistas tradicionales. Perdió el referente de que las consignas demcráticas vacías, sin base material, no tienen sentido o valor para las masas empobrecidas y marginadas, para los explotados y explotadas que día a día deben soportar de todo para conseguir el sustento a sus familias, estar debajo de un techo, conseguir educación, salud, alguna seguridad, etc.

Lo mismo ocurre con la reiteración de las consignas patrióticas, que podrían ser útiles en determinados momentos, pero que en este momento carecen de valor para amplios sectores urbanos, en especial, los jóvenes.

El psicoanalista y experiodista Osmar Sostoa escribió hace unos años que “los sectores populares… lastimosamente no valoran la democracia, por cuanto que el modelo neoliberal impuesto por ésta significó el empeoramiento de su situación socioeconómica. Tampoco tienen una cultura democrática a partir de disfrutar de ella y de una educación cívica que la sustente.

“El modelo marcadamente “representativo”, mientras que su caracter “participativo” quedó solo como articulo declamativo de la Constitución Nacional de 1992, hizo que se generara, inclusive dentro de los partidos progresistas y de izquierda, una práctica clientelar y prebendaria como mero soporte del electoralismo para sostener al Partido Colorado en el Gobierno y a los demás en el Parlamento” (julio 2011)

En una situación de mucha debilidad, de una correlación de fuerzas desfavorable, no es suficiente hacer sólo campañas electorales para enfrentar al bloque dominante, sino que es necesario construir organizaciones nuevas y transformar consciencias, dar respuesta en todos los ámbitos. Es necesario también una nueva práctica política sin los vicios de operadores y políticos tradicionales, construir un nuevo mensaje de esperanza.

(1) En cantidad de años en el poder solo es comparable con el peronismo argentino, el PRI mexicano y el Partico Comunista de Cuba, con sus diferencias.
(2) De 261 intendencias ganó 153 y recuperó la capital Asunción, donde su candidato Nenecho Rodríguez está denunciado por corrupción por gastos “inflados” en plena pandemia.
(3) Los principales referentes opositores de los últimos comicios son Miguel Prieto, intendente de Ciudad del Este y Luis Yd, intendente de Encarnación, ambos reelectos.
(4) El FG perdió el 50 por ciento de sus bancas municipales.

*Periodista paraguayo.

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