La inflación de costos es generalizada – Por Jorge Iván González

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La inflación de costos es generalizada

Jorge Iván González

El actual fenómeno inflacionario tiene 3 características: i) es generalizada, ii) es de costos, iii) está alimentada por las deudas públicas. La inflación es generalizada. En los dos últimos años en todos los países están subiendo los precios.En la gráfica, a modo de ejemplo, se observa la evolución que han tenido los precios en Colombia, los países de la Unión Europea, el Reino Unido, y los Estados Unidos.

En todos los casos, los precios subieron entre 2019 y 2021. Esta tendencia ha sido relativamente similar. En porcentaje en el 2021 en Colombia la inflación fue de 5,6, en la Unión Europea de 5,3, en el Reino Unido de 5,4, y en Estados Unidos de 7,0.

Cuando se observa todo el período (2001-2021), la dinámica de Colombia ha sido muy diferente a la de los otros países, en los que la actual inflación es relativamente excepcional. Se destaca el caso de los Estados Unidos. El nivel de precios del 2021 no se presentaba desde los años 70s. Para recordar, entre 1979 y 1981, la inflación promedio fue de 12 por ciento. Desde entonces, Estados Unidos no tenía inflaciones tan altas. La serie correspondiente a Colombia muestra que la inflación actual no es extraña comparada con la que se observa en años recientes.

La inflación es de costos

La inflación de ahora se podría caracterizar como inflación de costos. Y se expresa de diversas maneras. i) Dificultades en la cadena logística. La capacidad de los puertos se ha saturado, y se presentan embotellamientos. Además, hay problemas con los contenedores y el transporte. ii) El mayor precio de los bienes básicos, como los alimentos. En Colombia ha sido evidente el aumento de los precios de los alimentos. Es inaceptable que el país esté importando, cada año, 15 millones de toneladas de alimentos básicos. Y estos bienes se han encarecido porque el peso se ha devaluado. En los dos últimos meses los precios de los alimentos subieron 23 por ciento. iii) Los mayores precios del petróleo, que está llegando a 130 dólares barril, y de los insumos causados por la guerra de Ucrania.

La devaluación del peso favorece a los exportadores, como los cafeteros, los floricultores, Ecopetrol, etcétera, porque venden en dólares y por cada dólar obtienen más pesos. Pero la devaluación es perjudicial cuando se trata de las importaciones, como la de alimentos, porque el dólar es más caro y se necesitan más pesos para comprar los mismos bienes.

La devaluación también tiene efectos negativos sobre el monto de la deuda pública externa que ha sido contratada en dólares. El dilema de la política económica es, por tanto, ¿favorecer a los exportadores o inclinarse por los consumidores?. Y a esta pregunta se le añade la forma más conveniente de administrar la deuda pública, dadas las fluctuaciones del dólar, sobre las que el gobierno no tiene ningún margen de maniobra.

Puesto que la inflación es de costos, no tiene ningún sentido pretender reducirla mediante aumentos de la tasa de interés. Los bancos centrales, tanto en Europa como en Estados Unidos, han subido lentamente la tasa de interés, porque entienden que la inflación no tienen su origen en excesos de la cantidad de moneda, sino en aumentos de los costos de naturaleza estructural.

Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, ha sido especialmente reticente a aumentar la tasa de interés. Y, con razón, considera que subir la tasa de interés puede tener un impacto negativo en la reactivación que todavía es incipiente.

En Colombia el Banco de la República no ha entendido que la inflación es de costos, y de manera equivocada subió de un momento a otro la tasa de referencia del 3 al 4 por ciento anual. Esta medida inmediatamente disparó todas las tasa de interés. Con este tipo de decisiones no se corrige la inflación y, además, se frena la dinámica de la economía.

La deuda pública contribuye a inflar los precios

El saldo de la deuda pública con respecto al PIB está aumentando de manera significativa en la mayoría de los países. Y la razón de este fenómeno es sencilla: los impuestos han bajado y el gasto público continúa creciendo. Desde los años 80s en todo el mundo se comenzaron a predicar las bondades de la menor tributación. Se decía, de manera equivocada, que los impuestos obstaculizan la inversión privada. Los hechos están mostrando que este discurso es equivocado. Sin impuestos los gobiernos tienen que recurrir a la emisión de deuda. No tienen otra forma de financiar sus políticas.

El incremento de la deuda pública le permite al gobierno adelantar obras y ofrecer de manera adecuada sus servicios. En este proceso se crea dinero, y aunque hasta ahora estos movimientos no habían repercutido en mayores precios, se teme que este tipo de medias sí puedan hacerlo. A diferencia de la excesiva ortodoxia del Banco de la República, tanto Estados Unidos como Europa consideran que el banco central debe darle liquidez a la economía, con el fin de estimular la inversión, la producción y el empleo. Y, efectivamente, el monto de las “emisiones”, o compras de títulos en los mercados secundarios han sido colosales. Los datos del cuadro son sorprendentes.

Este tipo de operaciones que aumentan la deuda pero incentivan la actividad económica, cada vez son más frecuentes. Mientras tanto, el Banco de la República de Colombia se niega a realizar cualquier operación de esta naturaleza.

Alternativas de la política económica

De la situación actual se derivan varias lecciones. En primer lugar, es importante que el país se convenza de la importancia de garantizar la seguridad alimentaria. La importación de alimentos debería reducirse de manera sustantiva. Segundo, la bonanza ocasionada por los altos precios del petróleo tiene que ser aprovechada, para no repetir los errores que se cometieron con el mal manejo de la anterior bonanza. Para lograr este propósito, los excedentes derivados del petróleo deben contribuir a la transformación de la matriz energética, de tal forma que se intensifique la economía limpia.

Estos recursos también deben servir para estimular la modernización del campo y el desarrollo de la industria nacional. Tercero, la política monetaria tiene que ser más flexible, como lo está siendo en Estados Unidos y Europa. El Banco de la República debe aprender de los bancos centrales de los países desarrollados, que tienen clara su responsabilidad con el empleo y la inversión.

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