Colombia – EEUU: poner fin al entrenamiento en la Escuela de las Américas – Por Pablo Ruiz

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Colombia – EEUU: poner fin al entrenamiento en la Escuela de las Américas

Pablo Ruiz*

La militarización en América Latina es una realidad que tiene muchos rostros y no sólo se refiere al aumento en la compra de material bélico.

No sólo hay que detener la compra de más armamento militar y policial sino también hay que terminar con el entrenamiento que inyecta la ideología del enemigo interno, de la Doctrina de la Seguridad Nacional, de la guerra y la represión como solución a los conflictos.

A lo anterior, sin duda, las políticas de Estado deben orientarse a trabajar para terminar con las raíces de fondo que encierran los conflictos sociales que son generados por el sistema neoliberal que es el responsable de la pobreza, de la exclusión, de la desigualdad estructural, de todo tipo de saqueo, de la destrucción de la naturaleza y de nuestros bienes comunes.

Desde Chile, y seguramente desde muchos lugares del mundo, seguimos con atención la entrega del Informe final de la Comisión de la Verdad de Colombia presidida por el sacerdote jesuita Francisco de Roux.

Es importante mencionar que dentro de los hallazgos que aparecen en el Informe Final de la Comisión de la Verdad de Colombia se establece que la relación con EE.UU. ha sido muy importante y ha incidido negativamente en el conflicto armado. Los hechos, confirman esa verdad. Colombia es uno de los lugares más peligrosos del mundo para las y los defensores de derechos humanos.

El Informe Final (1) de la Comisión de la Verdad señala textualmente que:

«Las relaciones internacionales con Estados Unidos han sido fundamentales en la construcción del modelo de seguridad imperante en Colombia hasta hoy”.

“Colombia ha aceptado el marco discursivo que ha planteado el gobierno de Estados Unidos desde la década de 1950: primero, la guerra contra el comunismo; segundo, la guerra contra las drogas, y tercero, la guerra contra el terrorismo”.

“Los modelos contrainsurgente, antidrogas y antiterrorista han resultado funcionales a una mentalidad que se ha dirigido a la guerra, no a la apertura política y democrática ni a las reformas sociales…».

El informe indica cinco aspectos centrales de esta injerencia negociada:

  • “La doctrina contrainsurgente que ha tenido como centro la construcción de la idea del enemigo interno”.
  • “La privatización de la seguridad, primero recomendando la creación de grupos paramilitares y, luego, en menor medida, con el uso de compañías militares y de seguridad privada en el marco de la cooperación binacional”.
  • “La focalización de recursos para protección de intereses económicos de compañías multinacionales”.
  • “Los recursos y prioridades claras para combatir a las guerrillas, pero escasos contra el paramilitarismo”.
  • “La materialización de la asistencia militar en formación, armamento, recursos financieros y equipamiento, acompañada de metas y resultados esperados que, en la práctica, llevaron a cometer violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH. Esta asistencia tuvo una escasa fiscalización, tan solo algunas rendiciones de cuentas en el Congreso estadounidense».

El informe referido, indica que «en este contexto se reestructuró la fuerza pública, sus integrantes recibieron entrenamiento militar en la Escuela de las Américas y en bases militares estadounidenses, se ajustaron los manuales y reglamentos militares y de policía y se desarrolló la inteligencia contrainsurgente. Así mismo, se profundizó la militarización de la Policía”.

¿Qué es la Escuela de las Américas?

Para quienes no conozcan, la Escuela de las Américas es una academia militar del Ejército de los EE.UU. y fue fundada en 1946 en Panamá. Inicialmente se le conoció como Centro de Adiestramiento Latinoamericano del Ejército de los EE.UU.

En 1963 fue que adoptó el nombre propiamente tal de Escuela de las Américas (SOA o School of Americas, en inglés).

En 1984, por los Tratados Torrijos-Carter, tuvo que abandonar Panamá y se trasladó al Fuerte Benning, en Georgia, EE.UU., donde sigue operando.

Vale recordar que el presidente panameño Jorge Illueca describió a la Escuela de las Américas como «la base más grande para la desestabilización en América Latina».

En 1996 se conocieron públicamente los manuales de entrenamiento (2) que eran utilizados en la Escuela de las Américas del Ejército de los EE.UU. sobre contrainsurgencia, operaciones psicológicas, terrorismo, entre otros.

El diario The New York Times señaló entonces que “un manual de capacitación publicado por el Pentágono recomendaba técnicas de interrogatorio como la tortura, la ejecución, el chantaje y el arresto de los familiares de los interrogados” (3).

Muchos de los peores violadores de los derechos humanos de América Latina se han formado en esta academia militar y han seguido practicando y transmitiendo a otras generaciones las lecciones militares aprendidas en los Estados Unidos.

En enero de 2001, por las protestas y la mala reputación de la Escuela de las Américas, esta pasó a llamarse Instituto de Cooperación y Seguridad del Hemisferio Occidental (WHINSEC, en sus siglas inglés).

Ese es su nombre actualmente y siguen dando entrenamiento a tropas de Colombia, de América Latina y el Caribe. Algunos piensan que se cerró pero simplemente fue un cambio de letrero, un cambio de nombre.

En octubre de 2020, SOA Watch en conjunto con FOR Peace Presence y con el Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina «Óscar Romero» (SICSAL) presentó ante la Comisión de la Verdad de Colombia, el informe titulado “Desde el Inicio y hasta el Final: Estados Unidos en el Conflicto Armado Colombiano” (4).

Colombia es, históricamente, el país número uno que hace más envíos de tropas a la Escuela de las Américas, ahora llamada WHINSEC, como también a otros centros de entrenamiento en los Estados Unidos.

Pero también, viajan instructores estadounidenses a Colombia como a diversos países del continente para dar entrenamiento militar.

Desde la fundación de la SOA, a la fecha, se calcula que más de 19.000 militares y policías colombianos han sido entrenados por la Escuela de las Américas – WHINSEC.

Entre 1999 y 2018, Estados Unidos dio capacitación militar a más de 110.000 efectivos de Colombia en diversos centros de entrenamiento militar.

El año 2021, se entrenaron 687 tropas colombianas en la SOA-WHINSEC (5).

Varios generales y militares involucrados en los casos de “falsos positivos” en Colombia han recibido entrenamiento en la Escuela de las Américas. Los que lideraron el golpe de Estado en Honduras, el 2009, contra el presidente Manuel Zelaya, fueron entrenados en la Escuela de las Américas. Los militares que participaron en el golpe de Estado, el 2019, contra Evo Morales, en Bolivia, también fueron entrenados por EE.UU. Finalmente, varios de los mercenarios colombianos que asesinaron al presidente de Haití, Jovenel Moïse, fueron entrenados en la Escuela de las Américas.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad de Colombia recomienda, entre otros, (1):

“Al Gobierno Nacional y al Congreso de la República adoptar una nueva visión de seguridad para la construcción de paz, enmarcada en el enfoque de seguridad humana, que se centre en la protección de la vida de las personas y las comunidades sobre la base del respeto del principio de pluralismo democrático y del principio de la dignidad humana”.

“Al Gobierno Nacional y al Congreso de la República, en caso de tratados internacionales, someter los acuerdos de cooperación internacional en materia militar a procedimientos de debate público y transparente en el que participe la ciudadanía y los organismos de control según sus competencias. En particular, se deberán someter a este debate aquellos que brinden inmunidad a agentes extranjeros sobre violaciones de derechos humanos e infracciones al DIH cometidos en Colombia”.

Es importante que el nuevo gobierno de Colombia, que será presidido por Gustavo Petro, revise las políticas de defensa, de seguridad, y de “cooperación” militar que se mantienen con los EE.UU., desde la subordinación, para que se camine para la construcción de una política nacional de defensa propia a favor de la paz y el respeto de los derechos humanos.

Entre otros, se debiera terminar con los envíos de tropas colombianas a la Escuela de las Américas – WHINSEC. Seguro hay otras escuelas donde los militares y la policía de Colombia, y de todo nuestro continente, pueden ser enviados para aprender lecciones de paz, resolución no violenta de conflictos, y derechos humanos.

Finalmente, en La Esperanza, Intibucá, en Honduras, el año 2008, conocí a Berta Cáceres, una gran compañera, lideresa social, que fue asesinada el 2016. Entre sus asesinos hay algunos que fueron graduados de la Escuela de las Américas.

La conocí en el marco del II Encuentro Hemisférico Frente a la Militarización y quiero terminar con un lema acuñado en esa reunión: “Para callar las armas, hablemos los pueblos”. Es la hora de ser escuchados y de comenzar a cambiar la historia.

*Ponencia presentada virtualmente al “Seminario Internacional: Desarme Integral en América Latina y el Caribe” realizado el 26 de Julio en Colombia

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