Por qué América Latina desafió abiertamente a los Estados Unidos en la ONU

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Por José Galindo *

Condena al bloqueo contra Cuba y las sanciones económicas a Venezuela; solidaridad con el pueblo de Palestina; llamados para reformar el Concejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), así como para terminar con la guerra contra las drogas impulsada por los Estados Unidos; sin mencionar la denuncia a los innumerables hechos de injerencia de Washington en nuestra Región, fueron solo algunos de los puntos puestos sobre la mesa por una América Latina tan contradictoria como desafiante.

La Asamblea General de las Naciones Unidas es el principal espacio de este organismo en el que todos los Estados miembros pueden compartir sus criterios y preocupaciones sobre asuntos de importancia global, mediante un proceso de debate y votación que concluye con el pronunciamiento de una resolución con niveles variables de incidencia en los países que asisten al evento, sin dejar de ser relevante por ello. Es, en otras palabras, uno de los pocos espacios con cierto grado de democracia en el orden internacional.

El actual contexto mundial se caracteriza por la agudización del calentamiento global, las tensiones geopolíticas entre potencias económicas y militares, la profundización del hambre y la pobreza en varios continentes, entre muchos otros problemas que fueron abordados en los discursos de los mandatarios que asistieron a la cita en Nueva York, revelando algunos aspectos que merecen ser tratados en este artículo, entre los que destaca el reposicionamiento de la región latinoamericana y caribeña respecto al Norte Global.

Aunque todavía es difícil determinar con precisión cuál es el contenido de la nueva ola progresista que recorre el continente americano desde la posesión de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México a finales de 2018, es evidente que nos encontramos con gobiernos muy distintos a los que había desde 2015, caracterizados por un fuerte impulso reaccionario y una sumisión casi irreflexiva hacia los Estados Unidos. Si algo se puede rescatar de este último encuentro es justamente el cuestionamiento abierto y directo a los lineamientos emitidos desde Washington y a la forma en que funciona el planeta diseñado por ellos desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Nada de esto nos lleva a pensar que estemos frente a líderes radicales y rupturistas como algunos de la primera ola progresista, pero sin duda confirma que se trata de un movimiento desafiante y decidido a superar el neoliberalismo en algunos de sus bastiones más representativos.

Debe advertirse, empero, que existen no solo divergencias sino también abiertas contradicciones entre ciertos miembros de este segundo tiempo de las izquierdas en la Región, sobre todo en relación a temas como Venezuela, la guerra contra las drogas o conflictos internacionales como el que se da actualmente entre Rusia y Ucrania. Homólogamente, existen distancias, aunque en muchos casos sutiles, entre los gobiernos de la derecha y la centroderecha de América Latina, como lo ha demostrado el polémico jefe de Estado salvadoreño. No obstante, las coincidencias se imponen a las diferencias en el caso de los gobiernos progresistas, especialmente cuando se trata de denunciar políticas específicas de los Estados Unidos en el continente o el papel del Concejo de Seguridad de la ONU, que duramente fue criticado como pocas veces sucedió en su historia, en abierto desafío al poder de veto ejercido no pocas veces por la superpotencia del Norte.

Fuera de la Región, finalmente, las tensiones entre los Estados Unidos, Rusia y China han adquirido proporciones ya inocultables, a pesar de los aparentes llamados a la negociación hechos por Joe Biden, quien, por otra parte, no ha hecho más que continuar la embestida comercial en contra de la emergente economía del gigante del sudeste asiático, así como proporcionar armamento a Ucrania, respaldándola, además, con una serie de sanciones económicas en contra de Rusia que llevaron a Vladimir Putin a advertir con una escalada todavía mayor, que frene las provocaciones de Occidente.

Wang Yi, ministro de Relaciones Exteriores de la República Popular de China, mantuvo una posición moderada pero firme en su llamado a fortalecer un orden multilateral en el que los Estados Unidos ya no podrán disponer sobre el derecho soberano de otros Estados. Como se puede notar, se trató de evento lleno de tensiones.

Pero, volviendo a Latinoamérica, destacan las siguientes tendencias.

Respaldo a Cuba y Venezuela

Una decidida condena al bloqueo en contra del pueblo de Cuba y las sanciones económicas impuestas sobre Venezuela, expresada en los discursos de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México; Xiomara Castro, presidenta de Honduras; Sandra Manson, presidenta de Barbados; Alberto Fernández, presidente de Argentina; y Luis Arce, presidente de Bolivia, todos quienes pidieron, en el caso de Cuba, el levantamiento de las medidas arbitrariamente ejercidas por los Estados Unidos desde hace más de seis décadas y que, al decir del propio presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, constituyen “un acto de guerra en tiempos de paz”.

De igual manera, los primeros mandatarios de Bolivia, Barbados, Argentina, Honduras y Cuba demandaron la suspensión de las más de 700 medidas emitidas por Washington en contra del gobierno bolivariano de Venezuela, país que recién comienza a recuperarse de dichos actos de sabotaje económico a raíz de la subida del precio del petróleo provocada por la guerra ruso-ucraniana.

En ese sentido, llama la atención que el flamante presidente de Colombia, Gustavo Petro, no se haya referido al tema en su discurso, tal como tampoco lo hizo el presidente de Chile, Gabriel Boric, quien, de paso, se sumó al grupo de países que, en distinto grado, acusan al gobierno de Nicolás Maduro por supuestas violaciones a los Derechos Humanos que habrían provocado uno de los éxodos más grandes de las últimas décadas, dirigido hacia otros países de la Región. Tal postura resulta comprensible y hasta obvia para gobiernos como el de Guillermo Laso en Ecuador, o Jair Bolsonaro en Brasil, quienes, como era de esperar, se estrellaron contra el país bolivariano en sus correspondientes intervenciones, junto con Paraguay, a través de su presidente Mario Abdo Benítez.

Una voz minoritaria

Al respecto, cabe señalar que le tocó a la derecha ser la voz discordante en el conclave mundial en esta ocasión, al menos en lo que respecta a América Latina y el Caribe, en la cual es ahora claramente una minoría. Así, el común denominador de los discursos de Lasso, Benítez y Bolsonaro, fue su ataque directo a la izquierda del Hemisferio, sin muchos matices ni sutilezas: Lasso alertó sobre los peligros de caudillos populistas y autoritarios que tratan de excusar el fracaso de sus sociedades bajo el argumentos de supuestas asimetrías globales; asimismo, Abdo Benitez señaló que la demagogia populista trata de dirigir legítimos sentimientos de disconformidad hacia puertos no democráticos; mientras que Bolsonaro se limitó a defenestrar a la izquierda de su país, haciendo de su alocución un acto de campaña, esto a un par de semanas de las elecciones en las que su principal contendor, Inácio Lula da Silva, lo aventaja por casi 16 puntos porcentuales, y sin antes negar que la Amazonía esté siendo deforestada, a contracorriente de toda la información empírica existente al respecto. En todo caso, queda patente su apego al guión estadounidense elaborado en contra del progresismo regional, que se vale generalmente de la muletilla autoritaria como principal medio de descalificación.

Otro punto en el cual coincidieron los mandatarios de los tres países es el de seguir los lineamientos securitistas y punitivos de los Estados Unidos en relación a la lucha contra el narcotráfico, señalando el problema como uno de los principales retos del continente. Particularmente Ecuador, donde actualmente ha estallado una pandemia de violencia que ha cobrado decenas de muertos en algunas de sus cárceles, y que ocuparía el tercer lugar en el mundo en cuanto a la interdicción de cargamentos de cocaína. Paraguay, a su vez, apuntó hacia una restructuración del sistema financiero internacional para frenar el lavado de dinero proveniente del narcotráfico.

Interpelación a la injerencia yanqui

Pero el dato más destacable que se puede mencionar sobre la Región es el abierto cuestionamiento al vecino del Norte, pero no solo desde la izquierda o el progresismo, como se preveía, sino desde un gobierno de corte más conservador y de signo ideológico más que ambiguo. Nos referimos con ello, por supuesto, al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, cuyas palabras, si no se supiera su origen, podrían ser atribuidas a Nicolás Maduro o Daniel Ortega.

“El vecino rico no tiene autoridad de decir al vecino pobre que regrese al pasado, porque no puede pretender mandar en casa ajena. En segundo lugar, ese vecino pobre ya intentó seguir las órdenes del vecino rico y no le pudo haber ido peor. Y en tercer lugar, porque lo que está haciendo le está funcionando por primera vez”, fueron las palabras del presidente millenial en respuesta a las críticas que el Estado de Sitio que implementó en su país para desarticular a las maras y que ha provocado casi 78 muertes confirmadas en los penales y centros de detención, alertando a organismos de Derechos Humanos internacionales, aunque con un respaldo popular innegable y contundente.

En la misma línea se expresó la presidenta de Honduras, quien denunció los golpes de Estado y la desestabilización de los países latinoamericanos promovidos por potencias extranjeras, tal como ocurrió con su propio país tras el derrocamiento de Manuel Zelaya en 2009, con lo cual se dio inicio a un régimen de persecución que terminó con la vida de casi un centenar de personas, entre las que destacan figuras tan relevantes como Bertha Cáceres. Su denuncia se hizo concreta cuando denunció la complicidad de la Casa Blanca y la Organización de Estados Americanos (OEA) con el régimen de Orlando Hernández, hoy preso por narcotráfico en los Estados Unidos, cerrando su discurso con una afirmación desafiante: “Honduras no será más una República bananera”.

El fracaso de la guerra contra las drogas

Pero el cuestionamiento a los Estados Unidos no se limitó solamente a su inclinación intervencionista, sino también a una de sus principales políticas hacia Latinoamérica, considerada por algunos observadores como el principal eje de interacción con la Región: la guerra contra las drogas. En esta materia destacó la figura del presidente colombiano, quien en un emotivo discurso que comenzó con la frase de “vengo de un país de belleza ensangrentada” llegó a sentenciar que la guerra contra las drogas se ha vuelto un fracaso que no ha hecho más que criminalizar al campesino, mientras enriquece a negociantes que lucran con la muerte otros seres humanos.

En su alocución Petro igualmente señaló al capital como el principal promotor de las guerras por el petróleo, y llamó cambiar la deuda por la conservación al medio ambiente; no obstante, es el cuestionamiento a la política que ha hecho de Colombia, el principal socio estratégico de los Estados Unidos durante las últimas décadas, tal vez el giro más dramático de los últimos años la relación entre ambos países.

En igual dirección se planteó México, que calificó como un fracaso la guerra contra los narcóticos iniciada en el reaganato y que le ha costado a nación azteca, hasta el momento, más de medio millón de muertos en un enfrentamiento que no han hecho más que fortalecer a los carteles de la droga.

Un pulgar hacia abajo para el Concejo de Seguridad de la ONU

Para rematar, México no solo puso en tela de juicio la cruzada moral que los estadounidenses desataron en la Región en contra del vicio, sino también el propio funcionamiento del Concejo de Seguridad de la ONU, en cuyo seno casi siempre se ha impuesto Washington a través del ejercicio de un desmesurado poder de veto que comparten Rusia, China, Francia y el Reino Unido.

A raíz de ello, AMLO sugirió eliminar el derecho a veto del organismo, mientras que Barbados pidió ampliar el número de Estados miembros en el Concejo Permanente. Los llamados para reformar este órgano de las Naciones Unidas se dan debido a su fracaso para prevenir y terminar con la guerra entre Rusia y Ucrania.

Propuestas para superar la crisis civilizatoria de la humanidad desde Bolivia

Para finalizar, debe mencionarse la intervención boliviana, que sintetizó sin timidez la voluntad de los gobiernos latinoamericanos que comienzan a desmarcarse de Washington, sin quedarse solamente en la crítica, proponiendo declarar al mundo como una “zona de paz”, en el que los ingentes recursos destinados a la guerra sean utilizados para compensar económicamente a los países de la periferia mundial con los que el centro del mundo capitalista tiene una deuda histórica; así como el llamado a regionalizar la lucha contra las drogas desde un enfoque menos punitivo y más social, reafirmando la autonomía y la soberanía de los países, que deben ser apoyados en construir mejores sistemas de salud y seguridad social, con las particularidades de cada caso, incluyendo medidas especiales para Estados sin litoral, entre muchos otros planteamientos orientados a ofrecer alternativas realistas para superar lo que en el inicio de su discurso fue definido por el presidente Arce como “un momento de crisis múltiples y sistémicas del capitalismo y del mundo unipolar”.

Sin duda alguna, el 77vo periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas será recordado por los Estados Unidos como una de las más rebeldes de las últimas décadas.

* Cientista político.

La Época

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