Incertidumbre en la democracia más consolidada de América Latina – Por Luis Guillermo Solis, especial para NODAL

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Por Luis Guillermo Solis*, especial para NODAL

Este domingo 6 de febrero Costa Rica vota. Se eligen las autoridades superiores del Poder Ejecutivo (presidente y dos vicepresidentes) así como los 57 diputados de la Asamblea Legislativa (Congreso). Es un ritual democrático que en Costa Rica ha tenido lugar de manera ininterrumpida desde 1953, tutelado por un Tribunal Supremo de Elecciones que es la instancia jerárquica superior, autónoma e inapelable en materia electoral, y garantizada por una fuerza de Policía apartidista que el Presidente de la República pone a disposición del Tribunal Supremo por mandato constitucional el día en que se inaugura oficialmente la campaña y hasta su término. Todo indica que, una vez más, las elecciones tendrán lugar sin incidentes mayores y que los 3,5 millones de empadronados (50 mil de ellos en el extranjero), podrán ejercer su derecho al voto con normalidad.

Esta elección, sin embargo, se produce en condiciones excepcionales. La primera es la situación en que se encuentra Costa Rica debido a la resilienciade la pandemia de COVID-19 y su variante Omicron. Pese a que las autoridades de salud han tomado todas las precauciones del caso y aunque pareciera que el país está entrando a una “meseta” de contagios, no se sabe con claridad cómo y si esta situación impactará negativamente la presencia de la ciudadanía en los centros de votaciones.

Un segundo factor -inédito en la historia del país- es el superávit de candidaturas presidenciales (25). Esta situación, que denota un nivel superlativo de fragmentación política, se ha agudizado debido a una disposición que permite la doble postulación de los candidatos a la presidencia a ocupar -si no la alcanzan, pero obtienen un porcentaje suficiente de votos- un escaño en la Asamblea Legislativa (Congreso). Y finalmente el número de indecisos que, a pocos días de realizarse las elecciones, todavía alcanza casi al 35% del total del padrón electoral.

En esta ocasión, al igual que en las dos anteriores, se producirá un ballotage, pues ninguna de las candidaturas alcanzará el porcentaje necesario para ganar en primera ronda. Las encuestas, además, parecieran augurar una mínima diferencia entre el primer lugar (que por ahora ocupa el expresidente JoseMaria Figueres) y el segundo lugar, en donde se produce un “triple empate” (¿cuádruple o quíntuple incluso?) que, dado el elevado número de votantes indecisos, podría decantarse en cualquier dirección en el último momento. Ello tendrá sin duda consecuencias en la segunda ronda, pues en un contexto así ningún resultado puede asegurarse.

Mas allá de la proliferación de candidaturas y de la incertidumbre en los porcentajes que estas reciban, queda claro también que el espectro ideológico mayoritario es de tenor conservador, pues con excepción del Frente Amplio (que actualmente aparece con un 5% de las preferencias), y el Partido Acción Ciudadana (oficialista) -muy desgastado tras ocho años consecutivos de control del Ejecutivo- todos los demás con opción a llegar a la segunda ronda se presentan con agendas que los colocan a la “derecha”, tanto en temas económicos como culturales y religiosos.

Este movimiento hacia las propuestas más neoliberales se ha visto impulsado por el predominio de bloques favorables a ellas en las últimas legislaturas y el debilitamiento de los sectores más progresistas al interior de la mayoría de los partidos políticos. La aprobación de leyes que recortan el gasto público (incluida la regla fiscal), las dificultades para concertar un régimen tributario más progresivo, y el ataque a instituciones emblemáticas del Estado Social, son prueba incuestionable de ello.

Podrían ser estas, en suma e irónicamente, unas elecciones que discurrirán con tranquilidad y en un contexto de crecimiento económico sin precedentes en los últimos tres lustros. Pero puede que abran la puerta a escenarios de incertidumbre y turbulencia en la más consolidada democracia de América Latina.

*Expresidente de Costa Rica (2014-20189 y Director Interino del Centro Kimberly Green para América Latina y el Caribe – Universidad Internacional de la Florida (FIU), Estados Unidos.

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