Argentina | La comunidad LGBTIQ+ celebró la 31ª Marcha del Orgullo: “La deuda es con nosotres”

Fotos: Charly Diaz Azcue/Comunicación Senado
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Marcha del Orgullo LGBTIQ+: Que el odio esté en el clóset y el amor, en la calle

 

Por Nico Colfer

31 Marchas del Orgullo. Nada menos. 31 jornadas de visibilidad, de reclamos y cuerpos poseídos por la fiesta. La Marcha del Orgullo es nuestra Pascua, nuestra Navidad; un evento que acumula toda la gracia del Carnaval. El mundo se subvierte durante algunas horas en las que, de pronto, ninguno de nuestros deseos parece imposible y lo anormal es lo otro: la violencia heterosexista, el silencio cómplice y la mala educación. Es una fiesta, sí, porque en ella perdemos la vergüenza que nos han impuesto y montamos la danza como bandera de lucha y reivindicación política. Y este año fue la más numerosa. Según la organización hubo algo más de un millón de participantes.

¿Qué hubo entre la primera vez, cuando en 1992 un grupo de personas enmascaradas por miedo a ser reconocidas acompañaron a Carlos Jáuregui en esa plaza helada, y el acontecimiento masivo de ayer? ¿Qué pasó entre la discreción del “eso no me representa” y la osadía de pasar en tanga por delante de una cámara de televisión? ¿Qué motivó la transición del sueño a la memoria, el descalabro de tantos nombres y apellidos, la imaginación de cada vez más posibilidades de existencia?

“La deuda es con nosotres”

La Marcha del Orgullo LGBTIQ+ de Buenos Aires es un evento anual que se realiza desde 1992 para visibilizar los reclamos y las conquistas de la comunidad LGBTIQ+. A lo largo de la jornada, tienen lugar diferentes actividades que confluyen en el desplazamiento de las carrozas a través de Avenida de Mayo. Se marcha a esta altura del año para conmemorar el 1° de noviembre de 1967, fecha en que se formó Nuestro Mundo, agrupación LGBT pionera en la Argentina.

Las actividades de la jornada son coordinadas por la Comisión Organizadora de la Marcha del Orgullo (C.O.M.O), que está integrada por activistas independientes y más de 40 organizaciones que trabajan para promover y proteger la diversidad sexual. La C.O.M.O. funciona sobre la base del consenso; es decir, las decisiones son tomadas democráticamente por sus partes. Este año, decidieron que las consignas de la Marcha estuvieran nucleadas bajo el lema “La deuda es con nosotres”, con tres ejes principales: “Ley Integral Trans”, “Ley Antidiscriminatoria” y “¡Sí al Lenguaje Inclusivo!”.

Cada vez más

Más allá de la vigencia de conquistas legales como la Ley de Matrimonio Igualitario (N° 26.618), la Ley de Identidad de Género (N° 26.743) y la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans (N° 27.636), las manifestaciones de violencia y los discursos de odio siguen vigentes, y son más sonoros cuanto más apoyo recibe la derecha, en los medios de comunicación, las instituciones educativas y las familias.

Pese a eso, o en directa consecuencia, el trayecto que las carrozas hacen año tras año desde Plaza de Mayo hasta Congreso es acompañado por una cantidad creciente de maricas, travas, putes, tortilleras y un etcétera cada vez más abigarrado y fabuloso. El “+” que corona las siglas con las que mencionamos a nuestra comunidad es símbolo de una posibilidad inagotable de corporalidades, nombres y formas. Seguimos siendo una minoría ante el poder (porque el poder sigue siendo heterosexual y masculino) pero en las calles nos multiplicamos y ganamos fuerza. Hacemos realidad la peor pesadilla de los paquis: ni nos ocultamos ni tenemos miedo.

La de ayer fue la segunda Marcha del Orgullo post-pandemia. Al menos, post-COVID 19; entre nosotres sobrevuela aún el presagio de otra pandemia en ciernes: la de la viruela símica, cuya justa atención seguimos reclamándole al Gobierno. No obstante, libres ya de los barbijos y las precauciones que en 2021 resultaron tan desalentadoras, la participación activa creció ostenciblemente este año: más de un millón de personas. Una cifra histórica que corona los 30 años de orgullo.

¿Por qué seguir marchando?

A las 11 se inauguró en Plaza de Mayo la feria de emprendedorxs y activistas. Los puestos se ubicaron cerca del escenario “Nadia Echazú”, donde más tarde se presentaron Cazzu, Richi Star, Invisibl3s, Nikka Lorach y Lali Espósito.

Entre les feriantes, Lu y Juli de María Lenteja Libros, una librería con catálogo lesbo-trans-feminista, recordaron que “los motivos por los que seguimos marchando son muchísimos y muy diversos, pero todos unidos por un punto en común: nuestro derecho a existir en libertad”. “Marchamos por la resistencia de la cultura disidente, por todas las voces en el arte de quienes somos sistemáticamente atacades y acallades. Y, especialmente, marchamos por Tehuel de la Torre (el joven trans desaparecido desde marzo de 2021, en San Vicente, provincia de Buenos Aires) y toda la comunidad travesti-trans”.

En ese sentido se expresó también Marika Combativa, promotora territorial en género y Derechos Humanos, activista LGTBI y estudiante de psicología en la UBA: “Seguimos marchando por las leyes de reparación histórica para el colectivo trans-travesti, sobrevivientas y sobrevivientes de la dictadura cívico-militar y de la violencia institucional de los años posteriores. También por el pleno cumplimiento de la Ley de Identidad de Género, para que se reconozcan todas nuestras identidades, y por la plena implementación de una Ley de Educación Sexual Integral con perspectiva no binaria y no cis-sexista”. Enseguida agregó: “No me puedo olvidar de que también marchamos por las y los trabajadorxs sexuales, porque ‘siempre con las putas y nunca con la yuta’”.

En la Plaza fue muy visible el color violeta distintivo de Ciclo Positivo, asociación civil que trabaja por mejorar el acceso de las personas LGBTIQ+ a la salud y la educación de calidad. Matías Muñoz, su alma mater, declaró: “Marchamos porque todavía nos siguen cagando a trompadas en las calles y también en las escuelas. Marchamos por las pandemias que aún existen y nos matan, y también por las que vendrán”. Con la mirada puesta en el futuro, agregó: “Marchamos para que sean eternos los laureles que supimos conseguir”.

Primeras veces

A las 16 comenzó el desplazamiento de las carrozas hacia el Congreso. El bachillerato popular Mocha Celis estrenó su carroza propia. Para el poeta y filósofo gaita nihil, quien este año marchó “por primera vez como trolo trans”, que la Mocha tenga una carroza “significa que la educación y la política pueden ir de la mano con el festejo por nuestro orgullo TTNB (travesti trans no binarie), en una marcha que en sus primeros años dejaba a nuestra comunidad de lado”.

La Asociación Civil Mocha Celis, a través de Manu Mireles, marica migrante y persona trans no binaria, subrayó el hecho de que “la Marcha del Orgullo es un momento para disputar el sentido que la sociedad ha impuesto sobre nosotras, nosotres y nosotros al violentar y muchas veces criminalizar nuestras identidades. Es un momento también en el que reivindicamos la fiesta como hecho político, como una ocasión para la construcción colectiva y la lucha, de abrazo y de contención”.

Este año fue también el primero en que Vir del Mar, escritora cordobesa, participó de la Marcha en Buenos Aires. “Vine con mucha emoción y muchísimo vértigo. Me han dicho tantas cosas sobre este evento que no sabía bien qué esperar. Todo lo que veo, todo lo que siento hoy acá es más de lo que hubiera podido imaginarme”.

La danza loca

Fram Visconti es editor en De parado, “una editorial soñada por dos gays”. No frenó su danza cuando comentó: “Estoy marchando por mi presente, mi pasado y mi futuro. Y por el presente, pasado y futuro de mi comunidad”. Su movimiento hipnótico en dirección al escenario “Carlos Jáuregui”, en el Congreso, imitaba al de la Carroza Loca que, para Fram, “es un punto de encuentro y de baile de todas mis amigas”.

Las capitanas de esa misma carroza agregaron: “Nuestra Carroza Loca enlaza a maricas, tortas y travas hermanadas, bailando unidas como compinches y aliadas”. Es cierto lo que dicen, la evidencia nos rodea: somos un río de locas que fluye a cada lado del camión. “Las calles son nuestras, como es nuestra la posibilidad de no perder la alegría. Resistimos ante la idea prefijada de que merecemos el silencio y la tristeza”.

Las primeras carrozas desembocaron en el Congreso alrededor de las seis de la tarde, en sincronía casi perfecta con un atardecer color fuego. Seguimos bailando ahí, y estamos bailando todavía mientras se lee esta nota, y bailaremos después, el año que viene como cada año, con orgullo y para siempre.

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