El reto que abre el gobierno del Pacto Histórico. Más y mejores luchas – Por Wilmar Harley Castillo

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Los conceptos vertidos en esta sección no reflejan necesariamente la línea editorial de NODAL. Consideramos importante que se conozcan porque contribuyen a tener una visión integral de la región.

El reto que abre el gobierno del Pacto Histórico. Más y mejores luchas

Por Wilmar Harley Castillo

Años de lucha y organización popular, con picos de alza como el vivido en el paro nacional de 2021, han parido el primer gobierno ‘progre’ en nuestro país, pese a la guerra integral desplegada por la oligarquía. Vivimos un giro que nos invita a revisar retos y vías para concretarlos.

Toda logro desenreda caminos y complica otros. Ambos hay que intentar asumirlos, pero para ello debemos agarrar la realidad entre nuestras manos, tratando de soltar (aclarar interrogantes) los nudos que así lo impiden. Las interrogantes las imagino como nudos de cabuya, difíciles de agarrar hebra por hebra para ablandarlos y luego soltarlos. Pese a su dificultad intento ablandarlos, para lo cual recojo agua de Mundos otros y pueblos en movimientos, libro de Raúl Zibechi. Humedad para desenredar lo que se nos viene con el reto abierto por el primer gobierno progre de nuestra historia.

El nombre del libro indica el campo de las interrogantes que me inquietan, igual a los que tienen en sus manos los movimientos sociales (MS), que ahora tienen en Francia Márquez un reflejo en el gobierno nacional. Como es obvio, su sola figura y papel específicos no bastan para cumplir nuestros anhelos como pueblos, por el contrario es una lucha conjunta.

Me humedezco más las manos y continúo en labor. Según el libro de marras, desde 2005 (periodo de la primera ola de gobiernos progres en Nuestra América) los MS nos movemos en dos escenarios principales.

El primero de ellos es el reposicionamiento del Estado a través de las violencias (estructural, directa y cultural) por medio de gobiernos (ultra)conservadores; el segundo escenario es la consolidación del modelo extractivista con la recolonización de los territorios y la exclusión de los pueblos, que para el caso colombiano tenemos bastante información que confirman estos dos escenarios.

Así que partiendo de este contexto, el autor referido expone entre los rasgos actuales de los MS el papel protagónico de las mujeres y de la juventud en el seno de las comunidades que se organizan, movilizan y territorializan. Según su análisis, el Trabajo Comunal es la práctica colectiva que acomoda entre los sujetos el carácter complementario entre la sociedad doméstica (hogar, familia, lo privado) y la sociedad política (el barrio, vereda, lo público) desdibujando poco a poco aquella tradición de actuar de una forma en la casa y otra diferente en la calle, estableciendo la emancipación en el dinámico campo de las relaciones sociales.

Es una dinámica con expresiones entre nosotros. ¿Cómo participan las mujeres y la juventud en esto? Por medio de la lucha anti-patriarcal que a través de experiencias en Nuestra América, como la del pueblo P´urhépecha por la protección de los montes comunales de mafias y también los casos donde desaparece el paso de la propiedad de la tierra entre miembros con el mismo apellido (del hombre), son las mujeres con sus hijas/os las que lideran los planes de protección, cuidado, mingas, reuniones, compartires comunitarios.

En todas las acciones donde participan las mujeres, le imprimen el sentido del abrazo, la contención, de incluir y cuidar al otro/a, de reconocer al otro/a, porque son madres, hermanas, hijas, abuelas y un largo etcétera difuminado entre el tejido comunitario establecido en un territorio, donde la naturaleza también es abrazada por este tipo de relacionamiento, ya que vela por el cuidado y protección de los bienes comunes.

Más acá, en nuestro territorio, una imagen a la mano: las Mamás Primera Línea que ayudaron a proteger las protestas de los ataques indiscriminados de la Policía. Recuerdo a las señoras que frenteaban las ollas comunitarias en Cali para que no hubiera hambre en los puntos de resistencia. Además, los videos en Twitter de las heroínas que abrían sus puertas para dejar entrar a los jóvenes perseguidos por las motorizadas de la Policía. También aquellas madres que esperaban con amor a sus hijos/as que regresaban al pueblo o vereda a continuar las clases universitarias a través del computador pero que en el Paro Nacional también fueron protagónicos en esos territorios junto a las organizaciones campesinas que en un solo grito se tomaron las avenidas.

Todo esto le sube la importancia al campo de la reproducción de la vida, según el autor, frente al campo de la producción (lucha y resistencia contra la acumulación del capital, explotación/expropiación de la plusvalía por parte de los ricos) en la lucha de clases hoy en día. Y precisa: “Estamos apenas en los primeros pasos de las reflexiones sobre cómo sería la política que nace en los espacios de la reproducción; ya que la emancipación siempre se ha reflexionado desde los espacios de la producción y la resistencia a la acumulación de capital, o sea desde la explotación y la apropiación de plusvalor por la clase propietaria de los medios de producción”.

Relacionado con lo anterior, en la cotidianidad y a nivel local de los sectores populares se acentúan este tipo de relacionamiento emancipador junto a los feminismos que en Nuestra América están naciendo desde diferentes sectores sociales con un alcance político tal que las reivindicaciones de estas compañeras están en la cotidianidad del continente. Podemos traer a colación el fallo de los jueces sobre la interrupción del embarazo a las 24 semanas, pero también la movilización de miles de ellas en apoyo al cambio de gobierno, como también su liderazgo en diversidad de luchas, sin quedar de lago las adelantadas como Primera línea.

El tejido va soltando nudos y así vamos aclarando ideas y proyectando figuras –objetivos y formas de concretarlos– por concretar entre todas y todos.

¿Sentido común comunitario vs. Institucionalidad propia?

Entre los alcances del Poder Popular (PP) está la creación de la institucionalidad contra-hegemónica, en las que se expresan las relaciones sociales-otras de las comunidades, esas instituciones propias hacen parte de los embriones de la sociedad-otra acorde a los intereses y valores de las comunidades, casi siempre esta sociedad-otra es anti-capitalista, pero esa es otra discusión.

Sobre las instituciones propias, en el libro en cuestión encontramos una reflexión que no debemos dejar de lado, pues ante esta construcción popular el autor antepone el “sentido común comunitario”, leamos: “Quiero decir que ese ‘mundo otro’ no existe, pero existe a la vez en la forma de prácticas más o menos extensas y permanentes. Estas prácticas tienen en ocasiones sus propias “instituciones no estatales”, como las juntas de buen gobierno en Chiapas, los cabildos en el Cauca, las “fogatas” en Cherán o las barricadas en Oaxaca (durante seis meses de 2006), las asambleas en las fábricas recuperadas y las más diversas formas de tomar decisiones y hacerlas cumplir en muchos territorios. Decir “instituciones” suena algo hueco, porque en realidad es el sentido común comunitario lo que se pone en juego en ese tipo de organizaciones”.

Esto nos lleva a coger otra hebra, y es la que nos facilita Fals Borda sobre las transformaciones radicales de la sociedad, jalando de la cual encontramos que el orden social lo conforman la normatividad, intereses, valores e institucionalidad. En la perspectiva que abarca toda la sociedad uno podría tomar esta referencia teórica para estudiar y transformar al orden social vigente, es decir, busquemos las transformaciones de los cuatro elementos expuestos por Fals Borda, pero al conocer también las reflexiones en el campo del PP de Zibechi, encontramos un conflicto entre la visión nacional, por así decirlo, y la visión localista. En esta segunda, me atrevo a decir que se basa en aquel “sentido común comunitario” que nace y vive en la cotidianidad, alimentado por la historia y cultura popular de las comunidades sin pretensión de alcanzar una contra-hegemonía nacional debido a las diferencias con otras comunidades, como es el caso de la sociedad pluri-cultural colombiana; se hablaría entonces de redes y nodos entre todo este universo histórico-cultural singulares de donde surgen rasgos particulares e identificables de una cultura popular nacional, imaginada como una colcha de retazos unidas por finos hilos comunes.

¿El sentido común comunitario es un concepto que no desembocará en una institucionalidad contra-hegemónica? O por el contrario ¿es un concepto que trae escondido una estructura diferente a la sociedad moderna-capitalista-patriarcal y colonial? Una disyuntiva aparente entre ambos caminos de construcción y transformación de la sociedad, pues el carácter de movimiento entre las comunidades y el objetivo estratégico de emancipación, son los motores que impiden la parálisis de un orden social, ya que la emancipación no es un estado alcanzado mecánicamente, ni mucho menos logrado cuando se transformen las relaciones de producción y cambien los propietarios de los medios de producción. Me inclinaría por la segunda pregunta del párrafo anterior, soñar no cuesta nada.

Al mirar las experiencias comunitarias de Nuestra América se hayan los ejemplos para identificar hacía dónde se dirige ese tejido social contra-hegemónico, desde las guardias campesinas, indígenas y cimarronas, hasta las cooperativas, sin olvidar la territorialización de las comunidades que se disputan el territorio con el capital. Esa es la clave de Zibechi, estar con las comunidades y sus procesos organizativos que llama “sociedades otras” para proponer otro concepto al de movimiento social, pues él ha explicado que este concepto nació en Estados Unidos para estudiar a las fuerzas sociales que exigían respuestas al Estado, por allá en los años 60’. Con los hilos en nuestras manos, ahora menos enredados –eso espero– nos queda el reto de seguir reflexionando con las comunidades para cualificar y ahondar las luchas, que según visualizo, es el reto principal en el periodo que asoma con el gobierno del Pacto Histórico.

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