El triunfo de Petro, un sismo de dimensiones históricas – Por Víctor Gutiérrez

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El triunfo de Petro, un sismo de dimensiones históricas

Víctor Gutiérrez* 

El triunfo electoral de Gustavo Petro en Colombia significa por sí mismo un sismo de carácter histórico, ya que –por primera vez en la historia de ese país– una fuerza política de izquierda obtiene la presidencia.

Este acontecimiento bien podría interpretarse como una hazaña, porque se da en medio de las condiciones que envuelven a un estado dominado históricamente por Washington, el narcotráfico y por una de las oligarquías más abyectas y beligerantes de la región.

Dicha proeza, es fruto de la iniciativa del exalcalde Bogotá de construir, no solo en los últimos meses, sino por lo menos, en el último lustro, un bloque de sujetos sociales afectados por décadas de políticas neoliberales, dependencia y paramilitarismo. Mención aparte merece el papel destacado de la candidatura a la vicepresidencia de Francia Márquez, la cual coadyubó a que el electorado afrodescendiente y de las regiones más apartadas del pacífico apoyará masivamente la opción del Pacto Histórico.

Además, el triunfo de Gustavo Petro se debe leer en el contexto de la disminución de la hegemonía estadounidense en América Latina y el Caribe, debido –en gran medida– a que se ha concentrado en incentivar el conflicto Rusia-Ucrania, así como en contener el desafío geoestratégico que representa China a sus intereses en Eurasia y en el orbe en general.

Así, en un lapso de tan solo un mes, Washington recibe dos dolorosas derrotas por su otrora “patio trasero”: el fracaso rotundo de la llamada “Cumbre de las Américas” y el triunfo electoral de otro gobierno “progresista”, esta vez, en el país más estratégico de Sudamérica (aliado estratégico “no miembro” de la OTAN y base de operaciones en contra del gobierno venezolano).

Por lo tanto, por fin Colombia se incorpora al nuevo ciclo de gobiernos de carácter nacional, popular y antineoliberal el cual hoy en día es denominado como “segundo ciclo progresista”. Ciclo que inició en 2018 con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en México y se fortaleció con los triunfos de Alberto Fernández (Argentina), Luis Arce (Bolivia), Pedro Castillo (Perú), Xiomara Castro (Honduras), Gabriel Boric (Chile) y que probablemente incorporará en el último tercio de este año a Luis Ignacio Lula da Silva, en Brasil.

El triunfo de Petro también debe leerse como la oportunidad para desactivar una posible intervención militar estadounidense en Venezuela y, por consiguiente, de una guerra de alcance continental, pues no se debe olvidar que, hace apenas un mes, el ex secretario de Defensa del gobierno de Donald Trump, Mark Esper, reveló en el libro “A Sacred Oath” (Un juramento sagrado) los planes del expresidente neoyorquino de invadir militarmente vía mercenarios colombianos a Venezuela y de asesinar al presidente Nicolás Maduro.

Por lo anterior, Gustavo Petro tendrá una tarea titánica. Al día siguiente de asumir la presidencia, deberá enfrentar las numerosas iniciativas de erosionar su apoyo popular; las conspiraciones de los sectores más conservadores de las fuerzas armadas; la reticencia del empresariado local de invertir en proyectos productivos; y la embestida de los medios corporativos de comunicación.

*Investigador del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM)

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