La contaminación del agua y sus efectos en la salud de las y los niños – Por Jennifer Prashad-Humanium

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Por Jennifer Prashad-Humanium*

Las crisis ambientales contemporáneas como el cambio climático, la contaminación del suelo y del agua y la pérdida en gran escala de la biodiversidad contribuyen al 26% de las muertes de niños menores de cinco años cada año, lo que equivale aproximadamente a 1,5 millones de muertes cada año, y dos tercios de esas muertes se producen en los países en vías de desarrollo.

 Un gran porcentaje de esas muertes se correlaciona directamente con los efectos de la contaminación del agua, una crisis particularmente acuciante que tiene lugar actualmente en América Latina.

El agua es un componente fundamental en la vida de un niño: se necesita agua sana para tener sistemas  de saneamiento seguros y para el consumo humano. Sin embargo, sin el acceso al agua, los niños no pueden asistir a la escuela porque a menudo son responsables de recoger agua limpia para sus familias. Por consiguiente, la crisis actual de la contaminación del agua en América Latina es una crisis tanto de los niños como de la educación.

Visión general de la “silenciosa crisis del agua”

América Latina alberga alrededor del 30 % de las fuentes de agua dulce del mundo; sin embargo, ha estado luchando silenciosamente contra una crisis de agua, una crisis que tiene efectos irreversibles en  la salud de los niños. En el centro de la crisis, está el hecho de que aproximadamente menos del 40 % del agua de la región se deja sin tratar para el consumo y el uso humano, por lo que las fuentes de agua contaminadas se liberan en lagos, ríos y océanos que luego se contaminan con desechos humanos y animales, y se transfieren a través de los sistemas de agua a muchos hogares .

Además, grandes masas de agua, como el Río Medellín en Colombia, la Bahía de Guanabara en Brasil y el Río Matanza  Riachuelo en Argentina se ven afectados por la contaminación industrial y humana a gran escala, y que produce fuentes de agua contaminadas que no son seguras para el uso y el consumo debido a la exposición a sustancias tóxicas y otros graves riesgos para la salud. En pocas palabras, ni el agua de los ríos ni el agua del grifo son seguras para beber para millones de latinoamericanos. Hay varios desafíos existentes que amenazan las fuentes de agua y estos desafíos son específicos de la región de América Latina.

La salud ambiental pediátrica

Aunque América Latina representa únicamente el 8 % de la población mundial total, cerca de 36 millones de personas viven sin agua potable a diario. Además, aproximadamente 110 millones de personas no tienen acceso a instalaciones de saneamiento, en especial inodoros (Academy of Nutrition and Dietetics, 2016).

Los efectos del consumo de agua no potable son graves, ya que los datos muestran que, cada año, aproximadamente 2 millones de personas, en su mayoría niños menores de 5 años, mueren por enfermedades relacionadas con el agua (Harvard Review of Latin America, 2013).

Según las conclusiones de la OMS, el 26 % de las muertes de niños menores de 5 años se atribuyen a factores ambientales deficientes, como la contaminación del aire y del agua, la deforestación y las malas condiciones de los mares y los océanos, que constituyen las principales amenazas para la salud ambiental pediátrica (Ortega-Garcia, 2019).

Específicamente, el saneamiento deficiente del agua y el agua potable no apta para el consumo causan enfermedades diarreicas en los niños y son responsables de 1 de cada 9 muertes infantiles en todo el mundo . Por ejemplo, en 2010, las investigaciones mostraron que 12 000 niños menores de 5 años murieron a causa de enfermedades diarreicas en América Latina y en el Caribe (Academy of Nutrition and Dietetics, 2016).

Cabe destacar que los niños pequeños son más vulnerables a la deshidratación y a las pérdidas nutricionales asociadas a la diarrea y, cuando esta enfermedad relacionada con el agua perdura en las primeras etapas de la infancia, puede impedir la absorción de nutrientes esenciales, lo que, a su vez, provoca anemia, malnutrición y problemas de desarrollo (Schady, 2015).

En consecuencia, la contaminación del agua es una de las principales causas de enfermedad y muerte de los niños de América Latina, además de la contaminación del aire, y la Organización Panamericana de la Salud ha estimado que casi 100 000 niños en el Caribe y América Latina menores de 5 años mueren cada año por estos peligros ambientales .

Desafíos específicos de la región

Las sequías, el cambio climático, la falta de tratamiento de los desechos de las aguas residuales, la contaminación por parte de los humanos, los derrames de petróleo y el vertido de desechos industriales y de metales pesados en las aguas son las principales causas de contaminación del agua en América Latina (Americas Quarterly, 2019). Estas fuentes de contaminación están plagando las aguas de América Latina y permanece un tema silencioso oculto por los medios de comunicación.

Otro tema ambiental emergente son los vertederos de desechos peligrosos, ya que la Organización Panamericana de la Salud informa que el 45 % de todos los desechos sólidos se eliminan en vertederos o vías fluviales, lo que supone una amenaza para la salud humana debido a la exposición a agentes biológicos y a productos químicos tóxicos (Froes Asmus, 2016).

En la mayoría de los países de América Latina, también es una práctica común verter aguas residuales en lagos, ríos y arroyos sin tratamiento apropiado, lo que plantea graves problemas a los hogares que se encuentran a lo largo de estas masas de agua y que también dependen de ellas para el agua potable (Schady, 2015).

Asimismo, cuando las condiciones socioeconómicas adversas, como la pobreza y la baja productividad en las actividades agrícolas, se unen a la amenaza emergente del cambio climático, los efectos de la contaminación del agua se agudizan (Laborde et al., 2015).

Los niños son particularmente vulnerables a los desafíos del cambio climático y a los fenómenos meteorológicos  extremos, como las olas de calor y las inundaciones, debido a sus efectos variables y locales en las comunidades, como los problemas de escasez de alimentos y el crecimiento  agrícola que tiene repercusiones a largo plazo en las generaciones futuras (Ortega-Garcia, 2019).

La cuestión de fondo que se encuentra en el centro de la crisis del agua en América Latina es la falta de acceso al agua corriente y a los servicios de saneamiento en las zonas urbanas frente a las zonas rurales, a saber, el agua corriente es accesible en el 80 % de las zonas urbanas, por lo que los datos revelan que los países con mayores niveles de ingresos tienen una mejor infraestructura de tuberías y sistemas de saneamiento (Schady, 2015). Los sistemas de infraestructura hídrica se implementan y están más ampliamente disponibles en las zonas urbanas que en las zonas rurales en países como Uruguay, Honduras y Brasil.

En adelante, la pobreza y la contaminación ambiental están vinculadas a zonas económicamente vulnerables con sistemas de tubería y de saneamiento de mala calidad, y la presencia de industrias contaminantes en algunas zonas también genera condiciones de trabajo infantil en las que los niños de hogares pobres deben trabajar para mantener a sus familias.

Un estudio regional basado en investigaciones revela que los hogares más pobres tienen poco acceso a los sistemas de tubería y de saneamiento, lo que no se debe a las desigualdades de ingresos sino a las desigualdades geográficas. Por consiguiente, las barreras geográficas impiden principalmente el acceso al agua potable y a los servicios sanitarios, ya que las zonas rurales no están incluidas en la cobertura de estos servicios públicos (Schady, 2015).

A modo de ejemplo, en países como Colombia, Honduras y Perú, no existen sistemas adecuados de infraestructura de agua, y los niños y las familias no tienen otra opción que hacer sus necesidades al aire libre. El acceso a los sistemas de saneamiento es notablemente bajo en las zonas rurales de los países de América Latina, y menos de la mitad de las comunidades rurales de Perú, Nicaragua, Paraguay y Bolivia tienen acceso a estaciones de saneamiento adecuadas. Por el contrario, el acceso al agua corriente y a los sistemas de saneamiento es mayor en Brasil que en Panamá.

La baja productividad en el negocio agrícola, unida a la falta de servicios públicos en las zonas socialmente aisladas, aumenta aún más la vulnerabilidad de los niños (Laborde et al., 2015). Es importante anotar que, debido al aumento rápido de la población urbana, incluso en las zonas residenciales urbanas de América Latina los organismos gubernamentales tienen dificultades para seguir el ritmo del crecimiento de la población y, por lo tanto, no disponen todavía de sistemas e infraestructuras de agua adecuadas (Harvard Review of Latin America, 2013).

La crisis del agua es una crisis de la infancia

La crisis del agua en América Latina también debe ser calificada como una “crisis de la infancia” porque el agua es un recurso fundamental para que los niños puedan asistir a la escuela. En los hogares sin agua potable ni inodoros, muchos niños ayudan a sus madres a recoger agua. Pasan varias horas llevando agua de los arroyos y lagos a sus casas, por lo que no asisten a la escuela (Harvard Review of Latin America, 2013).

Las niñas y las adolescentes son especialmente vulnerables a la falta de higiene debido a sus menstruaciones, y les impide poder asistir a la escuela. Las chicas corren un mayor riesgo cuando tienen que hacer sus necesidades y limpiarse durante la menstruación en espacios abiertos, haciéndolas más vulnerables no solamente por seguridad y salud, sino también por la violencia sexual. Además, en los entornos escolares, el agua es una necesidad fundamental y básica para los niños que experimentan condiciones socioeconómicas vulnerables y la vida rural (Ortega-Garcia, 2019).

En pocas palabras, el acceso al agua potable y a los sistemas de saneamiento tiene un profundo impacto en la vida cotidiana de los niños, especialmente en la vida de las niñas. Hubo varias respuestas a la crisis del agua en América Latina, como la excavación de pozos, las pastillas de purificación y la instalación de bombas. Si bien estos proyectos siguen siendo útiles, representan un rompecabezas de soluciones a las crisis del agua de América Latina, y no representan un enfoque integral que pueda resolver la crisis del agua (Harvard Review of Latin America, 2013).

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