Colombia | Siete diferencias entre Petro y Rodolfo – Por Juanita León

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de Nodal. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

Rodolfo Hernández y Gustavo Petro se parecen en varias cosas: ambos son populistas, ambos proponen decretar estados de excepción para saltarse el Congreso, ambos son irrespetuosos de la prensa y promotores de un cambio frente al status quo. Pero es entre sus diferencias que los colombianos escogerán el 19 de junio. Estas son siete grandes cosas que los distinguen:

1. Su aproximación a los problemas: la injusticia en las relaciones del poder vs. los incentivos económicos

Gustavo Petro es producto de un proceso político de oposición durante toda la vida (en la guerrilla, luego como representante y senador de oposición y luego como Alcalde de Bogotá contra el status quo) y esa experiencia orienta su forma de leer el mundo: a través de las reivindicaciones sociales y del cuestionamiento a las relaciones de poder actuales, que considera injustas.

Rodolfo Hernández, por su lado, es el producto de un esfuerzo individual y familiar creando una compañía de construcción exitosa en Bucaramanga. Resultado de esta experiencia, se aproxima a casi todos los problemas a través del lente de la plata, los incentivos económicos, los ahorros y las trabas que toca remover para que el individuo progrese: -¿Cómo propone enfrentar la corrupción? “Darle un 20 por ciento de comisión de lo que se ahorre a la persona que denuncie casos de desfalco” -¿Cómo evaluó su paso a la segunda vuelta? “Les voy a ahorrar 175.000 millones de dólares, bajando casi 200 pesos por dólar”, dijo. -¿Cuál es su principal propuesta para combatir la deforestación? “Pagarles directamente a las personas que cuidan los bosques”.

2. El pueblo que se inventan: el despojado vs. el que avanza si lo dejan

Como los líderes populistas que son, tanto Petro como Hernández, han creado en su discurso un ideal de pueblo y un enemigo que les arrebata la felicidad. Pero el pueblo que se ‘inventan’ es diferente, explica el analista político Gustavo Duncan.

“Para Petro, el pueblo es una gran sociedad que ha sido robada por una élite. Cree que hay una élite de banqueros, terratenientes y políticos que han despojado una riqueza ya disponible y el lo que va a resolver es ese despojo, equilibrarlo”, dice Duncan. Por ejemplo, esta declaración de ayer sobre la educación: “La baja de la calidad educativa se debe a haber desplazado los recursos de la educación que ordenaba la Constitución a salvar banqueros y hacer la guerra.” ​​

Duncan dice, que por el contrario, el pueblo que se ‘inventa’ Hernández es el del “colombiano común y corriente que quiere salir adelante pese al estorbo de la clase política que le crea trabas y despilfarra sus impuestos”.

De esto se deriva que el “el villano que fabrica Petro incluye más gente, el de Rodolfo es el político”, explica Duncan.

3. Un proyecto colectivo vs. uno unipersonal

Aunque Petro tiene un liderazgo personalista como Rodolfo, su triunfo en la segunda vuelta es el producto de un proceso colectivo y la visibilización de una demanda social reprimida después del Acuerdo de Paz. Es decir, es el resultado de un proceso históricoUn cambio estructural y largo vs. un cambio acotado.

“Él expresa lo que las comunidades vienen reclamando en mucho tiempo, y las comunidades le han entregado una vocería. Él y Francia tienen un poder de representación de esos intereses”, dice Álvaro Jiménez, analista político y director de la Campaña Colombiana contra las Minas. “Implica que cuando uno va a tomar una decisión tiene en cuenta de dónde viene”.

Petro logró unir detrás suyo a toda la izquierda (menos al Moir, de Jorge Enrique Robledo), a las comunidades afro y a la mayoría de las organizaciones indígenas, a feministas, animalistas y muchos ambientalistas junto con una mezcolanza del samperismo, un sector santista y otros políticos tradicionales. En muchos sentidos, su candidatura es el producto de un pacto de muchas reivindicaciones sociales y políticos tradicionales, y en un eventual gobierno suyo estos grupos presionarán para que les cumpla.

Rodolfo, como Petro, representa una tendencia y una agenda de cambio pendiente en Colombia. Recoge los anhelos de lucha contra la clase política que encarnaron sucesivamente el galanismo, la Constitución del 91 y la consulta anticorrupción, y que no se han logrado concretar. Pero, a diferencia de Petro, su victoria sólo se debería a sí mismo y no a un proceso colectivo. Llegaría sin una estructura política, sin una plataforma ideológica y, sobre todo, sin la representación de grupos específicos, lo que en principio le daría más libertad para hacer lo que propone pero, al mismo tiempo, lo haría menos predecible y con menos restricciones internas.

De alguna manera, y paradójicamente por su trayectoria como opositor, en esta contienda Petro es el político convencional y Rodolfo el que inaugura una nueva época —más impredecible— en la política.

4. Un cambio estructural y largo vs. un cambio acotado

Hernández y Petro proponen y encarnan un cambio frente al status quo y el Establecimiento. Pero no son cambios iguales ni con el mismo alcance temporal.

Mientras Rodolfo ve la Presidencia como una especie de regalo que puede darse al final de sus 77 años y que no durará más que sus cuatro años de gobierno (suponiendo que el Congreso no lo tumbe antes por el caso Vitalogic), el candidato del Pacto Histórico busca una transformación de largo plazo.

Petro parte del supuesto de que no existe una democracia en Colombia y propone cambios estructurales en muchas facetas del sistema social: la salud, las pensiones, el modelo económico. Por eso, Petro y su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, han insistido en que es un cambio que tomará varias décadas, sin que eso signifique necesariamente que busquen una reforma constitucional para conseguir la reelección.

El petrismo trataría de instaurar su cambio a largo plazo, como lo intentó hacer el candidato en Bogotá, de dos formas: vía grandes reformas constitucionales y legales, y creando una nueva élite burocrática y económica. Si lo logra, será un cambio más largo. “Una Colombia igual a la que tenemos hoy estaría allí (con Rodolfo); una diferente, que no significa simplemente un cambio de gobernante o partido, sino de la visión económica, social y del mundo, está acá”, dijo Gustavo Petro en su entrevista con El Tiempo.

Rodolfo impulsará su cambio a través de su liderazgo carismático, de acciones administrativas puntuales (reducir burocracia, con gestos como quitarles privilegios a políticos y periodistas, supervisar las concesiones, evaluar y tumbar contrataciones infladas, etc.) y de linchamientos públicos diarios a personas o sectores que considere fuentes de corrupción. Son acciones que pueden reducir o no la corrupción y que solo tendrán un efecto a largo plazo si terminan por esa vía cambiando la cultura del país. Si no, son fácilmente reversibles en cuatro años cuando deje el poder.

“Rodolfo dice cambiemos el cura; Petro, en cambio, propone cambiar la lógica de la Iglesia”, dice Álvaro Jiménez, haciendo un símil entre la corrupción y el problema de la pederastia entre los sacerdotes.

5. Un Estado grande y garantista vs. uno pequeño y austero

Petro cree que se necesita un Estado más grande que juegue un papel mucho más activo en la economía y que ayude a equilibrar la balanza de las oportunidades y a reducir la desigualdad que existe en Colombia. Para ello propone que el Estado tenga una injerencia mucho mayor en la salud, reemplazando las funciones principales que tienen hoy las EPS. Y propone cambiar el sistema pensional para que todos los afiliados aporten a Colpensiones de forma obligatoria por sus ingresos de hasta 4 salarios mínimos mensuales. Esa mayor presencia del Estado también se nota en su fuerte apuesta por la educación pública y en el papel orientador que le asigna en asuntos económicos. Incluso su propuesta de que todos los desempleados tendrán derecho a un empleo en su administración implica un Estado más grande.

Cuando fue alcalde de Bogotá, Petro recibió el Distrito con 29,625 contratos por prestación de servicios y los aumentó a 50.490 a diciembre de 2015, un incremento del 41 por ciento. Y aumentó los gastos anuales en 2,5 billones, al pasar de $11,2 billones en 2011 a $13,7 billones en 2015 (medidos en pesos constantes de 2015), un crecimiento del 23 por ciento.

Hernández, por el contrario, cree que el Estado debe ser más pequeño, y más austero, y que lo que se necesita es eliminar gastos que considera innecesarios: desde los carros de los congresistas hasta “la burocracia diplomática” pasando por la fusión de ministerios, incluyendo unir algunos tan disímiles como los de Medio Ambiente y Cultura. Propone “un recorte a la burocracia, quitando privilegios de funcionarios y servidores públicos, que en la actualidad le son onerosos al pueblo”.

Él cree que el Estado muchas veces es un obstáculo que no deja que la gente trabaje y florezca, ya sea porque cobra demasiados impuestos o porque la burocracia le arrebata recursos que podrían llegarle directamente a la gente. En la Alcaldía de Bucaramanga, como resultado de su plan de saneamiento fiscal, recibió la ciudad con un déficit de 236 mil millones de pesos que no contaban con respaldo financiero, y dejó un superávit de 48 mil millones de pesos.

6. Frente a la clase política: acabar con los intereses que representa vs. acabar con el establecimiento político

El gran cambio que representa Hernández es frente al Establecimiento político y quizás mediático: promete ponerles restricciones, quitarles la chequera, ponerlos en la picota pública hasta que renuncien a los privilegios que no permiten que el hombre del común pueda salir adelante con su trabajo. Y llegaría al poder con la libertad de hacerlo pues su triunfo no se debería a ellos, sino que sería a consta de ellos.

Petro, en cambio, llegaría al poder como parte de una alianza de muchas organizaciones sociales de base y cada vez más políticos tradicionales. Esto, como dice Thierry Ways en su columna de ayer, le plantea el riesgo de que “para ganar deberá entregarse, ahora sí total y definitivamente, a la clase política a la que tanto ha denostado. Si no lo hace, pierde las elecciones. Si lo hace, quizá las gane, pero pierde todo lo demás. Terminaría de traicionar los ya maltrechos principios de su movimiento y sería capturado por los corruptos que supuestamente iba a barrer para siempre. El Pacto Histórico tendría mucho de ‘pacto’ y poco de histórico.”

Cuando La Silla Vacía le preguntó específicamente cómo haría para llegar de la mano de políticos clientelistas y no terminar capturado por ellos, la respuesta de Petro fue: “Porque nosotros seremos los que gobernemos”.

Pero, quizás la verdadera diferencia entre ellos no sería esa. La diferencia es que mientras Rodolfo quiere ponerles restricciones a la clase política, Petro quiere cambiar el papel de la clase política en la democracia y la misma naturaleza de la democracia, que él cree que no existe en Colombia.

“Petro sabe que en términos de fuerza para gobernar necesita a los politiqueros, pero en términos ideológicos gobernará con el petrismo puro, con una burocracia que comparte su visión del mundo, de la izquierda global”, dice Gustavo Duncan.

7. La épica petrista vs el sentido del hombre común

“En Gustavo hay una elaboración teórica, en Rodolfo hay propuestas de aterrizaje práctico para solucionar esos problemas”, es como define las diferencias entre ambos Ángel Becassino, el estratega de Hernández y quien asesoró la campaña de Petro en 2018. “Uno es un teórico, el otro es un hombre de acción”.

Petro es una persona con una ideología de izquierda claramente identificable, que le ofrece al país una propuesta programática que lleva años elaborando. Petro, además, es un hombre de ideas, que se cree un genio, y que le encanta polemizar con otros. En eso es radicalmente diferente a su rival. Rodolfo es un hombre pragmático. Dice Becassino: tiene la “noción de que un ladrillo sobre un ladrillo termina haciendo un edificio”.

Mientras que existe una “épica petrista” y una ambición de Petro de convertirse en un líder global, Rodolfo es la reivindicación del sentido común, desprovisto de cualquier teoría política y de una ubicación o pretensión en la historia política del continente. Su candidatura es un fenómeno impulsivo. Alguien que lo conoce hace años cuenta que cuando decidió lanzarse a la Alcaldía lo hizo para ganarle una pelea a su antecesor, a quien había financiado y había defraudado sus promesas.

“Yo sabía muy poco sobre el cómo y me habían entrenado mucho sobre el qué”, dice Diego Silva, ex secretario de Cultura de Rodolfo en Bucaramanga, y actual director del Observatorio de Ciencia y Tecnología. “Él me enseñó a pensar en el cómo”.

Esa diferencia entre ambos, y la ambición del rol que ambos quieren jugar, hará que, seguramente, Rodolfo pueda mostrar muchas más victorias tempranas que Petro, pues los cambios que él busca son más prácticos: implementar cambios a los trámites del Invima toma semanas mientras que hacerlo para eliminar las EPS y cambiar la lógica del sistema de salud tomará años pues, como el mismo Petro ha dicho, exige unos consensos mucho más profundos.

Como los cambios que propone Rodolfo son menos estructurales seguramente contarán con menor resistencia que los de Petro, que implican una rebarajada en la estructura del poder.

La Silla Vacía

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