¿A la Celac se le está subiendo la bilirrubina? – Por José Steinsleger

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¿A la Celac se le está subiendo la bilirrubina?

José Steinsleger*

Uno. ¿Qué hacen los jóvenes inquietos y conscientes, en épocas de confusión, anomia y catatonismo digital? No hay de otra: se refugian en la música, el arte, la poesía, el humor, el desenfado. Único modo de mantener encendida, por otras vías, la brasa que sus mayores llamaban revolución.

Dos. Tal era el clima en 1989-90: implosión del socialismo burocrático y disolución de la Rusia soviética; invasión yanqui en Panamá; monetarismo, depredación financiera y final concertado (¿?) del terrorismo de Estado en Chile; derrota electoral del sandinismo en Nicaragua: masacres populares y de candidatos presidenciales del pueblo en Colombia; relaciones carnales (sic) entre Argentina y Estados Unidos, etcétera. Un connotado tecnócrata mexicano calificaba a la pobreza de mito genial (sic), y otro que se alzó con la Presidencia tras un par de magnicidios, iba por la vida diciendo no traigo cash a los pedigüeños jodidos.

Tres. Razón de más para que las juventudes trataran de recuperar sus energías al compás, entre otros, de Juan Luis Guerra y los 4.40: ¡Ay, negra, mira búscate un catéter / E inyéctame tu amor como insulina […] Que me ha subido la bilirrubina / Ay, me sube la bilirrubina https://www.youtube.com/watch?v=McV4pBRb-Sg.

Cuatro. Incluso, un gran líder que se caracterizaba por el optimismo full time, cerró la primera cumbre de presidentes iberoamericanos de Guadalajara (julio de 1991), diciendo: Pudimos serlo todo, somos nada. ¿La épica de los metarrelatos quedaba atrás?

Cinco. Ni tanto, porque algo de café empezó a llover en el campo. En noviembre de 1991, en Tabasco, un ignoto político emprendió una marcha por la democracia; en febrero de 1992 un ignoto militar venezolano se alzó en Caracas contra un corrupto gobierno que presumía de socialdemócrata, y el primero de enero de 1994 la ciudad de San Cristóbal de las Casas amaneció ocupada por un ignoto ejército de guerrilleros indígenas.

Seis. Simultáneamente, 11 pobladas derrocaban a 11 presidentes que le habían dado la espalda a sus pueblos (1992-2003). Entonces, el escenario continental pegó una vuelta de campana, anunciando, premonitoriamente, que el siglo estaría marcado por los ingentes recursos que América Latina dispone, y el mundo demanda energía y alimentos.

Siete. En 1999, la revolución bolivariana encendió los motores, proyectándose al continente: a Cuba oxigenó con petróleo, rescató a Argentina del hoyo financiero y a todos planteó que ningún país podía salvarse solo. Bajo esta premisa, nació la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac, Playa del Carmen, México, febrero de 2010).

Ocho. Claro, no todo fue tejer, bordar o soplar botellas. Y sería tedioso abundar en los formidables obstáculos que la Celac tuvo desde el arranque. En todo caso, el rumbo quedó trazado: integración, cooperación, fraternidad, unidad en la diversidad. Por sobre todo, lo mero-mero principal: voluntad política y amplitud de miras.

Nueve. Fuera del interés puntual de las corporaciones estadunidenses y europeas, la Celac empieza a padecer de bilirrubina, proponiendo algo así como ser amigo de todos. Y algunos gobernantes recomiendan el modelo de la Unión Europea que, justamente, la guerra de Ucrania redujo a escombros.

Diez. En días pasados, el titular pro tempore de la Celac, Alberto Fernández, manifestó en el transcurso de un seminario del organismo en Buenos Aires: ojalá que los bloqueos de Cuba y Venezuela terminen pronto, y que los venezolanos vivan en democracia eligiendo libremente como ellos quieran (sic). Sin decir nada del avión venezolano y los 19 integrantes tripulantes secuestrados por la justicia de su país, a pedido de un tribunal estadunidense.

Once. Pocos días antes, en la OEA, alineándose con Estados Unidos, Argentina había condenado los abusos a los derechos humanos en Nicaragua, pidiendo la inmediata liberación de los presos políticos. ¿El bueno de Alberto olvidaba que su cargo en la Celac fue posible gracias al apoyo de Cuba, Venezuela y Nicaragua, o que la gran luchadora social Milagro Sala (encarcelada por la justicia de Mauricio Macri en enero de 2016) se convirtió en presa política de su gobierno por aquello de la división de poderes?

Doce. Un diputado chavista calificó al presidente argentino de pelele de Washington. Error. Más pertinente era decir que Alberto (quien debe su cargo a Cristina) es un personaje ajustado al aforismo del poeta Fernando Pessoa: nunca hace lo que se debe hacer hoy, porque siempre deja de hacerlo también mañana.

Trece. La próxima cumbre de la Celac tendrá lugar en la capital argentina. Ocasión idónea para que los presidentes de Cuba, Venezuela y Nicaragua (¡y con Lula presidente de Brasil!) se tomen la foto con los pilotos y técnicos del avión, que sigue oxidándose en el aeropuerto internacional de Ezeiza. ¿Unidad según cuál diversidad?

*Periodista y escritor argentino residente en México. Columnista de La Jornada de México.

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