¿Adiós a la “segunda reforma agraria” peruana? – Por Fernando Eguren

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Fernando Eguren*

No deja de ser una paradoja que en menos de un año de gobierno del “presidente del pueblo” Pedro Castillo, los agroexportadores hayan logrado reunir tras de sí a un número no desdeñable de gremios que, hasta ayer, se alineaban detrás de la agricultura familiar, y que cuenten, además, como aliado al propio ministro de Agricultura, Oscar Zea.

De la “segunda reforma agraria” a “nuestros hermanos agroexportadores”

En los meses que tiene el gobierno presidido por Pedro Castillo, quizá el anuncio más interesante fue su propósito de realizar una segunda reforma agraria (SRA). Pero este ofrecimiento, cuyo principal componente era poner a la agricultura familiar en el centro de la política agraria, no va más, como lo ha dejado claramente expuesto el nuevo titular del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) Oscar Zea.

Ya este gobierno no pretende dar prioridad a los agricultores familiares, que era lo central de la retórica de la SRA; ahora se trata de volver a poner en el centro de la atención gubernamental, a la gran agroindustria de exportación, al neolatifundio, a los “hermanos agroexportadores”. A estos hay que darles lo que piden: más tierra, más agua: son las palabras del nuevo ministro. Son estos los que deben “apoyar” a la agricultura familiar ¡pero a cambio de incentivos tributarios![1]

Más de lo mismo: prioridad a la gran agroindustria de exportación

Precisemos: no es que la gran agroindustria de exportación dejó de ser prioritaria en ese medio año de gestión de Castillo. Lo fue solo en la retórica gubernamental. El gobierno continuó impulsando la realización de dos grandes obras de irrigación costeña: la tercera etapa de Chavimochic, en el norte, y Majes-Siguas, en el sur. Como es bien sabido, estas grandes obras tienen un triple propósito: aumentar las exportaciones agrícolas, consolidar el dominio de la gran agricultura exportadora en la costa peruana, y afirmarla como modelo de modernización para la agricultura en general.

Opción esta incompatible con una propuesta de izquierda, pues con ella se amplían las desigualdades en el campo, tanto económica –con la concentración de la posesión de los principales activos para la producción agraria, la tierra y el agua, en un reducido número de empresas–, como en la distribución territorial del poder político, social y económico. En efecto, el poder de los Romero, de los Rodríguez (grupo Gloria), de los Dyer (Camposol), de los Chlimper (en el sur) y de un puñado más se irradia en los territorios en donde están enclavadas sus empresas, sobre los propios gobiernos locales y otras dependencias públicas, así como sobre las economías locales.

La segunda reforma agraria: sin pena ni gloria

El abandono, sin pena ni gloria, de una SRA que nunca comenzó, significa mantener la misma orientación de la política agraria de las últimas tres décadas.

La Segunda Reforma Agraria no fue un planteamiento de Perú Libre: era parte del plan de gobierno de Juntos por el Perú, que fue su aliado en la segunda vuelta electoral. La propuesta agraria original del partido de Castillo, Perú Libre, tal y como fue presentada en su Ideario y Programa, estaba sumamente desfasada de la realidad. Asumía que el mundo estaba todavía en plena Guerra Fría que, como se sabe, terminó con el colapso de la Unión Soviética ya hace más de tres décadas.

El título del capítulo respectivo del Ideario es Política Agraria como Seguridad Nacional. El supuesto era que había que preparar al Perú para enfrentar el cerco que las potencias capitalistas nos impondrían para impedir que el país construyese el socialismo: “Es importante –leemos en la página 32 del Ideario– crear el marco político, jurídico, científico, económico, militar y social, respecto de la seguridad alimentaria, puesto que los Estados socialistas son víctimas frecuentes del cerco económico alimentario por las grandes potencias.”

Tal propuesta, obviamente, no tenía ningún atractivo para los votantes que debían decidir entre Castillo y Keiko Fujimori. Castillo lo intuyó, la abandonó y pidió prestada la SRA del plan de gobierno de Juntos por el Perú, plan que era más desarrollado y razonable. La SRA fue así incorporada en el nuevo plan de gobierno de Castillo titulado Perú al Bicentenario sin Corrupción [sic], para la segunda vuelta electoral.

¿En qué consistía la SRA? Ya se mencionó más arriba: en poner la agricultura familiar en el centro de la política agraria. Esta priorización se realizaría a través de nueve ejes, entre ellos promover la asociatividad y las cooperativas, el desarrollo de la infraestructura hidráulica y la industrialización rural, apoyar los mercados de productores y el repoblamiento ganadero, incrementar y hacer accesible el crédito agrario. Dicho sea de paso: todos ellos son actividades y programas que ya el MIDAGRI venía desarrollando, pero se supone que serían ampliados y profundizados. Pero, puesto que no hubo asignaciones presupuestales adicionales a los que ya tenía el Midagri, ni capacidad de gestión para implementar las acciones necesarias, ni voluntad política, la SRA quedó en nada.

Y los gremios…

Varios gremios de campesinos y agricultores fueron convocados por el gobierno con el propósito declarado de participar en el desarrollo de la propuesta de la SRA. Lamentablemente, en el camino hubo disputas entre algunos de ellos que entraron en competencia por acercarse e intentar influir más en el ministro Maita. La impericia misma del ministro para manejar el complejo mundo de estas organizaciones que, al lado de intereses comunes, tienen intereses también diferentes, contribuyó a las fricciones y a los celos entre los gremios. Esta situación creó una oportunidad para los empresarios agroexportadores –quienes reclamaban tener un sitio en la SRA–, para liderar un nuevo frente gremial, la Plataforma Nacional del Agro (Planagro), incorporando trozos desgajados de otras organizaciones. Hasta gremios campesinos de conocida y consecuente trayectoria en el pasado terminaron apoyando al nuevo frente. No sería antojadizo suponer que Planagro, orientado por los “hermanos agroexportadores”, pretende desplazar a Conveagro como la agrupación de gremios nacionales más influyente del país, más aún cuando cuenta con la cercanía del ministro Zea.

No deja de ser una paradoja que en menos de un año de gobierno del “presidente del pueblo” Pedro Castillo, los agroexportadores hayan logrado reunir tras de sí a un número no desdeñable de gremios que, hasta ayer, se alineaban detrás de la agricultura familiar, y que cuenten, además, como aliado al propio ministro de Agricultura, Oscar Zea.

* Presidente del Centro Peruano de Estudios Sociales (CEPES).   https://cepes.org.pe/2022/03/08/de-la-segunda-reforma-agraria-a-nuestros-hermanos-agroexportadore

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