La orquesta del Titanic sigue tocando – Por Rafael Cuevas Molina

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Por Rafael Cuevas Molina*

El jueves 11 de noviembre, TVChile transmitió un reportaje en su horario estelar sobre lagos andinos en proceso de desecación. Son reservorios de agua que no solo tienen valor turístico sino, en primer lugar, como fuente de agua potable para muchas poblaciones del país, incluida Santiago, la capital.

Según testimonios y estudios científicos presentados, los lagos, que se alimentan de glaciares y del derretimiento de la nieve que los rodea, han perdido a estas alturas cerca el 20% de su caudal en los últimos diez años.

Es dramático ver la marca que dejó el antiguo nivel de las aguas en las orillas, la aparición de islotes y penínsulas que evidencian que posiblemente en pocos años habrán desaparecido.

Las laderas que los rodean, otrora blancas por la nieve, ahora son barrancos áridos que se desploman sobre las aguas cristalinas. Las ventiscas levantan el polvo, se forman remolinos que giran sobre la superficie de los espejos acuáticos.

 Dan ganas de hacer la del avestruz y no ver la tragedia angustiante que está sucediendo ante nuestros ojos: son los efectos del cambio climático cada vez más acelerado y más evidente.

Es un problema tan grave que ameritaría que paráramos la vida, como tuvimos que hacer ya con la pandemia, para evitar que se siga profundizando. Pero no. A la misma hora que pasaban el reportaje, la algarabía cundía en el estadio de fútbol en el que la selección chilena ganaba a la de Paraguay 2 a 0. ¿A quién le podían importar los lagos de la cordillera?

 Mientras tanto, en Glasgow, Escocia, sigue la reunión sobre cambio climático de la ONU. Es la número 26, y ya en la de 1992 Fidel Castro lo calificó, en un memorable discurso, de problema central de nuestra época, y empezaron a firmarse compromisos tras compromisos hasta llegar a hoy, cuando estamos parados sobre una cornisa que en cualquier momento se quiebra y nos desplomamos al vacío.

 La reunión que se lleva a cabo ahora debió cerrarse el día de ayer, viernes, pero los pronósticos eran que sería muy difícil, porque, después de más de una semana de discusiones y negociaciones, apenas se había alcanzado acuerdos en problemas menores.

 En las calles de Glasgow desfilan, protestando, los jóvenes, los que tendrán que vivir con las consecuencias del desastre que ya no podemos decir que se está incubando, sino que ya está aquí. No tienen voz en el hemiciclo en donde se decide su destino. Ahí solo están los que tienen la sartén por el mango, que son, a la vez, los que más contaminan. Nada nuevo bajo el sol, todo tranquilo y sin novedad, no se avista tempestad a babor.

 A quienes dicen estas cosas, reclaman y protestan y muestran las consecuencias que sobrevendrán pronto, los califican de apocalípticos, los llaman a la cordura, a la mesura, cuando no los califican de mentirosos alarmistas que solo desean llevar agua para el molino de las ONG que quieren hacer negocio y lucrar asustando a la gente. Que siga, pues, el baile, no hay de que preocuparse, que sirvan otra ronda de champán.

 El ser humano, dice el refrán, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y lo estamos demostrando con creces. Parece que ha sido así siempre, porque su origen se pierde en la noche de los tiempos, y si por las vísperas se saca el día, no somos nada distintos ahora.

Lo lamentable es que el destino de lo que seguramente es la expresión máxima de la organización de la materia en el universo, nuestro cerebro, y toda la creación que ha surgido de su actividad, la cultura humana, penda de un hilo porque siguen prevaleciendo intereses ciegos que apuestan por sociedades egoístas sumidas en el consumo.

 Que siga, pues, tocando, la orquesta del Titanic, que también ella tendrá que reaccionar cuando le lleguen al cuello las heladas aguas del naufragio.

* Historiador, escritor y artista plástico. Licenciado en filosofía y magíster en Historia por la Universidad de La Habana. Catedrático, investigador y profesor en el Instituto de Estudios Latinoamericanos (IDELA), adscrito a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional (UNA), Costa Rica. Presidente de AUNA-Costa Rica.

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