México | Por una libertad de expresión sin miedo – Por Marisol Ochoa

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Por Marisol Ochoa

No me cansaré de insistir sobre la importancia que tiene una libertad de prensa para fortalecer un verdadero estado democrático. El libre ejercicio periodístico fortalece a una sociedad bien informada, la prepara para tomar mejores decisiones, y le propone distintos enfoques. El ejercicio periodístico fortalece diariamente a una sociedad, que, apuesta responsablemente por decidir, corregir, modificar, apoyar o proponer. Sin libertad de prensa, simplemente no habría posibilidad de crecimiento, desarrollo y espíritu critico por parte de los ciudadanos ni de las instituciones del estado. Desgraciadamente, nuestra realidad es totalmente distinta. De nueva cuenta, en lo que va del año —cinco meses— hemos llegado a presenciar la muerte de 10 periodistas. En estos últimos tres días, han perdido la vida dos: Yesenia Molllinedo Falconi en Cosoleacaque, Veracruz, y el periodista Luis Enrique Ramírez columnista del diario El Debate, asesinado en Culiacán, Sinaloa, —este último había denunciado amenazas desde hace años, sin que las autoridades a nivel local, estatal y federal hubieran tomado cartas en el asunto—. Si ampliamos un poco más el reflector, desde el 2000 a la fecha en México han sido asesinados 153 periodistas según reportes de Artículo 19, —ahora 155—, una cifra aterradora, y lo que agrava aún más la situación, es que, de este total, los casos judicializados y resueltos son minúsculos.

Estas muertes son indignantes, injustas y de ninguna manera deberíamos seguir tolerándolo. Actualmente un periodista muere por difundir verdades que incomodan, por revelar con argumentos y pruebas lo que no funciona, por evidenciar lo que no marcha y lo que pudiera modificarse, pero ¿a qué costo?

Cada mes, nos vamos acostumbrando a sumar una cifra más a la lista de periodistas asesinados, y no podemos permitirlo. Estas muertes no pueden volverse parte de una estadística que se puede cuantificar, pero no calificar. Cada muerte de estos hombres y mujeres representa la pérdida de un paso más a la libertad, a la capacidad de decisión, a la independencia y a la responsabilidad, de asumirnos ciudadanos, ser partícipes y corresponsables de nuestras localidades, estados y país, para fortalecer nuestra democracia, para crear mejores sociedades.

Cada día que muere un periodista se cierra una posibilidad para dar cuenta de otra realidad, para denunciar una injusticia, para señalar una corrupción, para festejar una buena obra o política pública. Cada día que un periodista muere, nuestra capacidad de informarnos se merma, se debilita y se empobrece. Estamos fallando, el estado de protección a periodistas está rebasado, y nosotros, como parte de una sociedad no debemos permitir que nuestra libertad de expresión y de informarnos se debilite y desaparezca. ¿Hasta cuándo las instituciones encargadas de proteger el trabajo periodístico harán un ejercicio crítico para desarrollar verdaderos protocolos de protección?, ¿Hasta cuándo las autoridades políticas y de seguridad a nivel local y estatal asumirán su responsabilidad para garantizar y proteger el ejercicio de libertad de expresión en sus terrenos? ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar, para que cada uno de los casos de asesinatos de periodistas sea judicializado, procesado y condenado en tiempo y forma?

La libertad de expresión es un derecho de todos. El ejercicio periodístico fortalece nuestro razonamiento, ideas, reflexiones y opiniones. Estar informados es nuestro derecho humano, la responsabilidad de los estados es protegerlo frente a todo, ya que, de conformidad a su capacidad para fortalecer un ejercicio de libertad de expresión, se evidencia su capacidad de liderazgo, fortaleza institucional y cualidad para su crecimiento y desarrollo. Si no, estamos del otro lado de la historia…Que ninguna de estas lamentables muertes sea en vano. Por ellos y ellas, hagamos lo que nos toca, defendamos nuestra libertad de expresión, defendamos nuestro derecho a informarnos, defendamos el ejercicio periodístico, que nos permite crecer como sociedad y fortalece nuestros derechos para tener derecho.

El Economista

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