Sostenibilidad energética en América Latina y el Caribe – Por Rubén Contreras Lisperguer y René Salgado Pavez

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Por Rubén Contreras Lisperguer y René Salgado Pavez

América Latina y el Caribe han tenido un exitoso desempeño para transitar hacia la universalización del acceso a servicios eléctricos. Los indicadores que datan hasta el año 2018 muestran que la región ha expandido sostenidamente su cobertura, logrando llevar el déficit del año 2000 de 10,96% a un 2,85% en 2018; es decir en 18 años se ha reducido el déficit de 56,4 a 18,1 millones de personas.

El acceso a nivel urbano muestra un déficit de alrededor de un 0,52%, lo que expresa que la universalización es altamente probable para el año 2030. En contraste a nivel rural se evidencia un déficit de 11,31% en 2019. A raíz del déficit rural, resulta prioritario que los esfuerzos y planes de acción adoptados por los países se sitúen con mayor énfasis en este sector, donde si bien la tendencia muestra un aumento en la
cobertura, la universalización aún no ha sido alcanzada a pesar de los esfuerzos de muchos países.

Una cuestión destacable es que para apoyar las tendencias positivas en las zonas rurales deben continuar las iniciativas de incorporación de energías renovables, las cuales, al no necesitar redes alimentadas por fuentes de generación centralizadas, permiten utilizar recursos energéticos locales.

En algunos países de la región se ha observado que el desarrollo de proyectos de energías renovables a nivel rural implica la integración de comunidades campesinas e indígenas, en este sentido cabe destacar la implementación y el trabajo en conjunto mediante procesos participativos con los puebles originarios.

El documento del Gobierno de Chile: “Capítulo indígena de la política energética 2050” muestra cómo se han llevado a cabo políticas que han centrado la inclusión de los pueblos en base a la comprensión de la cosmovisión inmanente de estas comunidades, entendiendo los principios sociales, culturales, políticos y ecológicos que han regido a estas sociedades durante siglos, y a partir de este paradigma se ha desarrollado la estrategia institucional para la electrificación del sector rural demás de los puntos ya tratados, otras dimensiones del acceso se encuentran en el uso de tecnologías de combustión limpia para el uso cocción (CFT)4.

A raíz de lo anterior, los análisis de la CEPAL apuntan por hacer seguimiento a un indicador que refleje el acceso a estas tecnologías. Consecuentemente, los organismos encargados de recopilar los datos son: la OMS y la IEA, quienes han abordado este indicador desde la perspectiva de la inocuidad de los alimentos, mismos que
sin sistemas de refrigeración o de cocción pueden ser dañinos para la salud.

De acuerdo con la IEA, es posible que un 21,5% de la población de la región no consuma alimentos inocuos al no contar con acceso a tecnologías modernas y sanas para la cocción y refrigeración, lo que equivale a alrededor de 140 millones de personas. Esto constituye un problema de salud pública y supone un alto riesgo para la vida de las personas, ya que aumenta la existencia de enfermedades de Transmisión Alimentaria (ETA), las cuales penetran en el organismo usando como vehículo un alimento. Las causas más comunes de ETA son intoxicaciones e infecciones y tienden a tener
en común síntomas tales como dolor de estómago, vómitos y diarrea.

Cada año mueren mundialmente 1,8 millones de personas como consecuencia de enfermedades, cuya causa puede atribuirse al consumo de agua y/o alimentos contaminados.

Energías renovables

En la región el consumo final de energías renovables alcanzó el 29,5% del consumo total en 2018. La tendencia en descenso posiblemente tiene como una de sus causas la
incorporación de combustibles modernos a la matriz energética, como el gas y los biocombustibles, fuentes cuya participación han aumentado en los subsectores residenciales e industriales especialmente. Adicionalmente, cabe señalar que el indicador de participación de energías renovables está altamente compuesto por la preponderancia de proyectos hidroeléctricos.

Según los datos recopilados por OLADE, la región cuenta con una potencia instalada
de energías renovables de 261,2 GW en el año 2019 (véase el gráfico 9). En este sentido las tasas de expansión de la capacidad muestran incrementos significativos a partir de 2014, fecha desde la cual se observan incrementos anuales mayores a 5%. Se espera que esta tendencia siga gracias a las políticas que han incorporado los países de la región como parte de las medidas que buscan aumentar la participación de energías renovables.

En este ámbito, se destacan los mecanismos de licitación y subastas de proyectos de energías renovables, los beneficios tributarios a la importación de tecnologías de energías renovables y las depreciaciones aceleradas de activos.

Pese a que el consumo final de energías renovables ha disminuido, América Latina y el Caribe sigue manteniendo una alta participación del 18,05% en comparación al mundo (AIE). Un aspecto que cabe considerar en la incorporación de energías renovables no convencionales a la matriz energética es la disminución del costo nivelado de la energía.

Según estudios de “Bloomberg New Energy Finance” (BNEF), existe evidencia de que el costo nivelado de las energías renovables no convencionales va en descenso, esto se traduce en que la capacidad instalada aumenta incluso si se mantienen los mismos niveles de inversión. El Consejo Asesor de BNEF, ha dicho en el último tiempo que la baja de los costos mediante el análisis de curvas de aprendizaje, y presume que esta tendencia seguirá en el tiempo gracias a un entendimiento cada vez mayor del proceso de fabricación de tecnologías de energías renovables.

Otro factor que contribuye a la disminución de los costos nivelados de la electricidad es la fuerte demanda de tecnologías para la generación de energías renovables que han experimentado las industrias de Alemania y China, lo cual ha llevado a aumentar la capacidad de producción y a optimizar los costos de la cadena de valor en la fabricación de equipos de energías renovables, transformando a estas tecnologías cada vez más competitivas y atractivas para los inversionistas del sector energético.

En América del Sur se observa que la energía eólica cuesta en promedio $0,06Kwh y la energía solar fotovoltaica $0,13Kwh en 2017. Un caso sorprendente de bajos costos
nivelados de electricidad es el de Chile, cuyas subastas de granjas fotovoltaicas han llegado a $0,05Kwh (“Bloomberg New Energy Finance”)

Eficiencia energética

La eficiencia energética es otro de los aspectos abordados en las metas 2030 para el desarrollo sostenible. Para monitorear la eficiencia en el uso de la energía se ha establecido el indicador de intensidad energética primaria; es decir, el total de energía necesaria para producir una unidad de PIB.
América Latina y el Caribe cuenta con los mejores índices de intensidad energética en el mundo, pero a su vez con las más bajas tasas de mejoramiento: 0,45% anualizado. Entre 1990 y 2015, la intensidad energética decreció, pasando de 98,82 en 1990 a 86,22 en 2019 (kgep / Mil USD 2011 PPA).
Es importante destacar que el mejoramiento de la eficiencia energética se debe al reemplazo de fuentes más eficientes como el gas. Cabe señalar que la electrificación también ha contribuido a mejorar los índices de eficiencia, ya que permite el uso de fuentes energéticas más eficientes y modernas en diversas tareas de los subsectores residenciales e industriales.

Este último sector mencionado ha contribuido sustancialmente a la reducción de la intensidad energética, dando cuenta de que los planes de eficiencia energética impuestos al sector han sido exitosos. El indicador ODS 7.3 propone duplicar la tasa de mejoría de la eficiencia energética respecto a los indicadores del año 2015. En este sentido, el alcance de la meta 2030 podrá ser cumplida acelerando las tasas de la disminución de la intensidad energética. Con todo, Mejorar la eficiencia requerirá esfuerzos
adicionales a los que se han venido realizando.

Una de las recomendaciones que hace el High-level Political Forum (HLPF) en referencia a la intensidad energética, es poner énfasis a que las estrategias para mejorar la eficiencia energética no comprometan el desarrollo económico ni perjudiquen la vida de las personas.

Con relación a la variación de la intensidad energética, se observa que, durante los años 2012, 2013 y 2014 se han ralentizado las tasas de variación; sin embargo, en 2015 vuelve a disminuir la intensidad por sobre el 2%. Las cifras en negativo representan una mejora y las cifras en positivo representan un retroceso en la disminución de la intensidad energética.

Tendencias subregionales

La región está conformada por subregiones y la organización territorial en este capítulo se realiza acorde a la División de Estadísticas de Naciones Unidas y se abordan indicadores desde la perspectiva subregional dado que los países que comprenden estas subregiones presentan homogeneidades de densidad poblacional, producto interno bruto y recursos energéticos, de esta manera, los análisis relacionales de países frente a datos subregionales resultan comparativamente prudentes,exceptuando México, el cual es comparable frente a la visión regional.

CEPAL

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