La inflación le gana la guerra al gobierno de Alberto Fernández – Por Rubén Armendáriz

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La inflación le gana la guerra al gobierno de Alberto Fernández

Rubén Armendáriz*

La suba de precios en Argentina promete no dar tregu. La inflación de 6% de abril fue algo menor al 6,7 % de marzo, pero muestra que el gobierno sigue perdiendo la guerra que declaró el presidente Alberto Fernández, porque -entre otras cosas- se ubica en el bando de los que impulsan la inflación con la autorización de subas de precios que regula el Estado.

Tal es el caso de las cuotas de los servicios médicos prepagos, de las tarifas de agua, electricidad, gas, de las telecomunicaciones, entre otros incrementos pautados con los empresarios. En el río revuelto de la inflación, las empresas aprovechan para remarcar a su placer, mientras crece la pobreza, el hambre, el desempleo, la desigualdad.

No solo eso. Aunque gradual, la devaluación permanente del peso argentino empuja el dólar hacia arriba todo el tiempo y con él gran parte del sistema de precios se eleva. Esta devaluación está establecida en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que ahora exige que se acelere, que se haga más rápido.

El economista Horacio Rovelli señaló que “no baja la inflación, porque el modelo que se aplica es un modelo supervisado por el Fondo Monetario Internacional, un modelo de ajuste fiscal y comercial a la vez” y agregó que “esta cadena inflacionaria va continuar: siempre que estuvo el FMI supervisando la economía las inflaciones siempre fueron de tres dígitos”.

Rovelli considera al actual como un gobierno terminado y compara este momento con el que llevó al país hacia la crisis del 2001, el estallido social del “se vayan todos” y la huida en helicóptero del entonces presidente Fernando de la Rúa..

Según las estadísticas oficiales, en el primer bimestre de 2022, en medio  de un promocionado crecimiento económico, los ingresos perdieron 1,8% con respecto a la inflación, teniendo en cuenta que el salario mejoró un 7%, mientras que la inflación subió un 8,8%. Ese crecimiento bimestral del salario reconoce un crecimiento del 8,7% en el sector privado registrado; un 5,4% en el sector público y un 4,8 en los sectores privados no registrados (en negro).

El gobierno –que hoy parece fracturado tras el acuerdo con el FMI- no mira la realidad.. En 12 años la población aumentó de 40 a 46 millones de habitantes. En 11 años solo se crearon 200.000 empleos registrados más. Y, en lo que va de la gestión a cargo de los Fernández, se creó más empleo que en 2019… pero el salario vale menos.

Desde los movimientos sociales se señala que el oficialismo albertista es condescendiente con los de arriba y demagógico pero feroz con los de abajo, y no concibe otro despegue económico que el que puede reportarle potenciar el extractivismo, como acaba de demostrarlo la polémica intentona de buscar consenso social para la minería a cielo abierto.

Las cifras dicen mucho: La evolución ocupacional de los últimos 10 años (enero 2012/ enero 2022) es llamativa. Según cifras del Ministerio de Trabajo, en esos 10 años la población total del país creció un 10%, con una pérdida de 34 mil puestos de trabajo (alrededor del 1%)  en el sector privado y un aumento ocupacional del 27% en el sector público. De lo que surge que el Estado fue el refugio que impidió que la desocupación fuera mucho más masiva.

Este fenómeno de rezago en los salarios frente a la inflación es analizado en un estudio del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica: A 22 meses del inicio del Gobierno de Alberto Fernández, en octubre de 2021, el salario mínimo nominal y el salario mínimo ajustado por inflación se igualaron.

El salario “alcanzó” la inflación, pero en el “mientras tanto”, las familias tuvieron pérdidas relevantes, porque durante todo el período la inflación superó el aumento escalonado del salario mínimo”. En esos 21 meses se perdieron 2,4 salarios mínimos por el deterioro del poder de compra de los salarios cuando no siguen, mes a mes, a la inflación, dice el informe.

La actividad productiva en el primer trimestre del año resultó ser positiva, superando los niveles de diciembre del 2019, gracias al impulso de los meses de enero y febrero. En marzo la situación comenzó a plancharse y ya en el mes de abril los datos son negativos, del orden del 4,5% para este segundo trimestre del año.

La semana pasada se llevaron a cabo las audiencias no vinculantes para discutir las tarifas del gas en redes y de la energía eléctrica. Las audiencias fueron una puesta en escena. Nada de lo que sucedió será vinculante, porque los nuevos aumentos fueron acordados durante las negociaciones con el FMI.

No obstante, el presidente Alberto Fernández aseveró desde su gira en Europa que el valor de las tarifas “es una decisión que ya tomamos. Es una decisión política. Quien no puede tomarla, no puede seguir en el gobierno. En esto decido yo”, sentenció en tono autocrático, lejos de su país, mientras lanzaba su candidatura para un nuevo período.

“Alberto no existe, llegó por cuestiones del destino, pero no tiene peso político propio” , indicó Rovelli. ¿Por qué si Macrì no lo logró ser reelecto con el 54% de inflación, lo conseguiría Alberto con el 58%?, se pregunta Horacio Verbitsky en Elcohetealaluna.

El presidnte eligió a los medios europeos para denostar a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, lo que no se atrevió a hacer en Argentina. “Me preocupa tanto como a ella la distribución del ingreso o el proceso de inflación que estamos viviendo, que los poderosos no sigan adueñándose de la renta mientras millones de argentinos quedan sumidos en la pobreza”.;

Es la economía

El Estado argentino, al no determinar el costo de la producción, generación y distribución del gas en redes y de la energía eléctrica, no subsidia a la población, sino que le garantiza una renta extraordinaria a los distintos grupos económicos –nacionales y extranjeros– que han cartelizado a un sector clave para el desarrollo de un país y para el bienestar de sus habitantes.

El economista Guillermo Wierzba señala que si la economía la dirige el Estado con un gobierno democrático, nacional y popular, habrá distribución del ingreso. Si no la dirige el Estado y lo hace el mercado, habrá concentración creciente de riqueza en las cadenas de producción agroindustrial exportadora y en los grupos locales y extranjeros altamente monopolizados, todos atravesados por la financiarización.

Pero que la dirija el Estado requiere de un plan y de una política coercitiva sobre un poder económico ganado por las ideas del liberalismo neo. Las preguntas siguen siendo las mismas:¿ quién dirigirá la economía argentina de aquí en más, el mercado o el Estado? ¿Se permitirá la consolidación en el retroceso de la distribución del ingreso y la riqueza producido en los últimos seis años?, señala Wierzba.

El índice  oficial de precios al consumidor de abril llegó al 6%, con un 58% interanual, el guarismo más alto en tres décadas. Aun así, no es la peor noticia: fue aún mayor (6,2%) en el Conurbano bonaerense –donde viv l 40 por ciento de la población- y  llegó al 6,7% la inflación núcleo, que es un predictor de la tendencia de largo plazo.

Desde los sectores populares –incluso desde el oficialista Frente de Todos- se insta al gobierno para que revea la política tendiente  a reprivatizar las concesiones realizadas en los años 90 y que con el Decreto 949/2020 no solo la pretende extender al Río Paraná y al Río de la Plata, anulando el Canal Magdalena, sino que además profundiza la dependencia fluvial y marítima a manos de intereses extranjeros y resignando soberanía sobre los ríos y anulando la salida el mar que la Argentina necesita reafirmar.

El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kiciloff, sostuvo que “es bienvenido que se hable de sistema troncal de navegación y se la deje de llamar hidrovía” y que “es un cambio sustancial que el Estado haya recuperado el cobro del peaje porque así hay más control y mejor dimensión de la ecuación económica que está en juego”.

Hoy el esquema no debería ser de una concesión, debería ser uno en la gestión, administración y cobro de peaje en manos del Estado y que se contraten por las obras puntuales a realizar a las empresas. Hay que dejar atrás la figura del concesionario y hablar del contratista privado. El Estado ya recuperó el control y ahora lo tiene que mantener, añadió el gobernador.

Luego de su audiencia con el jefe de gobierno alemán Olaf Scholz, Fernández dijo que “somos un gran proveedor de gas natural y estamos desarrollando una enorme planta de hidrógeno verde”. Son potencialidades auspiciosas pero, de concretarse, no será antes de que concluya el mandato presidencial: La producción de hidrógeno verde es un proyecto de inversión de la australiana Fortescue, que está en estudio de prefactibilidad, sobre una descomunal extensión de tierras fiscales que Río Negro le concedió por un año.

Hasta ahora, las importaciones de gas superan con amplitud a las exportaciones, lo cual se torna apremiante a partir del incremento de precios por la guerra entre Rusia y Ucrania. En una de sus presentaciones mediáticas, el ministro de Economía Martín Guzmán aseveró que este invierno no faltará el fluido porque se convino con Bolivia un incremento del suministro y con Brasil la importación de electricidad, de modo de reducir el consumo de gas.

La pandemia no tiene la culpa

Mal se puede continuar responsabilizando a la pandemia de lo que no se hizo desde que se prometió que primero se atenderían las necesidades de los últimos. Tampoco culpar a la guerra en Europa del Este convence a nadie, ya que las consecuencias de tales conflagraciones tanto perjudican a ciertas economías endebles como favorecen a otras con suficiente reserva de bienes comunes como para responder a la consecuente emergencia alimentaria.

El dilema es otro: en una era de miseria de las ideas, pocos se atreven a hablar sin rodeos sobre la lucha de clases, señala Jorge Falcone, quien afirma que en la Casa Rosada hay un gobierno pecho frío que milita una política de “extremo centro”, lo que está ocasionando que sus posibilidades de futuro caigan en picada en todas las encuestas sobre las intenciones de voto de cara a 2023.

El espejo de la realidad muestra que subyace una masa crítica carente de liderazgo nítido, que busca su destino por fuera de las perimidas estructuras convencionales de la vida política. Solo una mirada inocente puede suponer que en un contexto de miseria e inflación alarmantes, esa masa crítica canalizará sus anhelos a través de la izquierda parlamentaria que aspira a constituirse en tercera fuerza política, dejando al bipartidismo en el pasado.

* Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

 

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