Chile | Kast acorralado y agresividad cruzada – Por Germán Silva Cuadra

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Contexto de Nodal
Mientras el Congreso debate si destituye a Piñera por los Pandora Papers, Chile se prepara para las elecciones presidenciales del 21 de noviembre. Los sondeos dan como favoritos al candidato de izquierda Gabriel Boric y al de ultraderecha José Antonio Kast. También se presentan el oficialista Sebastián Sichel, Yasna Provoste (por la exConcertación), Franco Parisi, Marco Enríquez-Ominami y Eduardo Artés. Además se elegirán senadores, diputados y consejeros regionales. En caso de que ningún candidato supere el 50%, habrá balotaje el 19 de diciembre.

Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Germán Silva Cuadra

La verdad es que este fue un debate mucho más entretenido que los anteriores. Utilizando un formato más tradicional –ese en que a todos les preguntan lo mismo–, permitió que los televidentes pudieran comparar las ofertas a pocos días de las elecciones. Una oportunidad para –según todas las encuestas– ese 20% o 25% de personas que reconoce aún no tener claro por quién votará, algo inédito en los últimos 30 años. Pero además de entretenido, fue un debate agresivo y se notó en el ambiente. Embates cruzados, llamados a la calma –Sichel abusando intencionalmente de proyectar ese rol– y ataques directos.

Partamos por los conductores. Iván Valenzuela y Macarena Pizarro en buen nivel, Constanza Santa María insegura y Juan Manuel Astorga excesivamente agresivo. ME-O y Yasna haciéndose gestos mutuos y apuntando a conquistar a los asustados de la polarización actual; Sichel jugando su última carta y mejorando muchísimo respecto de sus intervenciones previas –como que se liberó desde que pateó el tablero a los partidos–; un Boric muy ponderado, intentando reforzar su capacidad de gobernabilidad y tomando distancia del PC; Artés simpático, políticamente incorrecto y convertido en una caricatura de los años 60 –“si hay manifestaciones en la calle (en su eventual Gobierno), yo mismo las estaré encabezando”–; y un Kast que estuvo acorralado, incómodo, alejado de su temple habitual. Se le vio confundido tratando de encontrar las páginas citadas por Boric en su programa, con que el diputado lo provocó.

Sin duda, el error no forzado de Kast –al defender a Pinochet en una ronda de prensa con corresponsales extranjeros– le pasó la cuenta. De manera predecible, tuvo que responder acerca de su apoyo a Krassnoff y la dictadura, terminando por enredarse. Y con justa razón. Lo cierto es que, como si se hubieran puesto de acuerdo, todos los otros candidatos y la candidata las emprendieron contra el exdiputado.

Perdiendo la seguridad de los últimos meses –sigo pensando que fue la mejor campaña de todas–, José Antonio Kast cayó en su propia trampa. Tuvo que enfrentarse a algo que, hábilmente, había logrado en sus últimas entrevistas y la franja electoral: bajarles el tono a sus propuestas más extremas e, incluso, relativizar algunas para poder conquistar a los votantes de Sichel. Liderados los emplazamientos por Boric, el candidato del Partido Republicano intentó justificar lo que estaba escrito en un programa elaborado meses atrás, cuando su único objetivo era seducir el voto de la derecha más dura, sin imaginar que podría estar disputando el paso a segunda vuelta. Además, para su mala suerte, sus estandartes –seguridad ciudadana, narcotráfico, La Araucanía, migrantes– estuvieron casi ausentes en el debate, por lo que se vio obligado a responder frente a temas en que la sociedad chilena ha evolucionado mucho en estas últimas décadas, como derechos reproductivos, matrimonio igualitario, divorcio, etc. Como Toribio el náufrago, Kast trató de defenderse de los otros cinco contendientes, e igualmente de los conductores(as), que también visualizaron la oportunidad de evidenciar lo alejado que está JAK de la sociedad actual.

Yasna estuvo segura, sólida –cuando encaró a Kast por la privatización de Codelco, tuvo un punto alto–, aunque el abuso que hace de responder mirando a la cámara la proyecta menos espontánea que cuando lo hace fijando la mirada en el periodista que le ha hecho las preguntas. Tuvo el mérito de atreverse a plantear el aborto hasta las 14 semanas, pese a su partido, lo que, en caso de que ella llegara a segunda vuelta, le puede ayudar a conseguir el respaldo del mundo de izquierda. Sichel se notó que había recibido un buen feedback de sus malas performances anteriores, apelando más emocionalmente, con el objetivo claro –al igual que Yasna y ME-O– de atacar las posiciones polares de Boric y Kast, para reconquistar voto de centro y centroderecha. Más allá de los resultados del domingo –totalmente inciertos–, el exministro se la jugó por morir con las botas puestas.

Y ME-O siendo ME-O. Jugando su carta en el respaldo que puede entregar en segunda vuelta, provocó de manera brutal tanto a Boric como a JAK. Al primero le disparó un dardo envenenado al finalizar al debate –exigió volver a empezar por supuestas burlas del candidato de Apruebo Dignidad, pese a que quienes observamos la transmisión no lo pudimos constatar–. Y a Kast lo tildó toda la noche de “Doctor Miedo”, mostrando su desplante televisivo, ante la cara de descomposición de su rival.

Boric logró sortear un momento difícil con la acusación que le hicieron por acoso –“estoy dispuesto a que me investiguen, disculparme y debo reflexionar por mis conductas machistas previas”–. Quizás el bloque más débil de todos los participantes fue el económico. Ninguno salió bien parado, pero esta vez fue Kast y no Boric el que no fue capaz de responder las incisivas preguntas de Astorga (en materia de PIB y el valor de Codelco se quedó en blanco). Espero que el fin de la campaña permita bajar los decibeles, porque la verdad es que la polarización que se ha instalado –entre Boric y Kast– se reflejó plenamente anoche. Sin duda, esta ha sido la contienda más disputada y agresiva entre los competidores y competidora desde el retorno a la democracia.

Y, por supuesto, una mención especial para Franco Parisi, el ausente, quien, con su evidente plan de no venir a Chile, ni siquiera a votar, le hizo un flaco favor a la ya desprestigiada política chilena.

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