La sublevación de los guaraníes – Por Adolfo Giménez

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Por Adolfo Giménez*, especial para Nodal

Grandes manifestaciones de protesta de componentes del pueblo Guaraní (1) en la capital y en distintos del puntos del interior del país demostraron que este grupo social etnico pasó a constituirse en uno de los más radicalizados del movimiento popular, junto a los campesinos pobres que ocupan tierras en forma precaria o no la tienen.  No hace falta tener el conocimiento de ningún especialista para comprender que siglos de violencia y de marginación, de usurpación de sus tierras, de genocidios, de soportar extrema pobreza, iban a conducir necesariamente a un estallido de este tipo. Lo ocurrido el 29 de septiembre pasado es el primero que acontece con una participación masiva y organizada, y es muy probable que se repita en los próximos meses.

Los nativos (2) enfrentaron la represión de los policías con flechas y lanzas, quemaron vehículos, destruyeron grandes camiones transportadores de granos y atacaron locales del Gobierno como las oficinas del Instituto de Desarrollo Rural en Yasy Kañy, a 220 kilómetros de Asunción.  Fue una manifestación inédita por sus características de la que no se tenía referencia en las últimas décadas.

El motivo fue la aprobación en el Congreso, y posterior promulgación del Poder Ejecutivo, de la Ley que modifica el Código Penal y amplía las penas por la ocupación de inmuebles, de 6 a 10 años de cárcel. Con esta medida, los pueblos originarios pueden convertirse en ocupantes ilegales de sus propias tierras (3).

Un hecho llamativo es que la propia ministra de Justicia, Cecilia Pérez, había declarado que de aplicarse esta ley se afrontará el problema de que las cárceles del país ya no tienen lugares para más reclusos.

Organizaciones sociales, de Derechos Humanos, inclusive organizaciones religiosas, partidos políticos y algunas bancadas del Congreso vienen denunciando desde hace años que en los niveles oficiales no se conoce de gestión alguna para recuperar 8 millones de hectáreas de tierras (las denominadas tierras malhabidas) que fueron adjudicadas en forma fraudulenta a poderosos terratenientes que no son beneficiarios de la Reforma Agraria. El propio presidente Mario Abdo Benítez fue denunciado de poseer 7 mil hectáreas de tierras que fueron obtenidas en forma fraudulenta.

Intentar comprender el problema de los pueblos guaraníes necesita de una reseña breve porque hay mucho desconocimiento y la población paraguaya mestiza participó también siempre en la discriminación y marginación a los nativos, algo que se convirtió en una cuestión casi cultural, aunque el proceso de revisión y autocrítica comenzó hace mucho tiempo pero todavía tiene un alcance muy limitado.

LOS PAPELES NO PROTEGEN.

Desde la primera mitad del siglo XX comenzaron a aparecer legislaciones y organismos del Estado destinados a proteger a los pueblos originarios y sus tierras ancestrales. La actual Constitución Nacional establece el derecho a la tierra y las garantías. Sin embargo, casi nada se cumple.  Las comunidades nativas son cada vez más asediadas, reprimidas y expulsadas de sus tierras con diversos métodos ilegales y la connivencia de las autoridades. El problema se agrava por las divisiones y fraccionamiento interno del pueblo guaraní que facilita la penetración en el campo de grandes productores e inversionistas que van acaparando tierras para la ganadería extensiva y el cultivo de granos (soja).

Pero las últimas manifestaciones señalaron que hay una recuperación organizativa y más unidad, algo que podría tener relación con un mayor relacionamiento con las poblaciones urbanas y sus organizaciones sociales populares. Casi siempre el relacionamiento estuvo dirigido por funcionarios del Estado a través del Instituto Nacional de Indígenas (INDI), Organizaciones no Gubernamentales (ONGs) y organizaciones religiosas cristianas.  Los que se movilizaron no tienen una articulación nacional, pero recibieron el apoyo de grupos campesinos, que tampoco están articulados en las organizaciones más conocidas. Sin embargo, sus líderes destacaron que avanzan en esa dirección. La población indígena en la Región Oriental del país oscila entre 80 y 90 mil personas.

Se podría decir que después de esta violenta jornada de protesta, una nueva fuerza social marcó su presencia y señaló que a partir de ahora este largo conflicto tendrá formas y contenidos diferentes, aunque todavía no cuenta con la mayoría de los pueblos originarios de Paraguay (4).  Pero, demostró un salto diferente y ejemplar que, con sus diferencias, es el mismo que las antiguas sublevaciones contra el dominio colonial. Como parte de este proceso de recuperación y de unidad, líderes y lideresas anunciaron que el próximo 12 de octubre se realizará un gran acto en Asunción de los pueblos originarios de todo el país, no solamente guaraníes, para remarcar de pie esta nueva presencia y esta nueva dignidad.

(*) Periodista paraguayo.

(1) El pueblo guaraní está asentado en la Región Oriental del país. La componen los Ava Guaraní, los Pai Tavyterä, Los Mbya, Los Aché y Guaraní Ñandeva. Cada uno vive en comunidades diferentes.
(2) No aceptan el nombre de indígena, palabra que proviene de indigencia, consideran mejor pueblo originario o nativos.
(3) Miles de nativos, la mayoría mujeres y niños/as deambulan hoy por las calles de Asunción y otras ciudades pidiendo comida y dinero, demostrando el desarraigo y la extrema pobreza que atraviesan.
(4) El pueblo guaraní ocupa la Región Oriental, una de las dos regiones del país. Era antiguamente una región selvática. En la Región Occidental, que es una pampa seca, está ocupada por pueblos pámpidos que no son guaraníes, como los Qom, Nivakle, Enxet Sur, etc.


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